“Maestra de la Luz”, Himno del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa

“Maestra de la Luz”, Himno del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa

Written in: Oct 15, 2014

stj escritora
Estribillo:
Teresa of Jesus, doctora de la Iglesia,
maestra de la luz, centella del amor,
enséñanos la senda por la que caminaste
con alma enamorada, buscando en ti al Señor
La oración es, Teresa, el atrio de tu casa
morada amurallada, palacio de interior,
refugio del humilde que aspira a las virtudes,
castillo de diamante o diáfano color.
La luz va iluminando, Teresa, tus sandalias
que van pisando el tiempo para una nueva edad
con fríos y con soles, con lluvias y con nieves,
con grande sed de viento y amor de libertad.
Estribillo:
(Teresa of Jesus, doctora de la Iglesia…)
Tu escritura, Teresa, que hiciste de rodillas,
tus sílabas en vuelo, tu verbo celestial,
son fuego que palpita, son llama de amor viva,
palabra que inaugura un canto universal.
Centellas de luz pura, Teresa, son tus ojos
absortos en la noche, prendidos del fulgor.
Reluce y se estremece tu alma que han tocado
los dedos del amado vistiéndola de amor.
Estribillo:
(Teresa of Jesus, doctora de la Iglesia…)
Carlos Aganzo

