“Me determiné a hacer eso poquito que era en mí”

Written in: Christmas 10, 2015

MONTSERRAT DE LA CRUZ OCD

Carmelitas de Villarrobledo (Albacete)

A MODO DE PRESENTACIÓN (Resumen del texto íntegro en catálogo)

Las palabras del título, son de la Madre Fundadora, en el primer capítulo de Way of Perfection, donde establece las bases fundantes de su carisma. She, lo vivió, lo hizo bien, therefore, lo supo expresar, y no solo eso, sino darle una frescura y una vigencia, que puede ser encarnada más allá de su propio tiempo histórico. Eso es lo que nos está diciendo a través del acercamiento que hemos tenido en estos años de preparación al Centenario de su nacimiento. Es otro tiempo el nuestro, igualmente en cambio, en crisis, con posibilidades pero también con «tentaciones» a quedarnos a medio camino, con lo sabido, con lo heredado, cerrados y defendiendo lo que vivimos y conocemos.

A Teresa, la crisis de crecimiento, el camino por conocer la verdad sobre ella misma, le duró la generosa entrega de más de veinte años de búsqueda, con noches activas, pasivas…, y con claridades misteriosas de «despidiente». No fue lo suyo enfermedad de alma, sino más bien -como todos sabemos– dolor existencial, por descubrir en ella, una realidad más plena, como respuesta a aquel DESPERTAR de cuando niña, en que le “quedó imprimido el camino de la verdad”.

Mi identidad contemplativa, venera a esta mujer, que en un ambiente rancio y regresivo, con los miedos que generaba en los espacios eclesiales la Contrarreforma, supo intuir su centro y buscar sus raíces. Pidió iluminación para algo que no se contemplaba. Compartió su experiencia, y encontró sospechas y recelos, juicios y miedos, de quienes solo aprobaban lo que previamente había pasado por sus laboratorios de moral o de teología. Pero ella sabía –como yo también lo sé– que somos místicos de nacimiento.

“No hallo yo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad, y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues él mismo dice que nos CRIÓ a su imagen y semejanza” (Génesis 1,26)…. “basta decir su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del alma” (Primeras Moradas 1,1).

Nuestra más profunda «naturaleza», es que Dios nos ha CRIADO. En expresión de la Santa Madre, es añadir a la creación, un elemento esencial de crecimiento y plenitud. Jesus, en el Evangelio, nos llama siempre a esa plenitud. Nos dice que no viene a abolir, a enfrentarse, con lo vivido o con lo establecido, viene a dar plenitud: “Cuando venga Él, el Espíritu de la VERDAD, os guiará hasta la verdad plena” (San Juan 16,12).

Una de las intervenciones más significativas para mí, del Papa Francisco, a los pocos días de su elección, fue la audiencia que tuvo con los periodistas de todo el mundo, para agradecerles su servicio informativo. Con un respeto lleno de calidez y humildad, les dijo que no les daba la bendición, porque sabía que muchos no eran creyentes, y algunos tampoco católicos, pero les recordó, que todos eran hijos de Dios. Cuando suceden acontecimientos así, el alma entra en comunión con la realidad mística que formamos todos los salvados por Jesucristo.

Cada persona es mística, una realidad oculta pero real, es la maravillosa referencia y similitud con Dios. Teresa, nos enseña, que la solución al problema que tenemos por resolver, nos dure, veinte, treinta o cuarenta años (por alcanzar un número bíblico…) es encontrarnos con nuestra interioridad, como la mejor respuesta a: ¿Quién soy yo? La definición de lo que soy, y el modo de estar en la vida.

Teresa me enseñó, que desde una fe sencilla en Cristo Jesús, y un compromiso con su Evangelio, se puede LIBERAR el misterio escondido en nosotros y en los demás.

El modo contemplativo no es solo para la oración, educa la vida para vivir el Evangelio:

[…] “determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo” (Las Constituciones 1,2).

Cuando nuestro Juan de la Cruz, nos muestra la metáfora de la casa sosegada, nos está señalando un objetivo a conseguir, somos casa de Dios, pero esa realidad nos supone un objetivo a alcanzar y un modo de aprender.

Y para terminar, volvemos a escuchar a la experiencia a través de la Doctora de la Iglesia:

[…] “tórnoos a certificar… que sacaréis gran ganancia… juntaos cabe este buen Maestro y muy determinadas a aprender lo que os enseña, y su Majestad hará que no dejéis de salir buenas discípulas… Mirad las palabras que dice aquella boca divina… luego el amor que os tiene, que no es pequeño bien y regalo del discípulo ver que su maestro le ama” (Las Constituciones 26,10).

Y no solo reducir esto a los tiempos de oración, es la persona entera en todos los contextos que la rodean, la que tiene que estar atenta a la ESCUCHA y a la RESPUESTA.

Facebook