Cuando no tener, no significa no dar

Cuando no tener, no significa no dar

Escrito en: ene 27, 2015

Camino de Luz Tanzania

Por Amaya Álvarez.

A Tanzania llegamos a pie. Los padres carmelitas keniatas nos dejaron en la frontera que cruzamos caminando para ser recibidos por los padres tanzanos.

Esos metros llenos de vendedores ambulantes en la zona franca fueron muy simbólicos ya que me sentí mucho más peregrina que cuando aterrizamos en un lugar. Además las fronteras de tierra siempre tienen otro sabor. Más llenas de viajeros y menos de turistas.

Cuando emprendimos ruta hacia Bunda, nuestro primer destino, en un principio no había casi diferencia en el paisaje, pero poco a poco Tanzania comenzó a desvelar su personalidad, enormes extensiones de naturaleza hasta donde te llega la vista con apenas algunas casas de adobe cerca de la carretera. Montañas, pero también llanuras extensas, no lo vemos pero estamos muy cerca del lago Victoria. No separo la cara de la ventana, en Kenia en muchos tramos del camino vimos cebras y otros animales, pero no tengo suerte, al menos eso creo entonces, Bunda resulta estar en el límite del parque Serengueti, lo que nos garantizó ver babuinos, búfalos y los atardeceres más bonitos del mundo.

Las Madres que nos esperaban nos atendieron con todo el primor del mundo y cada tarde en la hora de descanso pudimos ir al locutorio y hablar con las monjas del Camino, la gente que hemos conocido, la que conoceremos en los lugares que están por llegar, se convirtió en un momento muy familiar en el cual el Padre Jerome, estaba completamente en su salsa. Y yo lo sentí como una experiencia muy africana. Jerome contaba historias verdaderas pero con el tono de fábula, gesticulando muchísimo y con su blanquísima sonrisa perenne.

Aunque tengo que decir que tanto el Padre Marlon que nos recogió y coordinó todo nuestro viaje, como las monjas y muchos de los frailes que conocimos eran indios. Tanzania es una misión con una muy fuerte presencia India, pero como ellos mismos nos cuentan sobre el trabajo misionero, se trata de integrarse, conocer un lugar y participar del mismo, con lo cual ya y tras muchísimos años también son Tanzanos.

Esa parte Oeste de Tanzania es muy natural, muy muy bonita, la gente es amable y confiada, todo el mundo te habla, aunque no haya un idioma común se busca con gesto la manera de hacerse entender. Mi sensación fue la de que no existe recelo hacia el otro. Desde los niños pequeños, hasta sus abuelas. Y hablando de abuelas.

Iba caminando sola desde el monasterio hacia una iglesia, los demás me habían adelantado en el coche pero yo tenía algunas cosas que hacer. Y por el camino en un barrio muy humilde, mucha gente me miraba. Al no ser un lugar nada turístico imagino que estaban sorprendidos, al cabo de unos minutos estaba andando al mismo ritmo que una familia de varias mujeres, una abuela, una mujer con dos hijas con sus respectivas hijos, un niño que cargaba a su hermanito y dos bebitas que caminaban apresuradas para intentar mantener el ritmo con sus piernecitas. Nadie hablaba inglés. Nada. Pero enseguida me tomaron como parte del grupo. Les dije en todos los idiomas que conozco que iba a la iglesia. No me preguntes porqué, pero funcionó el portugués Egreja. O a lo mejor la suma de todo lo anterior. Encantadas me indicaron que iba por buen camino. Pocos minutos después ya una de las niñas estaba en mis brazos y la otra me cogía de la mano. Les señalé con gestos la tela con la que se visten, pero no me entendían, nada de nada, lo seguimos intentando entre risas un rato. Yo quería saber dónde podía comprar una tela así. Y ellas me hacían gestos, me tocaban, me pellizcaban… No me enteraba de nada. Al final, llegamos a la iglesia y la abuela se acercó a un joven que estaba allí y que pudo por fin traducir. Lo que quería era que la acompañase a su casa, quería regalarme una tela, la mujer no tenía zapatos. No pude acompañarla, empezaba la ceremonia, pero son eso minutos compartidos, esos gestos, ese acto de generosidad lo que sabes que se va a quedar contigo. Sé que ese recuerdo, esa media hora larga de camino va a ser imborrable.

Sin embargo y como siempre me voy del tema.  Creo que voy a tener que escribir un segundo blog sobre Tanzania, ya que se me ha quedado muchísimo en el tintero.

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