Jesús Sánchez Adalid: “Teresa tuvo que demostrar su valía humana e intelectual y hubo de enfrentarse inagotablemente a los que dogmatizaban”

Jesús Sánchez Adalid: “Teresa tuvo que demostrar su valía humana e intelectual y hubo de enfrentarse inagotablemente a los que dogmatizaban”

Written in: Dec 29, 2014

jesus sanchez adalid

Last 3 de diciembre se presentó, en el Convento de la Santa en Ávila, el libro “Y de repente, Teresa "Jesus Sanchez Adalid. Os invitamos a leer esta entrevista con su autor.

"And suddenly, Teresa” es el título de la novela oficial del V Centenario, ¿cómo recibiste el encargo?

El padre Emilio José Martínez, vicario general de los Carmelitas Descalzos, se puso en contacto conmigo para ofrecerme la posibilidad de escribir una novela histórica que tuviera como protagonista a santa teresa de Jesús. En las primeras reuniones para preparar el V Centenario, les pareció que sería una buena manera de acercar a la santa a un lector de hoy, teniendo en cuenta que la novela histórica es un género muy demandado en estos tiempos. Consideré la petición como un honor y una gran oportunidad para colaborar en la celebración del nacimiento de alguien que ha estado muy presente siempre en mi vida: santa Teresa. Así que me puse manos a la obra.

¿Por qué este título y no otro?

Esta novela, aun teniendo a Santa Teresa como centro y personaje de fondo, no es una biografía, ni siquiera una historia novelada, es en realidad un relato que versa sobre de aquella España del siglo XVI, que no deja de sorprendernos y que, incluso, nos escandaliza mirada desde el presente, por sus desmesuras e intransigencias. And suddenly, Teresa, más que una simple narración de la peripecia de Santa Teresa de Jesús como sospechosa de alumbradismo para los inquisidores, es también una indagación sobre las distintas formas en que esos hechos fueron narrados en su momento, los cuales yo me he encontrado como de repente. Aquí nos vamos a encontrar a santa Teresa de manera inesperada, posiblemente en unas circunstancias que nos sorprenderán por ser nuevas y muy desconocidas.

Ha debido suponer un arduo trabajo de documentación. ¿Cómo lo viviste y cuánto duró? ¿Qué labores/textos recuerdas especialmente complicados?

El escritor de novelas históricas construye su ficción a partir de datos históricos. En esta correspondencia hay que ser consecuente con la objetivación: respetar las fuentes y suplir creando con sumo respeto lo que falta. Eso requiere ser claro a la hora de ir seleccionando la procedencia de las fuentes, cotejar unas con otras, incorporar la información sin fatigar y ser muy prudente a la hora de extraer conclusiones, no deformando el mensaje original. Todo ello sin olvidar, en ningún momento, que se está haciendo una ficción que debe resultar atractiva, que se debe apreciar “real”; que se siga en su lectura sintiendo que tiene lógica y que se cumple el principio de verosimilitud.

Yet, en esta novela, como en otras que he escrito anteriormente, no he pretendido presentar algo real. Mi intención no es contar la historia. Entre otras cosas, porque soy muy consciente de que solamente se puede llegar a la historia real de manera limitada, a través de los documentos, del uso de las evidencias y de los métodos de presentación propios de los historiadores. Y siempre teniendo en cuenta que los documentos que maneja la historiografía no son neutros, sino que fueron elaborados de acuerdo con filtros ideológicos y epistemológicos que ya seleccionaron en su momento lo que se consideró que debía ser contado. Nevertheless, no estoy de acuerdo con eso que hoy tanto se repite: que toda historia es ficción, y que la única forma de revelar el pasado es tratarlo como un producto narrativo, susceptible por lo tanto de ser recontado de cualquier forma. Preferiría decir, in return, que me parece esencial la distinción entre los acontecimientos acaecidos realmente y los hechos históricos que tienen carácter narrativo, i.e., los que fueron construidos por el que los refiere, ya sea un escritor o un historiador.

He sido, no obstante, muy respetuoso con lo que se conoce, con lo que está investigado, con los testimonios de la época. Ha sido, indeed, un arduo trabajo, pero apasionante…

¿Crees haber conseguido un buen equilibrio entre los datos históricos y la ficción propiamente dicha?