MAESTRA DE LA LUZ
El himno del Centenario está lleno de símbolos, imágenes, metáforas… Es como un jardín lleno de flores. Nos hemos detenido en algunas para contemplarlas y aspirar su perfume…
Maestra de la luz… enséñanos. Teresa of Jesus, don del Espíritu a la Iglesia, nos pertenece a todos. Hasta el final de su vida estuvo pidiendo ayuda a la Iglesia para caminar en la verdad delante de la misma Verdad. “¡Oh Señor, tomad en cuenta lo mucho que pasamos en este camino por falta de saber!" (4M 1,9). Teresa enseña porque siempre estuvo aprendiendo. Se dejó hacer por el Espíritu. Today, nosotros nos sentamos a su lado para descubrir el secreto que llevó en el hondón de su alma, para dejarnos iluminar por su luz. No podemos dar mayor alegría a la que decía: “Queda el deseo de vivir, si Él quiere, para servirle más… si puede ser parte que siquiera un alma le amase más y alabase por mi intercesión” (Relación 6). Teresa, necesitamos tu luz para caminar.
Teresa of Jesus. Ella es Teresa de Ávila, but, mainly, es Teresa de Jesús. No se entiende sin el contacto con su ciudad y sus gentes, con la Iglesia y sociedad de su tiempo. But, mainly, no se entiende sin su relación con Jesús. Quería salir a la plaza pública y “dar voces” para gritar esta verdad que le hacía vivir en plenitud. El fundamento de su vida es el encuentro con la humanidad de Jesús. Su alegría es estar con Él y que todos lo estén, la única razón de todo lo que hace y dice es Él. “Todas las demás verdades dependen de esta verdad, y todos los demás amores de este amor” (The 40,4). En cada página de sus escritos nos transmite su convicción de estar habitada por el Espíritu de Jesús. Jesús es la fuente de donde brota todo lo demás. Este es el deseo ardiente, que comparte con nosotros: “Mientras podáis, no estéis sin tan buen amigo” (CV 26,1). Somos amigos de Jesús, llamados a seguirle. Teresa, háblanos de Jesús, el amigo verdadero.
Castillo de diamante o diáfano color. Teresa comparte con nosotros su gran descubrimiento: la oración interior, como “trato de amistad con quien sabemos nos ama”. “Traer a Jesucristo presente” constituye toda su oración. Nuestra alma es luminosa. Somos como un diamante en bruto del que el joyero, a fuerza de cortar y pulir, saca mil reflejos de luz. Un santo, decía un niño, es como un cristal que nos regala toda su belleza cuando le atraviesa la luz del sol. Teresa nos invita a entrar en esta belleza. “Las cosas del alma siempre se han de considerar con plenitud y anchura y grandeza” (1M 2,8). Nuestra interioridad es puerta a la trascendencia, posibilidad de encuentro con Quien es más íntimo a nosotros que nuestra propia intimidad y nos hace ser. Estamos habitados por la Trinidad, sus huellas están dibujadas en nuestras entrañas. En nuestro castillo interior se abrazan los gozos y dolores del mundo; nada humano nos es ajeno. Entregarnos con fidelidad a la oración es ponernos a disposición del Espíritu Santo, para que haga en nosotros lo que Él quiera y reproduzca en nosotros el ser de Dios. Nuestra sentada silenciosa junto al Amigo nos abre a los intereses de Dios y nos empuja a salir a la calle para compartir con los pobres la compasión y la ternura, para mostrar, a todos, la caridad y la alegría de Dios. Teresa of Jesus, enséñanos a orar, enséñanos a acercarnos al que nos abraza con su amor y está en todo y a cada hora.
Pisando el tiempo para una nueva edad. Teresa de Jesús se sienta en un taburete de tres patas para compartir con sus hermanas, y con nosotros, su experiencia de amor, su camino de alma enamorada. Ésa es su cátedra, así ejerce su doctorado. Toda la formación de Teresa se puede resumir en esto: conocer el amor y responder al amor. Este es el mensaje que llevará, as founder, pisando los caminos. Lo hace con suavidad y sabiduría: “La cosa no está en pensar mucho sino en amar mucho” (F 5,2). No hay nueva edad ni tiempos nuevos sin amor. No hay experiencia de Dios ni experiencia de fraternidad sin amor. Mirar al Amor y dejarnos amar para aprender a amar, constituye nuestra vocación. El Amor hace nuevas todas las cosas. La oración, life, las gentes, todo… encuentra su sentido en el amor. “Aquí todos se han de querer”, es su propuesta. Teresa, enséñanos a nacer de nuevo, para caminar con la confianza y alegría de los niños.
