Second Sunday of Lent

Second Sunday of Lent

Written in: Sea 01, 2015

Prayerful reading of the Gospel in Teresian key: Marcos 9,2-10

“Quien más le entiende más le ama y le alaba” (Life 37,2).

Jesús se transfiguró delante de ellos. También nosotros, como los discípulos, estamos a falta de un encuentro transfigurador con Jesús. Él lo sabe y nosotros lo intuimos al ver “la bajeza de un alma cuando no anda Dios siempre obrando en ella” (The 37,7). Cuando Jesús quiere, porque la iniciativa es suya, nos lleva al monte para tener una experiencia fuerte de su luz. There, descalzos de nuestra mentalidad, en silencio y soledad, abre nuestro corazón a su alegría. La luz que sale por todos sus poros nos toca y nos sana. "Oh my Lord, oh Rey mío! ¡Quien supiera ahora representar la majestad que tenéis!…Espanta mirar esta majestad; mas más me espanta, My Lord, mirar con ella vuestra humildad y el amor que mostráis a una como yo” (The 37,6). “De ver a Cristo me quedó imprimida su grandísima hermosura” (The 37,4).

Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: ‘Maestro, ¡qué bien se está aquí!’ Cuando el Señor se muestra, quedamos desconcertados. No sabemos lo que decimos, es el corazón, “con gran gozo interior” (The 38,11), el que habla. “Algunas veces desatina tanto el amor… todo me lo sufre el Señor. ¡Alabado sea tan buen Rey!" (The 37,9). El encuentro de Jesús, “hermosura que excede a todas las hermosuras” (F 8), nos “hace entender qué cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad” (The 40,3), nos libera de toda atadura extraña a nuestra vocación de hijos amados. “Después que vi la gran hermosura del Señor, no veía a nadie que en su comparación me pareciese bien ni me ocupase… con poner un poco los ojos en la imagen que tengo en mi alma, he quedado con tanta libertad” (The 37,4).

Salió una voz de la nube: ‘Este es mi Hijo amado; escuchadlo’. Acogemos con inmenso gozo este testimonio del Padre.Jesús es todo para nosotros. “¡Oh riqueza de los pobres!" (The 38,21). “Sea bendito por siempre, que tanto da y tan poco le doy yo. Porque ¿qué hace, My Lord, quien no se deshace toda por Vos? ¡Y qué de ello, qué de ello, qué de ello –y otras mil veces lo puedo decir-, me falta para esto!" (The 39,6). Escuchar a Jesús, ¡qué maravilla! “Ni hay saber ni manera de regalo que yo estime en nada, en comparación del que es oír sola una palabra dicha de aquella divina boca, cuánto más tantas” (The 37,4). “¡Oh Grandeza y Majestad mía! ¿Qué hacéis, Señor mío todopoderoso?" (The 40,4). ¿Cómo responder a tanto amor? “Comenzóme a crecer la afición de estar más tiempo con Él” (The 9,9).

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús. “Los ojos en Él” (The 35,14). Solo Jesús, solo con Jesús, icono bello del amor, dador de sentido, amigo y compañero en cuya fuente se renueva nuestra identidad. “Con mirar vuestra persona, se ve luego que es solo el que merecéis os llamen Señor” (The 37,6). “En todo se puede tratar y hablar con Vos como quisiéremos” (The 37,6). Y con Jesús, todos sus amigos, todos los pequeñitos de la tierra. Mirarle a Él, que va delante, nos alegra. Mirar a los pobres, nos acerca cada vez más a Jesús. Esta es la música que da alas a nuestros pies para anunciar la alegría del Evangelio: “Juntos andemos” (C 26,6).

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