El Calor del Carmelo

El Calor del Carmelo

Escrito en: oct 30, 2014

blog-5-camino-de-luz-1024x682Acabamos de marcharnos de Brasil y el recibimiento en Asunción, Paraguay, ha sido excepcional. Nos regalaron unos sombreros y unos “abanicos” típicos para protegernos del calor: lo entendimos en cuanto salimos de la terminal del aeropuerto. El termómetro no baja de 30º ni por la noche, y roza los 40º casi todo el día. Sin embargo, siempre hay alguien cerca con un buen Tereré fresquito, una infusión típica de aquí, parecido al mate, pero helado.

La mayor sorpresa de nuevo es la gente maravillosa, dulce, hospitalaria. También la juventud de la población en general y de los Carmelitas en concreto. El grupo de postulantes, jovencísimos, muy numerosos y activos, nos prepararon una vigilia en la que entremezclaron música, danza, teatro, ballet y poesía. Tras la misa pudimos, junto a un numeroso grupo de fieles, disfrutar de un espectáculo lleno de corazón y talento. Para luego cenar en comunidad con todos los presentes que se quedaron, los frailes, los seglares y los jóvenes postulantes. Una fiesta en toda regla con muchas muestras de gastronomía Paraguaya, y Tereré, mucho Tereré.

La pasión con la que viven los aspirantes y postulantes su cercanía al Carmelo Descalzo es muy inspiradora, y lo cierto es que empiezo a entenderla. Vuelven una y otra vez al concepto de fraternidad, también de intimidad con Dios, y muy especialmente de estar en el lugar donde tienen que estar.

Uno en la vida a veces no sabe cuál es su lugar, al menos en mi caso ha sido así casi siempre, y las dudas ¿Estaré haciéndolo bien? ¿Mal? ¿Es este mi camino? La nota común en todas las personas que nos cruzamos es la claridad y seguridad de estar donde deben. No sin dificultades, pero sí con certezas que les ayudan a superarlas.

Es cierto que no estoy contando mucho de los lugares por los que pasamos. No estoy contando mucho de las aventuras en aeropuertos,  carreteras y caminos, que las hay, y muchas. Pero esto es por un razón clara: estas vivencias palidecen cuando se comparan con la gente.  Son lo que está dando verdadera riqueza y color a esta peregrinación.

Pero haré un esfuerzo en los próximos días, lo prometo, para contar más aventurillas y ponerme menos sentimental, aunque no sé si lo conseguiré.

Desde aquí una y otra vez gracias a los frailes y a los provinciales, monjas y seglares, por acogernos de la manera que lo hacen. Ese es el verdadero calor que sentimos, no el del termómetro.

Amaya Álvarez

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