El centro y mitad

El centro y mitad

Escrito en: nov 28, 2014

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Por Amaya Álvarez.

Llegar a Quito en Ecuador, aunque vengas desde el aeropuerto, significa salvar montañas y valles que te van desvelando la ciudad desde miradores naturales. Es extensa, rodeada de volcanes. A pesar de llegar desde Medellín, muy próximo y cuya orografía es similar, da la sensación de llegar a un lugar muy diferente. Ya desde lejos, Quito rezuma personalidad propia.

El centro histórico, colonial, muy bien conservado y lleno de vida te hace comprender rápidamente porqué se trata de patrimonio cultural de la humanidad. Y las personas conscientes abrazan su cultura y la exponen con orgullo. Quito te da una sensación de viaje que no sé explicar. Sientes que estás en un lugar en el que puedes aprender mucho. Que es distinto y tiene mucho que darte.

Y realmente, esa primera intuición no era equivocada, ya el programa era netamente cultural, con interesantísimas conferencias vinculando Quito a Santa Teresa, a través de sus hermanos Lorenzo y Joaquín, pudimos entender la importancia de esta antigua colonia en la vida de la Santa y en el Carmelo. Esto merece un capítulo propio ya que es extenso y no quisiera equivocarme al recortar las palabras de ilustres historiadores.

Visitamos a las hermanas del Carmen Alto que con todo su patrimonio artístico han dado lugar a uno de los museos de referencia en la ciudad con piezas de increíble valor. Igualmente memorable el Monasterio del Carmen Bajo, que también tuvimos la oportunidad de ver.

Más sorpresas nos esperaban en esta ciudad, el recibimiento del presidente de la nación D. Rafael Correa, que se interesó por nuestro viaje y la reliquia, nos comentó que se le tiene mucho cariño a los Carmelitas descalzos en Ecuador, valorando el trabajo de muchísimos años en dicho país.

Ya al caer la noche pudimos vivir una procesión por el centro de la ciudad amenizada por un nutridísimo grupo de bailarines y animadores, también niños, músicos, actores… El centro de la cuidad se tiñó del color de los trajes, y velas cubiertas por celofán, que brillaban dando todo tipo de tonalidades a los rostros. Todos los asistentes a la solemne misa nos seguían, pero el grupo fue creciendo y creciendo con todos aquellos curiosos que nos cruzábamos por la calle. Al llegar a la plaza de San Francisco éramos varios cientos. La música y los bailes continuaron alegres ante nuestros ojos ¿Todo esto en un día? ¡Sí! Muy difícil condensar en palabras todo lo que nos brindó la ciudad.

Pero aún quedaba una visita que todos esperábamos, la Mitad del Mundo. Ese lugar donde nos encontramos en el punto 0º0’00” del planeta. Y quiero destacar dos cosas, la primera, como en Ecuador asemejan su situación geográfica con el alma, un simil muy bello en el cual desde la mitad del mundo hay que llegar al centro del alma. Otra cosa que me marcó de esta visita es que hay un monumento en el centro del mundo y una raya que dibuja el Ecuador en el suelo, puedes pisar con cada pie un hemisferio, y es muy divertido saltar de un lado a otro. Es un juego en el que todos caemos, pero lo que realmente me pareció llamativo fue el sol, que en momento dado estaba en un punto tan claramente por encima de nuestras cabezas, tan vertical que apenas teníamos sombra. Y de repente, mucho más allá de los monumentos o los trazados, del complejo turístico que nos rodeaba me sentí en pleno centro de la tierra alineada con el sol. Fue un colofón muy bonito a una visita genial. Aún nos quedaba mucho por ver en Ecuador, Sucumbios sin ir más lejos, pero eso me lo reservo para otro post.

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