El lugar de los nombres impronunciables

El lugar de los nombres impronunciables

Escrito en: feb 11, 2015

amaya alvarez burkina faso

Por Amaya Álvarez.

Burkina Faso es un país con uno de los PIB más bajos del mundo, mucha de su población activa cualificada se marcha a otros países en busca de mejorar su porvenir, lastrando aún más el desarrollo. Múltiples etnias con distintas costumbres y tradiciones conviven, con mayor o menor conflicto según las regiones. En la carretera ves poblados, iba a decir tradicionales, de adobe y paja, pero no son realmente tradicionales, son poblados sin más. Es la manera en la que vive la mayor parte de la población, que cultiva en la época de lluvias, de junio a octubre. Y que pastorea, según la tradición de sus ancestros. En cuanto sales de la ciudad entras en un espacio donde el tiempo a nuestros ojos se ha detenido, muy lejano, da la sensación y luego, pasa un niño con una camiseta ajada del Futbol club Barcelona que te vuelve a demostrar que el mundo está conectado aún en las formas más insospechadas.

Burkina es un país cuya fuerza y riqueza  humana es su mayor activo y, dentro de esta realidad, los padres Carmelitas desde Dedougou trabajan incansablemente desde hace 23 años. Trabajan en la educación y la cultura, tienen proyectos de granjas y huertos, bibliotecas, escuelas… Y trabajan desde la base, desde el tú a tú.

Le pedimos al Padre Francisco Javier Abril que nos llevara Oulani, que es un centro en la zona rural donde cada dos semanas se realizan eucaristías y hay peregrinaciones, encuentros… es un poco el centro de espiritualidad católica en una zona distante de grandes poblaciones. De camino atravesamos varios poblados y en todos ellos, saludaba a la gente amigablemente, como una persona que se ha pateado una y otra vez todos esos lugares. Unos kilómetros más adelante, nos pidió parar en casa de una feligresa que conocía desde hace años, que ya era demasiado mayor para ir a la iglesia y que, por lo tanto, a veces venía él a darle la eucaristía. Así conocí a una mujer de unos 80 años, matriarca de una enorme familia que vivía a su alrededor. Me dijo a través del padre que ya estaba débil y no tenía las fuerzas que quisiera, sin embargo, bastaba echar un vistazo a sus ojos para saber que tiene más fuerza y determinación que todos nosotros juntos. Después de unos minutos continuamos camino. Y yo me quedé pensando en el trabajo misionero. Nuevamente. Por que una cosa es pensarlo y teorizar, pero otra muy distinta es ver lo que supone renunciar a todas las comodidades que conocemos, para ir por esas carreteras polvorientas, con un calor extremo, parando en un lugar y en otro para compartir unas palabras y escuchar los problemas y dificultades de los demás día tras día tras día durante años. Y que luego te digan con toda la sinceridad del mundo, es muchísimo más lo que reciben que lo que dan.

La familia carmelita, como últimamente me gusta llamarla, es muy amplia con una base común, un carisma muy concreto siempre presente pero que se manifiesta de maneras muy diferentes a lo largo del mundo.

Aquí en Burkina es realmente impactante. Monjas y frailes que entregan su vida a Dios a través de entregarse a los demás.

El título de este blog viene de los lugares donde hemos estado y por los que hemos pasado que me siento incapaz de reproducir, pero cuyas imágenes, sonidos y sensaciones permanecerán con nosotros siempre. Seguro.

Si algo estoy aprendiendo es que a veces, aunque las cosas sean muy duras, no dejan de ser gratificantes. Mientras mayor es la renuncia y el esfuerzo más bonito es el resultado, tal vez. Salir de la comodidad te hace cambiar de referencias, ver tu vida desde otro punto de vista.

Gracias de nuevo por la oportunidad.

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