OLOR ESPECIAL

OLOR ESPECIAL

Escrito en: jun 01, 2015

SEVILLA-JAÉN.

Breve pero intensa fue nuestra visita a Sevilla. Llegamos corriendo a la placita donde descansa a la sombra el consulado francés. A pocos metros, se erige el monumento al trovador de la ciudad (el que mejor supo sacar provecho a la primavera del Guadiana). No hay demasiado tiempo para mecerse en el puente de Triana así que directos a la parroquia donde, entre callejoncitos y balcones, el convento de  “Las Teresas” espera la reliquia.

Tras una Misa donde el Padre David está especialmente inspirado y visiblemente emocionado, recogemos y nos despedimos de las carmelitas. No tuvimos tiempo de perdernos. Salmorejo y carretera tras dejar a Isak en Santa Justa dirección Madrid. Nos deja por un par de días lo que significa una generosa ración de kilómetros para mis enjutas espaldas.

Las tres horas de viaje pasan simpáticas gracias a las anécdotas históricas con las que el Padre David me va premiando. Ubicando los conventos fundados por la Santa, sus obras magistrales, su acercamiento y amistad con San Juan de la Cruz… Hay ocasión en este viaje, donde el “Al” de los pueblos está tan presente, para echar un vistazo a la actualidad de nuestro mundo. Sale el diálogo interreligioso. Lo tratamos, compartimos una misma visión a la hora de no poner a las distintas religiones enfrentadas a ver sobre qué concepto o bajo qué praxis se hacen concesiones sino unidas para dialogar con la “religión mundana”; estamentos que se erigen como baluartes del hombre desarraigado,  que “mutearon” a favor del “buenismo” en un afán de integración y consenso social (literatura de la recolección de votos) y que han recogido una profunda confusión entre pluralismo y multiculturalismo. No sé si Sartori y Bawer estarían orgullosos de la plática pero nos ayudó a decorar las fincas y desiertos.

Llegamos a Jaén. Nos recibe el Obispo de la Diócesis en la puerta principal de la catedral y los curiosos de la plaza más los feligreses que esperaban la llegada del cayado se agolpan dando palmas. Los medios agradecen el esfuerzo y nos prestan su material para completar la experiencia.

Don Ramón del Hoyo habla sobre “el bastón no como signo de poder,  sino de debilidad. De necesidad de Dios” y nos quedamos rumiando frente al viejo báculo en el que tantas veces se tuvo que apoyar Santa Teresa cuando veía que el mundo se le iba entre las manos.

Tras la procesión de la catedral al convento donde tuvo lugar la Misa Solemne, fuimos a cenar al seminario donde nos hospedamos. Durante la cena tuvimos frente a nosotros a un octogenario que conocía la Sierra de Cazorla al dedillo por sus más de 50 años de peregrinar. Nos advierte de las curvas hacia Beas de Segura, nuestro próximo destino. Nos recuerda la España de burro y barreño. Añora su juventud.

Invita a quien quiera escuchar a pasear antes de acostarnos por los dos “claustros”  del seminario. Yo en solitario me cuelo entre los huecos que deja la luna. Ahí, en las sombras que proyecta la luz más tibia, pongo los pensamientos a remojo. Y recuerdo, andariego yo, la frase de la monja que nos acomodó al llegar al seminario.  “Aquí llegaron a estar, eso dicen las hermanas, más de 400 seminaristas. Ahora ya solo quedan 10”. Y esta frase me generó más gratitud que incertidumbre por saber que sigue habiendo “locos” que siguen saltando hacia arriba, empeñándose en congelar su caída.

RICARDO MORALES JIMÉNEZ

sevilla

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