El camino de la música

El camino de la música

Escrito en: feb 02, 2015

Camino Luz Madagascar

Por Amaya Álvarez.

Hemos volado hacía el oeste de África y aterrizado en Costa de Marfil, y lo primero que me llama la atención es la sensación de estar en un espacio menos alterado por la mano del hombre que en los países que hemos visitado con anterioridad. La ciudad es grande y sin embargo al estar rodeada del mar, marismas y selva da la sensación de estar enclavada en un medio natural aún muy virgen. Aunque lo cierto es que nuestra visita fue muy breve. No he podido ver mucho, es sólo una sensación.

La parte africana de esta peregrinación me está pareciendo alucinante, increíbles los coros de decenas de personas con infinidad de tambores cada uno con su nombre particular que yo, por supuesto, desconozco. Nos ha ocurrido en varias de las misas que existen dos o más coros, uno para las canciones religiosas mucho más lírico y parecido a lo que estoy acostumbrada oír y otro de tintes más locales, con ritmos y canciones africanas que toda la iglesia canta al unísono mientras bailan. Puro ritmo. La música es una parte esencial de la liturgia.

La alegría general y los gritos de júbilo durante las misas me parecen fascinantes. Esa naturalidad arrolladora de cada persona. Sin embargo las carreteras, salvo excepciones, son terribles y los atascos pueden ser eternos. Llegar de un lugar a otro puede transformarse en una odisea y nosotros no dejamos de movernos.

La alegría alrededor ayuda muchísimo a estas pequeñas dificultades en el transporte, y aquí no hace falta buscarla, esta en todas partes, desde que uno sale de la habitación a desayunar, hasta la última persona que da la buenas noches. Hay muchas maneras de sentirse bien recibido, hay mucho detalles, desde tarjetas dibujadas a mano con nuestros nombres en la habitaciones, hasta las maravillosas comidas que nos suelen esperar. Pero hay una manera muy directa y sencilla de sentirse bienvenido y es cuando uno percibe la verdadera alegría en las miradas y palabras de la gente y esto lleva sucediéndonos desde el principio. Pero aquí como la gente se expresa de una manera tan directa… uno no puede evitar que le llegue hasta la médula.

La última celebración, una charla en la Parroquia de Gonzagueville, un barrio periférico de Abidjan, me ha dejado un sabor inolvidable. Cientos de personas con velas, los niños presentes en todas partes, la multitud de colores y peinados, y de nuevo la música. Al acabar la veneración, después de varias horas muy emotivas los miembros del coro estaban sudando copiosamente y visiblemente cansados. Al acabar ya todo, y empezar la gente a levantarse de la iglesia y marcharse, ellos seguían cantando la que sería la última canción, pero aún existía una energía en el ambiente, una fuerza que era imposible no percibir. Cuando acabó la canción y el director del coro se bajó del atrio, siguieron cantando, de manera improvisada pero aún con más fuerza, las personas ya marchándose dieron media vuelta y todo el mundo empezó a cantar, el coro empezó a mezclarse con la gente, todos bailaban y se repitió la misma canción durante varios minutos sin que nadie cesase de bailar o cantar. Ya se habían llevado la reliquia pero la gente se resistía a marcharse. Y esos minutos de total entrega y expresión de felicidad. Esa manera de celebrar, de unirse en un acto en el que se convirtieron en una sola voz y casi diría que un solo cuerpo. Todo el mundo era uno. Salvo yo, que estaba grabando con la cámara y eso fue lo que me mantuvo fuera de ese instante. Sí, cualquiera que me conozca lo sabe, hubiera dado lo que fuese por meterme en medio de ese barullo a bailar yo también. Aunque sólo presenciarlo ya fue una experiencia maravillosa.

Seguimos recorriendo este continente arrollador.

Y agradeciendo la oportunidad de hacerlo.

 

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