De San Antonio a Los Angeles: el valor de las personas

De San Antonio a Los Angeles: el valor de las personas

Escrito en: dic 15, 2014

L.A.-St.-Therese-Parish-Alhambra_029-1024x682Por Amaya Álvarez.

Primer gran susto, llevamos mes y medio de viaje y hasta ahora realmente no habíamos tenido ningún gran contratiempo, prácticamente ni siquiera retrasos en los vuelos, carreras muchas, pero siempre con el mejor resultado posible, tanto es así que me había confiado.

Hoy hemos llegado al aeropuerto con tiempo de sobra, para ello, tuvimos que levantarnos a las 4:30 de la mañana y estar en camino a las 5:00. Este dato es más que nada para dar una idea de lo somnolientos y ausentes que estábamos. Tras el check in, control de seguridad, nos sentamos ante la puerta de embarque cada uno en su música, su libro o la distracción que fuese, insisto, no son horas de estar dicharachero. A la hora de embarcar dicen por megafonía que debido a un control de seguridad vamos a tener un retraso, el primero pienso y sigo inmersa en mi libro. Según van pasando los minutos, me inquieto un poco, el avión está en el finger desde hace rato… raro, pienso. Pero cuando las soluciones no están a tu alcance, la mejor receta es la paciencia. Seguí leyendo. Entonces fue cuando nos informaron de que, por cuestiones de seguridad, se cancelaba el vuelo. Un segundo después la sala se había convertido en un alboroto de pasajeros, tarjeta de embarque en mano, que se arremolinaban en torno a la puerta de embarque y las dos asistentes que no daban abasto. Por suerte, dentro de la incoherente fila que formábamos, yo era la segunda.

A todo esto, no he contado que estábamos en San Antonio ( Tejas), un aeropuerto relativamente pequeño con muchas conexiones con Houston pero no tantas con el resto del país. Como era de suponer, me informa que el siguiente vuelo a Los Angeles es a las 18:00, que nos puede dar una plaza sin problemas, pero que le tengo que contestar rápido, ya que se iba a llenar muy pronto con el resto de pasajeros. ¿18:00? ¡Eso implica llegar a las 21:00! Tenemos una recepción y misa a las 12:00 del mediodía… ¡Imposible!

Me mira con cara de quién no puede hacer más y que si retraso mucho mi decisión puedo perder incluso esa opción.
Gran parte de la razón por la cual me escogieron a mi para esta peregrinación es mi experiencia en viajes. Le digo que no, le explico la situación, le pido que llame a otras compañías. ¿Quién más vuela a Los Angeles? Creo que en ese momento conectamos, porque me miró y mi cara debía ser bastante desesperada. Empezó a llamar a todas las compañías, ninguna tenía plaza, mientras al otro lado del mostrador su compañera iba llenando el vuelo de las 6:00 de la tarde con un pasajero tras otro. Empiezo a dudar, pero no, no puede ser, muchas personas nos están esperando, mucha gente ha puesto toda la ilusión en los preparativos de la que iba a ser la mayor celebración de Los Angeles. Miro a la chica, cuyo nombre desafortunadamente desconozco, y le digo, vía cualquier parte, aún es muy temprano como si tenemos que ir a Alaska y volver. ¿Qué vuelos están saliendo de este aeropuerto ahora? La chica empieza a teclear y mirar la pantalla como loca, levanta la mirada y a nuestra espalda un vuelo a Houston está embarcando. La veo teclear totalmente concentrada a una velocidad de vértigo. ¿Os importa separaros? Sólo tengo plaza para uno. Con uno basta, no es lo ideal pero con uno basta, alguien que pueda llevar el bastón. La chica sale del mostrador, me coge del brazo y me lleva a la puerta de embarque del vuelo de Houston, pero su propia compañera le dice que no, que es imposible, que el vuelo está cerrado que despegan en 10 minutos y que además tienen una sala lleva de gente del vuelo cancelado y se iba a convertir en una revuelta.

Frustradas regresamos a nuestro mostrador y mi amiga sigue tecleando a toda velocidad, me mira y me dice que se siente frustrada, le digo con el corazón en la mano que no se preocupe, que valoro muchísimo todo lo que está haciendo y que el mero hecho de intentarlo para mi significaba un montón. Me miró, volvió a salir de detrás de su contador, me cogió del brazo y me llevo a la puerta de enfrente a la del vuelo a Houston, ya no quedaba ningún pasajero, todos estaban dentro del avión. Delante de su compañera ocupó un ordenador y comenzó a teclear como loca. Un segundo después imprimió dos tarjetas de embarque, una para Houston y otra para los Ángeles, me las tendió y me dijo visiblemente emocionada. ¡Suerte!

La miré perpleja, cuando el agradecimiento es tan grande que toda palabra se te queda pequeña, musité gracias, y me dijo, sonriente, como quien entiende toda la situación: “Corre, yo me ocupo de tus compañeros”.

Llegué a Los Angeles, retrasaron una hora la misa, pero todo el mundo esperó y llegué a tiempo. Y fue una ceremonia preciosa pero, como siempre, lo que marcó la diferencia fueron las personas, que a pesar de ser día laborable y por la mañana, tenían la Iglesia repleta. Muchas habían venido desde lejos, conocí a una chica que había volado hasta allí. Las monjas de clausura de Alhambra habían obtenido un permiso especial para asistir, todo el mundo me decía, esto es algo muy grande, en los 12 años que llevo en esta parroquia jamás habían salido.

Y yo no dejaba de pensar en la chica de la que no sé el nombre que a pesar de desconocer la importancia que para algunas personas tenía que alguno de nosotros volase, hizo lo posible y lo imposible.
Y toda esta historia me lleva a pensar varias cosas, la primera es que, por primera vez, he sentido que de alguna manera he estado a la altura de las circunstancias, cuando la cosa se puso cuesta arriba no desesperé. Eso me hizo sentir bien.
La segunda cosa es que, cuando tu le haces un bien a alguien, un favor, algo que te puede costar más o menos trabajo pero que está en tu mano, nunca sabes cuanto se extiende dicho favor, a cuantas personas alcanza, tal vez sólo a una, con eso bastaría, pero tal vez a muchas. Solidaridad y altruismo que, en definitiva, no es más que amar al prójimo. Es muy grato ser testigo de situaciones así pero, ser partícipe, ser el receptor y poder trasladarlo a otras personas, me hizo sentir muy afortunada, más si cabe.

Qué me llevo de este viaje… hay muchas personas, muy buenas y solidarias, muchísimas pero rara vez destacan de manera pública. Se limitan a hacer la vida de las personas mejor de manera silenciosa, vuelvo a pensar en las misiones y en Sucumbios, vuelvo a pensar en las monjas por todo el mundo. Y me dan tantas ganas de continuar el viaje a ver que más me depara.

Si uno mira lo bueno, está ahí. A veces, no destaca entre tantas noticias negativas. Pero, a la derecha, a la izquierda, si uno se fija, siempre hay alguien haciendo lo posible por mejorar la vida de los demás. Mi más profundo respeto y agradecimiento a esas personas y a esa desconocida de la cual no sé el nombre, de San Antonio, Tejas. Gracias por meterme en ese avión y por inspirarme este blog.

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