Domingo del Bautismo del Señor

Domingo del Bautismo del Señor

Escrito en: ene 11, 2015

valleta-bautismo-cristo1Lectura orante del Evangelio en clave teresiana: Marcos 1,7-11

“Sea siempre alabado el Señor que todo lo da. Amén” (Santa Teresa, Cp 2,30). .  

Detrás de mí viene el que puede más que yo. ‘Detrás de mí’, dice Juan Bautista. ‘Cabe mi’, le gusta decir a Teresa: ‘En veros cabe mí, he visto todos los bienes’ (V 22,6). Sea como sea, la presencia de Jesús lo es todo en la oración. Esta presencia, que embellece y da verdad a la oración, es don de Jesús: ‘Pónela de presto (el Señor al alma) junto cabe sí” (C 19,7). En la oración ejercitamos esta presencia de Jesús, con ‘pensamiento sosegado’, que nos rescata de nuestra conciencia aislada. No estamos solos: ‘Si os acostumbráis a traerle cabe vos y Él ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis –como dicen- echar de vos” (C 26,1). La oración es un encuentro con Jesús, que llena de alegría el corazón y la vida entera. El papa Francisco nos invita a ‘renovar ahora mismo el encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarnos encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso’ (EG 3). ’Mientras pudiereis no estéis sin tan buen amigo’ (C 26,1).

Él os bautizará con Espíritu Santo. Juan barruntó una nueva presencia del Espíritu en la tierra, vio una salida para la profunda crisis religiosa que vivía su pueblo, miró a los cielos cerrados y descubrió que se abría paso una esperanza. No estamos tan lejos de esa situación. En la oración acogemos el don del Espíritu, escuchamos su música callada, nos dejamos empapar y empujar por Él. Es hora de ser fieles al Espíritu. ¿Qué caminos nuevos nos está proponiendo? ¿Cómo quiere renovar la fe dormida? ¿Cómo desea tocar esas dudas que tanto nos cansan? Teresa nos da su luz: ‘Paréceme a mí que el Espíritu Santo debe ser el medianero entre el alma y Dios’ (Cp 5,5). ‘Me dijo el Señor: Mi Padre se deleita contigo y el Espíritu Santo te ama’ (R 13,1).

Llegó Jesús a que Juan lo bautizara. Jesús, el rostro humano de Dios, se pone a la fila con los pecadores, se abaja, se hace hermano. Teresa invita a recobrar un corazón contemplativo para leer asombrados esta historia de amor. ¡Qué grande es su humildad y dulzura! ‘Nunca se cansa de humillarse por nosotros’ (F 3,13). Puestos ante Jesús, con el corazón abierto, dejamos que nos mire. ‘Ya que os humilláis a Vos en juntaros con nosotros y haceros hermano de cosa tan baja’ (C 27,2). ‘¡Cuánto bien nos hace dejar que Él vuelva a tocar nuestra existencia!’ (Papa Francisco, EG 264). ‘Bendita sea su misericordia que tanto se quiere humillar’ (5M 4,3).

Se oyó una voz del cielo: ‘Tú eres mi hijo amado, mi predilecto’. El Espíritu nos hace esperar el amor. Estas palabras, que solo puede decir el Amor, responden a nuestras necesidades más profundas. ‘¡Oh amor fuerte de Dios!’ (Cp 3,4). Nuestra tristeza solo se cura con su infinito amor. ¡Amados, bendecidos en Jesús, llamados a vivir y comunicar el proyecto del Padre como una oferta de bondad para la humanidad! Nos dice Teresa: ‘Cuando lleguéis aquí (a descubrir este amor tan fuerte de Dios) os ruego que os detengáis un poco” (Cp 1,7), que “Amor saca amor” (V 22,14).

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