Esta novela ha supuesto para mí un intenso trabajo. Hasta ahora, el mayor esfuerzo de investigación y documentación que he hecho desde que empecé a escribir novelas. Indagar sobre Santa Teresa de Jesús es meterse en una complicación enorme; como ocurre con los grandes personajes que, además de contar en su biografía con acciones de gran categoría humana y social, nos han dejado sus escritos. En el caso que nos ocupa, se une a esto la ingente cantidad de documentación generada por historiadores, biógrafos, expertos, comentaristas, exégetas, etc. La tentación de especular sobre la gran masa que permanece sumergida resulta irresistible. Sólo quien conoce bien todo esto sabe que una historia tan apasionante y tan repetidamente narrada a lo largo de los siglos contiene flecos sueltos, indicios equívocos, casualidades, incoherencias, etc.; and, al final, cualquier intento de redundar en ella es como meterse en un puzle dificilísimo. Siempre existe el peligro de que la imaginación pueda echar a volar, formando teorías muy complejas y de todo tipo. De ahí que haya que proceder con sumo cuidado a la hora de valorar lo que dicen unos y otros.

¿Por qué crees que en su momento Santa Teresa no fue comprendida?

Aunque las acusaciones contra la madre Teresa y sus escritos eran infundada, constituyen hoy un hecho real que está ahí, que pertenece a la historia; y que durante mucho tiempo se quiso ocultar tal vez para no empañar la figura y la obra. En cambio, hoy día podemos presentar a una Teresa de Jesús más humana y realista, metida de lleno en las corrientes espirituales de su tiempo y teniendo que sufrir las consecuencias de aquella época. Otros grandes personajes también sufrieron aquellas consecuencias: recordemos a fray Luis de León y al arzobispo Carranza, que estuvieron en las cárceles de la Inquisición. Los inquisidores nunca se fiaron de ni de la obra fundadora ni de los escritos de Santa Teresa. In fact, ella temía constantemente ser delatada: «Iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban los tiempos recios y que podría ser me levantasen algo y fuesen a los inquisidores», escribe en El libro de la vida.

Los letrados, siempre varones, no sólo van a leer los escritos teresianos sino que los van a juzgar, revisar y, en su caso, mandar que sean destruidos. El padre Diego Yanguas, confessor of Santa Teresa, le ordena quemar su comentario sobre los pasajes del Cantar de los cantares de Salomón, leídos en las oraciones matinales de las Carmelitas; porque no se podía consentir una interpretación de la Sagrada Escritura hecha por mujer; y mucho menos tratándose de versos con cierto contenido erótico.Nos encontramos ante una mujer verdaderamente excepcional, dotada de una inteligencia despierta, de una voluntad intrépida y de un carácter abierto y expansivo. Su chispa y simpatía se ganaban a cuantos la trataban. Fray Luis de León nos dice de ella: «Nadie la conversó que no se perdiese por ella». P. Pedro de la Purificación escribió: «Una cosa me espantaba de la conversación de esta gloriosa madre, y es que, aunque estuviese hablando tres y cuatro horas, tenía tan suave conversación, tan altas palabras y la boca tan llena de alegría, que nunca cansaba y no había quien se pudiera despedir de ella». Semejante es el testimonio de la Hna. María de S. Joseph: «Daba gran contento mirarla y oírla, porque era muy apacible y graciosa». Se granjeó toda clase de relaciones y de amistades incondicionales: obispos, teólogos, grandes damas, noble, hidalgos, merchants, arrieros e incontables y anónimas gentes sencillas por toda la geografía que, de manera incansable, recorrió. Teresa repetía: «cuanto más santas, han de ser más conversables», «un Santo triste es un triste Santo», «un alma apretada no puede servir bien a Dios» and «Tristeza y melancolía, no las quiero en casa mía».

Pensemos que una manera de pensar y vivir como esta, en el siglo XVI, no estaba exenta de grandes dificultades y peligros. Muchos no admitían que las mujeres fueran letradas, que tuvieran una vida activa de relaciones personales y, mucho menos, que se dedicaran a escribir. La mujer era considerada como propiedad del padre o del esposo, y su función se limitaba al trabajo casero, ser madre y cuidar y satisfacer las necesidades sexuales del marido. Teresa tuvo que demostrar su valía humana e intelectual y hubo de enfrentarse inagotablemente a los que dogmatizaban.

¿Has sentido curiosidad por saber cómo han recibido tu obra los lectores?

Estoy muy contento con el resultado de esta novela y, hasta ahora, quienes van leyendo la novela me manifiestan su agrado, su sorpresa y su gratitud por el esfuerzo. Ese es el mejor premio…

 

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