El placer de admirar las pequeñas cosas

El placer de admirar las pequeñas cosas

Escrito en: dic 22, 2014

IMG_3029-1024x682Por Amaya Álvarez.

La organización del paso de Camino de Luz en Taiwan fue impecable, realmente se tuvo cuidado de cada detalle y eso hizo que nuestra experiencia fuera maravillosa.

También fue el lugar donde nos recibió el mayor número de periodistas y la misa a la cual asistieron más personalidades, quiero tomarme un minuto para enumerarles, y así agradecerles desde aquí su asistencia y participación en este peregrinar nuestro con el Bastón Original de Santa teresa de Jesús:

Mr. Marcial Bobadilla Guillen, embajador de Paraguay; Mr. Alfredo Martiz Fuentes, embajador de Panamá; Mr. Richard R.C. Shih & Ms. Sofia, secretario general del Ministerio de Asuntos Exteriores; Ms. Teresa Chang, esposa del Director general Europa del Ministerio de Asuntos Exteriores; Mr. Chu-Shen Tu, embajador, y señora; Mr. Francisco Hwang, embajador, y señora; Mr. Chien-Jen Chen, Vicepresidente de la Academia Sinica, y señora; Ms. Nieves Yi-Wen Chiang, miembro de Yuan de Control; Ms. Chiara Petro, Directora de negocios de Italia; Ms. Angela Lin, Lifu Foundation; Mr. José Eugenio Borao Mateo, profesor en la NTU.

Así como agradecer también su presencia y participación a Monseñor John Hung San Chuan, Archiobispo de Taipei y presidente de la Conferencia Episcopal de Taiwan; Monseñor Paul Russell, encargado de los asuntos del Vaticano; Monseñor Peter Liu, Archiobispo de Kaohsiung (Sur de Taiwan) y Monseñor Ti-Kang, anterior Archiobispo de Taipei.

Por supuesto, a Borja Rengifo Llorens, Director general de la Cámara de Comercio española, por toda su inestimable colaboración para que nuestro paso por Taipei fuera un éxito.

Creo poder decir, sin temor a equivocarnos, que fue una celebración llena de solemnidad y sentimiento. Un muy hermoso tributo a nuestra Santa Madre. Con la iglesia a rebosar, a pesar de la lluvia, un coro magnífico, una presentación audiovisual que hermanaba todos los idiomas que allí se reunían. Fue fastuoso, y uno no puede más que quedarse asombrado por la perfecta organización y el respeto y cariño con que se celebró toda la ceremonia.

Bellísimo el momento en el que, cada uno de los presentes a la hora de acercarse a la reliquia, dejó una vela, que pronto fueron cientos y en el espacio de la inmensa iglesia, todo se centró en torno al Bastón de Santa Teresa. Para mi fue como un corazón encendido, que iba creciendo según se iban acercando más y más personas. De estar todas las velas prendidas, dispersas por todo el espacio, a unirse poco a poco en torno a Santa Teresa. Fue un símbolo bellísimo.

Sin embargo, no puedo dejar de mencionar esas cosas pequeñas, que tanto me emocionan. Mi visita a Taiwan queda marcada por conocer a tres excepcionales mujeres. Clara, Florence y Paula.

Todas ellas tan activas, vitales, cultas, organizadas, humildes y cálidas, que fueron realmente una inspiración y el motor de nuestro paso por la isla.

La primera de ellas, Clara, fue quien nos ayudó a organizar todo desde un principio, y fue inestimable con su buena disposición y su perfecto español. Siempre atenta a nuestras necesidades y siempre cerca de nuestras espaldas como un ángel de la guarda. Antes de saber que necesitábamos algo, ya aparecía Clara con ello anticipándose a todo. Pero especialmente su sonrisa y su manera sutil de jamás estar de más, si no todo lo contrario.

La segunda mujer que me marcó fue Florence, que asumió las riendas de nuestra visita y junto con la comunidad de Notre Damme de Vie, nos proporcionaron toda la infraestructura necesaria para nuestra estancia. Desde un principio nuestra correspondencia fue profusa, de nuevo, al igual que Clara, extraordinariamente atenta al detalle. Y con una mentalidad tan actual y moderna que me sorprendió al conocerla descubrir una mujer con canas. Nuevamente entiendo que tengo que desechar mis prejuicios.

La tercera mujer fue la Madre Paula, superiora del monasterio de Shenkeng. Lo primero por su alegría y su vitalidad, por apoyar nuestra llegada y recibirnos con tanto amor y alegría. Hay dos monasterios en Taipei, y pasamos allí menos de 48 horas, no daba tiempo a visitar ambos, la madre Paula decidió que se reunirían ambos monasterios en uno para que todas las monjas pudieran encontrarse con la Madre en la figura del Bastón. Luego me explicaba con los ojos chispeantes que no podría haber sido de otra manera y que se encontraba feliz con esta reunión. Esta mujer octogenaria, tiene una mirada, una risa y una memoria prodigiosa que fascinan. Pero, especialmente, una conciencia del mundo que no deja de sorprender. Hace más de 60 años que optó por la vida consagrada, y posee una sabiduría, un conocimiento del prójimo, los cambios sociales… No te deja indiferente. Sales de allí llena de preguntas. Te obliga a crecer.

Creo haber hablado ya del concepto de expandir el corazón, es algo que he oído en boca de muchas monjas y frailes. Como al iniciar su andadura en el Carmelo descalzo sienten como se va ensanchando su corazón para dar cabida a todo ese amor que brota, y que poco a poco he ido comprendiendo, según iban avanzando los días, semanas y meses en esta peregrinación. Pero no sólo es el corazón. La mente también se ensancha, necesariamente. Necesitas ampliar la mirada, ver mucho más allá. Esta experiencia es inabarcable de no ser así.

Pero volviendo a nuestra visita al monasterio de Shenkeng, no puedo explicar el recibimiento, los abrazos, las preguntas sobre anécdotas y lugares, las risas. Me asombra de este viaje la cantidad de momentos de humor, sin más.

Y es que no lo puedo evitar, se me ve el plumero por todas partes. Agradezco muchísimo, infinitamente a todas las autoridades que nos apoyan y permiten darle una difusión a este camino que de otra forma sería imposible. Agradezco enormemente el trabajo que hacen y que saquen tiempo en sus complicadísimas agendas para nosotros. Me encanta que puedan así conocer un poquito más a Santa Teresa. Pero… si, aquí viene el pero, quien realmente me enamora son esas mujeres que en un acto de generosidad y amor entregan su vida. Frailes y monjas, pero especialmente esas mujeres que rebosa amor y sabiduría, y que hoy han tomado forma de Clara, Florence y Paula, pero que no temo generalizar.

Afortunadamente, en Taiwan pudimos disfrutar de todo, desde un gran recibimiento, y celebraciones multitudinarias, pero también de esos pequeños momentos más íntimos y recogidos en los que puedes mirar a los ojos a las personas. Y me voy por ello con el corazón lleno de agradecimiento y con la sensación de haber puesto un granito de arena más en este camino de luz para todos.

 

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