Día 108

Día 108

Escrito en: feb 09, 2015

Amaya Alvarez Camino de Luz

Por Amaya Álvarez.

Hoy se cumplen 108 días desde que comenzamos el camino y supongo que, si los he contado, es por que hoy siento cierto grado de nostalgia. Estamos en Burkina Faso, en la capital con el nombre más exótico e impronunciable que uno pueda imaginar, Ouagadougou. Y estoy cansada, me duele la espalda, las carreteras, por lo general terribles, y los atascos están haciendo mella. El calor también nos tiene un poco bajos de energía, comunicarme con mi familia se me hace difícil con estas distancias y estas conexiones. Mientras menos lo consigo más lo deseo. Pero esencialmente creo que es la acumulación del cansancio, son muchos días. Sin embargo estoy muy bien de ánimo. Es una sensación rara y ambigua. Estoy muy contenta. Cansada y contenta.

Y no sé por qué, hoy, día 108 hago balance, hace tiempo que pasamos el ecuador del camino, tampoco estamos cambiando de continente, no estamos en ningún punto de inflexión, pero para mi hoy ha sido un poco un día de reflexión.

Hoy no he podido dejar de acordarme de una niña llamada Teresa por haber nacido el mismo día que Santa Teresa de Jesús. Estábamos en Altagracia, Argentina y ya había acabado la veneración y estábamos en el locutorio compartiendo los últimos minutos con las monjas, cuando un caballero nos pidió permiso para entrar, no habían llegado a tiempo a la veneración y le hacía mucha ilusión que su nieta Teresa pudiese ver la reliquia, además había nacido el mismo día que la Santa, no recuerdo ahora si tenía 8 o 9 años, tal vez 10, pero era una niña preciosa con ojos melancólicos y dulces. También venía su hermanito pequeño y nos pareció perfecto que compartieran ese momento con nosotros, así que abuelo y nietos pasaron al locutorio. Les dimos alguna galleta y Teresa miraba todo tímida y curiosa, le regalé una estampita y me abrazó. Y fue un abrazo muy verdadero, cuando pasó el tiempo habitual de un abrazo, la niña no se despegó de mi y continuó abrazada mucho rato, me rendí a sus bracitos y la abracé con todo mi corazón todo el tiempo que fue necesario. Que fue mucho rato. Después me regaló una sonrisa tímida como toda ella y se fueron, al irse el abuelo se giró y me susurró a modo de explicación que hacía poco había perdido a su madre. No puedo olvidarme de Teresa y de su abrazo. No puedo dejar de pensar que este camino esta marcando a muchas personas con ciertos momentos inusualmente intensos, la primera a mi. Otra cosa que me venía a la cabeza hoy es las muchas veces que nos han dicho que a raíz de la llegada de la reliquia, distintas comunidades, incluso otras ordenes y congregaciones, también diocesanos habían participado en la preparación y la celebración y que eso les había unido. Que esta visita era la excusa perfecta, el puente perfecto para iniciar un diálogo con personas con las que éste no había sido tan frecuente antes. El otro día un periodista me preguntaba que en qué se notaba la presencia de Santa Teresa en esta peregrinación, le respondí con anécdotas pero, en realidad, creo que estos caminos hacia el otro son su sello personal en todo esto.

Creo que esos momentos mágicos y especiales, como ese abrazo, se están produciendo para muchas personas a lo largo de este camino. Creo que mucha gente lo va a recordar de por vida, muchísima. Y creo que los muchos de los diálogos iniciados a raíz de nuestro paso van a perseverar dando hermosos e inesperados frutos. Y creo que eso le da todo el sentido a lo que hacemos.

Muchas veces nos preguntan ¿Cómo aguantáis? Yo he seguido este ritmo 4 días y no puedo más. Bueno… aguantamos porque lo que hacemos es extrañamente necesario. Porque sentimos lo que no vemos, los vínculos que nacen a nuestro alrededor, hacía uno mismo, hacía los demás y hacía Dios.

Así que hoy día 108 en el que hago balance, sonrío y me digo que esto es maravilloso, aunque tenga que confesar que hoy cuento los minutos que quedan hasta llegar a la cama.

¡Mañana mucho más! A por los 56 días restantes.

 

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