El Éxtasis

El Éxtasis

Written in: Sea 30, 2015

By Amaya Álvarez

 

He decidido que tenía que escribir un nuevo post sobre Italia, ya que en el anterior sólo comenté la visita del Papa y este país significó mucho más.

Para empezar, fue un momento muy feliz de reencuentros: el Padre Antonio vino a Roma y allí estaban también el Padre Jerome y el Padre Julio, que viven allí. También nos acompañó el Vicario General, Emilio Martínez y el Padre Saverio Cannistrá, general de la Orden. Con lo cual nos juntamos, muy alegremente, para contar anécdotas sobre la ruta. Cada uno nos había acompañado un tramo diferente, y recordamos peculiaridades muy enriquecedoras.

Lo cierto, es que no paramos de hablar. Pero había que seguir el programa y Roma es un lugar maravilloso, la ciudad en sí misma es un museo. Hay edificios y restos arqueológicos por todas partes y de diferentes épocas, cuando creí que ya no podía haber más capas de historia dentro de una misma ciudad, nos mostraron las catacumbas de San Pancrazio. En Roma hasta el subsuelo oculta los secretos de cada una de las civilizaciones que han pasado por allí. Es fascinante y haría falta una vida para conocer todo lo que ofrece. La historia del Carmelo es inmensamente rica allí, pero la velocidad a la que viajamos casi nunca nos permite disfrutar de todo lo que hay por ver. Me quedo con la sensación de que tengo que volver. Roma es infinita.

Tampoco quiero dejar de lado nuestra visita a Liguria, brillante y volcada al mar, Genoa, Varese… Creo que me van a hacer falta muchas más entradas de blog para transmitirlo todo, pero lo que quiero contar es un momento personal que me llevo para mi, forever.

Desde que comenzó esta aventura, yo tenía mucha ilusión por cumplir un sueño: ver El Éxtasis de Santa Teresa de Bernini. Me cuesta expresar lo que significa esa estatua para mi, porque no son palabras sino emociones lo que me invaden. Es una obra de arte que me traspasa, de alguna manera se me mete dentro de mi. Yo soñaba con verla de verdad, in situ. Por esta razón, cuando llegamos a Santa María de la Victoria, corrí hacía la iglesia sin dejar las maletas.

Me habían advertido de que estaba en proceso de restauración, pero que seguía allí. Cuando fui a verla estaba cubierta por un andamio y varias capas de una tela verde. Y aunque desde algún ángulo se intuía un poco la parte inferior, no se veía nada realmente. Se me encogió el corazón en un puño, sólo un segundo, después pensé, ¡tendré que volver! Quise restarle importancia a mi decepción, pero en el fondo estaba muy triste.

Me quedé por allí un rato y uno de los frailes me dijo: “te quiero presentar a alguien”. Se trataba de uno de los restauradores, y me pidió que le siguiera. Me introdujo en el andamio, me permitió subir, y justo delante de El Éxtasis, a pocos centímetros de la mano del ángel que traspasa el corazón de santa teresa con su flecha ardiente, comenzó a explicarme las distintas técnicas utilizadas en la restauración: la talla, los detalles, el brillo de las ropas, la delicadeza de la mano que sujeta la tela, el rostro de Santa Teresa, la languidez viva de su cuerpo… Yo solo pensaba que esa escultura tan inequívocamente viva tenía que haber sido hecha en estado de gracia.

El brillo en los ojos de la mirada de mi interlocutor, completamente enamorado de la obra, me emocionó. Después me confesó que cuando recibió el encargo no pudo dormir en tres días de la emoción. Son momentos impagables. Yo estaba haciendo un esfuerzo por contener las lágrimas. Y es que a veces el agradecimiento no sabe por donde salir, si por la risa o por el llanto.

santamaria_dellavitoria

Por otra parte me gustaría hacer una mención especcial a todas esas personas que me dais las gracias por lo que hacemos. Yo siempre digo que no, que es al revés, somos nosotros los que tenemos que estar agradecidos. Gracias por acercaros con palabras de aliento, ánimo y cariño, por las oraciones, por los buenos deseos. Gracias por recogernos en los aeropuertos, darnos cobijo, alimentarnos, por los consejos y por las clases de historia. Gracias por las bromas, los chistes y las risas. Y gracias, gracias impronunciables, gracias que solo se pueden ver en la mirada. Desde lo más profundo del corazón os doy las gracias por los momentos únicos que nos brinda este Camino de Luz.

¡Continuamos en lo que ya sentimos como la recta final!

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