Con grande sed de viento y amor de libertad. Teresa contagia su ánimo a quien se acerca a ella. Entiende la vida como camino, en libertad, al aire del Espíritu, buscando el Reino de Jesús. Sabe quién es ella, Quién es el que la llama, para qué la ha llamado. Camina en medio de la Iglesia, vive y muere como hija de la Iglesia. “Estáse ardiendo el mundo”: es el grito teologal que la espolea para hacer “eso poquito que está en mí”. Vivimos tiempos recios. Los gritos de los pobres llenan la tierra. La comunión humana se rompe por el hambre, la violencia, la indiferencia ante los otros. La Iglesia está empeñada en una nueva evangelización. “¿Qué tales habremos de ser?” La reacción de Teresa no es el encogimiento ni el miedo; su respuesta es un camino de alegría y libertad, de entrega misionera de la vida. “Dios es amigo de ánimas animosas”, nos dice con entusiasmo. Teresa es una mujer fuerte, en camino, envuelta en el soplo del Espíritu, con la libertad que sólo Él nos puede dar. Teresa nos ofrece una aventura de vuelo con sabor a bienaventuranzas, empujados por el Espíritu. Esto es lo que contagia a quien la conoce. Invita sin miedo a vivir el misterio de Dios a pie de calle, mientras somos amados en el Amado transformados. Teresa, danos tu ánimo para seguir a Jesús y vivir su Evangelio.
Tu verbo celestial. Las palabras de Teresa son espacios de luz porque hacen referencia a Jesús, Palabra del Padre, Luz del mundo. Teresa, testigo de cuán verdaderas son las palabras de Dios, nos las hace gustar en el silencio y soledad de la interioridad. La Palabra vence la nada y crea el ser. La Palabra nos permite escribir de forma nueva nuestra propia historia. “Parezcámonos en algo a la humildad de nuestra Señora”, nos dice la hija de la Virgen. Teresa escribe como habla, habla como vive, dice lo que le oye al Maestro. Al leer las palabras de la primera doctora de la Iglesia nos leemos a nosotros. Teresa no tiene un método, ella misma es el método, la maestra. En el contacto personal con su palabra descubrimos que las palabras del Evangelio animan, sosiegan, fortalecen, son luz, recrean constantemente la dignidad y belleza del ser humano llamado a la comunión con Dios. Teresa arde en deseos de anunciar la palabra de Dios, de proclamar a los cuatro vientos sus misericordias. No quiere que ningún espacio humano esté ausente de la palabra creadora. Teresa, gracias por tantas palabras habladas, por tantas palabras escritas, por tantas palabras compartidas.
Del humilde que aspira a las virtudes. La mística de Teresa de Jesús tiene tal fuerza cautivadora y de contagio porque en ella se palpa, se ve, se oye, se gusta y se saborea la verdad de que solo hay una verdad: el Amor y solo una vida: el Amor, y solo un Amor: Dios comunión. La existencia humana, por la encarnación divina, es capaz de vivir esta verdad, más aún, vivir así es la verdad. “Para esto es la oración… para que nazcan obras, obras” (7M 4,6). El discernimiento de la oración se realiza en medio de la vida, donde la vivencia mística toma el rostro de la realidad que nos habita y nos circunda. Cuanto más santos, más humanos. La vida de amistad con Dios no es un engaño ni una evasión, es alabanza al Dios que hace maravillas. Estas obras no son exhibición del orgullo humano, sino epifanía de la gloria de Dios y humanización del mundo. La humildad nos ayuda a entender que las virtudes no provienen de nuestras fuerzas, sino que son obra del Señor en nosotros. La gratitud del Señor engendra gratuidad a manos llenas. “Mil vidas daría yo por una sola alma que se salvase”, dice Teresa. Con las virtudes construimos espacios de esperanza, embellecemos la vida de los hermanos, especialmente de los más pobres -“no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia” (CE 1,5)-. Con las virtudes grandes, como la fe, la esperanza, el amor. Con las virtudes siempre necesarias, como la alegría, la disponibilidad, la acogida, la ternura, la amistad, la paz… Teresa de Jesús, ayúdanos a entender lo que es vivir una espiritualidad encarnada, como continuación de los pasos de Jesús.
Doctora de la Iglesia… Se estremece tu alma que han tocado los dedos del Amado vistiéndola de amor. Teresa es reconocida por la Iglesia como doctora. Es faro luminoso que conduce al encuentro con Dios. Es lámpara que nos permite ver el rostro de los otros y alegrarnos con ellos. Su luz es Cristo, el “Maestro de la Sabiduría”, el “Libro vivo” en que aprendió las verdades; es esa “luz del cielo”, el Espíritu de la Sabiduría, que ella invocaba para que hablase en su nombre y guiase su pluma. “Santa Teresa de Jesús está viva, su voz resuena hoy en la Iglesia. ¡Qué horizontes de familiaridad con Dios nos descubre Teresa en la humanidad de Cristo! ¡Con qué precisión afirma la fe de la Iglesia en Cristo que es verdadero Dios y verdadero hombre! ¡Cómo lo experimenta cercano, “compañero nuestro en el Santísimo Sacramento”! (Juan Pablo II). El encuentro con Teresa, además de despertar en nosotros una bellísima alabanza al Dios de todo don, nos anima a emprender de nuevo el camino de la confianza en Dios, nos dice que es posible vivir una historia verdadera dejándonos llevar por el Espíritu. Teresa of Jesus, acompaña a todos los que formamos la Iglesia peregrina, en comunión con la Virgen María y San José. Bajo la guía del Papa Francisco, deseamos vivir el Evangelio, con los ojos siempre fijos en Jesús, que inició y consumará nuestra fe. Amen. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Amen.

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