Dejarse el alma en las manos de Dios haga lo que quisiere de ella, con el mayor descuido de su provecho que pudiere y mayor resignación a la voluntad de Dios. (M. IV, 3-6.)

Dejarse el alma en las manos de Dios haga lo que quisiere de ella, con el mayor descuido de su provecho que pudiere y mayor resignación a la voluntad de Dios. (M. IV, 3-6.)

Written in: Sep 04, 2014

Dejarse el alma en las manos de Dios haga lo que quisiere de ella, con el mayor descuido de su provecho que pudiere y mayor resignación a la voluntad de Dios. ​(M. IV, 3-6.)

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