EL SALTO AL VACÍO

EL SALTO AL VACÍO

Written in: Jun 02, 2015

BEAS DE SEGURA-CARAVACA DE LA CRUZ.

La mañana abrasa y es el día que más nos cuesta ponernos en camino. Quizás porque el Padre David y yo, cada uno con su canción, paso una noche andaluza, buscando caldear el alma a luz de la catedral encendida. La boca todavía sabe a pipa y tabaco fresco cuando estamos en el coche rumbo a Beas de Segura.

Las curvas discurren con BSO radiofónica tras haber puesto al día el itinerario. “Tiene pinta de que hoy también va a haber un recibimiento especial”.

Y así es. Alcalde y prensa local nos abre el pleno del ayuntamiento para depositar el bastón. El acontecimiento es del suficiente calado como para sacar el libro de honor y estampar allí nuestras firmas. Aparecen otros dos frailes carmelitas descalzos, estadounidenses. La primera vez que veía el hábito pardo además del mi estimable custodio del bastón. El Padre Daniel y el Padre Jude Peters. Al verlos allí, manejándose con el español y con el aplomo de mil batallas como esas (sacados de las mismas cruzadas) en el escapulario, pienso en la particularidad de la iglesia. Dos frailes se achicharran a las faldas de Sierra de Cazorla a expensas de ver unos segundos el bastón de una venerable anciana. Con esto podría resucitar los anhelos del mismísimo José Luis Cuerda para hacer la segunda parte de “Amanece que no es poco”.

Los oficios trascurren con normalidad y tras twittear todo lo twitteable nos sentamos a tomar algo de caldereta de cordero y vino. Párroco, amigos sacerdotes, frailes carmelitas y un servidor. Pronto empieza el desfile de lenguas. El Padre Daniel, interlocutor oficial de la mesa con el camarero, me cuenta su experiencia de 37 años como carmelita. Su recorrido, su nueva aventura en Roma. El Padre Jude mira con algo de nostalgia. Su entrañable amigo no volverá a Wisconsin el próximo verano. Antes del poleo, uno de los sacerdotes nos narra la complicada historia de su sobrina. Monja de clausura que hace unas semanas tomó los votos permanentes ante los reproches de sus progenitores.

¿Qué salto de comba propone Jesús cuando sella los parpados a los ciegos y abre a los humildes de corazón hasta tal punto el alma? Joven, guapa, brillante… Iba a arrancar medicina o lo que sus padres quisieran pero con una sola condición. Tras terminar, monja de clausura.

Este tipo de experiencias son radicales. Son terremotos, no testimonios. No pueden dejar a nadie indiferente pues rompe con la lógica de este mundo. Y esto es fe.
Nos despedimos con abrazos y morriña. Es lugar para volver. Pero no en fechas como esas…

Las temidas curvas hacia Caravaca de la Cruz son sorteadas en el último momento gracias a las indicaciones de uno de los funcionarios y a la última actualización de nuestros GPS. Subir a Albacete para llegar por Calasparra.
Para ambos este viaje tiene un significado especial. For me, volver a casa. A la tierra de mis familiares maternos. Una región con una hermosura atrapada en los corazones y manos de las personas y en los plásticos de invernaderos. Para el Padre David, la reunión con un viejo amigo y maestro, el Padre Pascual; Prior durante su etapa de noviciado y responsable de la resurrección del monasterio fundado por Santa Teresa de Jesús.

Llegamos tres horas después de salir de la otra punta de la sierra. Cruzamos la famosa entrada al pueblo, custodiados por una hilera (solo una) de Castaños de Indias que señalan al convento. Y nos sentimos cómodos al saber que todo ocurrirá en el recinto del monasterio. Una extraordinaria hospedería, moderna y preparada para las exigencias de los bolsillos pobres de voluntad de nuestros tiempos.

Tras la Misa y la posterior adoración del cayado, llega una ruptura de rutina que agradecemos invitados y obligados. Recital de poesía de Paloma Gómez Borrero acompañada del Maestro Luis Santana, barítono excepcional, y el pianista Antonio López. Es pueblo Caravaca y la hora de la cena aprieta estómagos de madres y abuelas lo que genera algo de ruido y pérdidas de concentración palpables en la actuación. Pero los músicos también son pueblo. Y llaman la atención con cariño y el espectáculo continúa confirmando la impresión de los carvaqueños. “Pues que bien han dejado esto, oiga”.

Tras cenar al día siguiente, ya que el trabajo del anterior se comió cada espacio de reposo y disfrute, medito sobre lo vivido y sonrío al saber que volveré a esa misma habitación. Por necesidad de ir a visitar a ese pedacito recién descubierto de mí en mi propia tierra.

RICARDO MORALES JIMÉNEZ

 

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