Teresa de Jesús en el embrujo de un Prólogo

Teresa de Jesús en el embrujo de un Prólogo

Written in: Jan 19, 2015

Por Secundino Castro.

El prologuillo, que Teresa redacta, para presentar el in the “Book of Life", tiene aires de Magnificat, de algunos salmos, y del Cántico de Daniel (3,51-90), en el que se suplica que todo cuanto existe prorrumpa en alabanzas del Señor. Con esos mismos sentimientos finaliza ella: “A quien siempre alaben todas las cosas. Amen " (Pró 2).

Aires de “Magnificat porque su pretensión es revelar quién es Dios, dando a conocer las maravillas que ha hecho con ella. Más adelante expresará, con otras palabras, su anhelos al narrar estas cosas: “es mi intención engolosinar las almas de un bien tan alto” (The 18,8). Y en seguida aquí se percibe el eco de la Escritura. Quien no rememora aquel salmo: “Gustad y ved qué bueno es el Señor” (102), o el tema del buen Pastor sálmico (23) y sus reflejos en Juan (10), o el pasaje sinoptice con remembranzas también joaneas: “Venid a mi todos los que estáis cargados y agobiados que yo os aliviaré” (Mt 11,28).

Ante el miedo de que el lector pueda fijarse en ella, y proclamarla bienaventurada por las maravillas, las mercedes de Dios, que va a narrar, -y de nuevo nos suena el “Magnificat”-, advierte que quienes le han mandado escribir le han limitado mucho la referencia a sus faltas. Le hubiera gustado que le permitieran extenderse sobre sus “grandes pecados y ruin vida” (Pról 1), “muy por menudo y con claridad” (pról 1) “mas no han querido, antes atádome mucho en esto” (Pról 1). Esa ansia tan persistente de confesar los pecados nos recuerda a los salmos penitenciales, sobre todo el 50, o los innumerables lugares de la Biblia, donde los amigos de Dios no reposan hasta hacer notarias sus faltas. Es una forma de que resplandezca mejor la gloria del Señor. Por eso ella logra burlar el mandato y al fin confiesa su culpa: “Yo no sólo tornaba a ser peor, sino que parece traía estudio a resistir las mercedes que su Majestad me hacía” (pról 1).

Ella sólo quiere hablar de Dios, pero tendrá que mencionarse porque ahí él se ha revelado espléndido, como sucedió con Israel y con María. Quisiera pasar desapercibida, pero resulta imposible porque Dios se ha expresado en ella como gracia y paciencia -“tanto me esperó”- (Pról 1). La paciencia de Dios con Israel, que recuerda sobre todo Pablo (Rm 3,25ss), y la gracia, que ha sido capaz de romper su resistencia, como se refleja en el testo que veíamos hace un momento: “Yo no sólo tornaba a ser peor, sino que parece traía estudio a resistir las mercedes que Su Majestad me hacía” (pról l). Pero las mercedes derribaron la resistencia y sobreabundaron. Y aquí, al trasfondo, se dibujan también las confesiones de Pablo (1Cor 15,7-10).

El libro va a ser un himno a la gracia. Como el salmista va a cantar las hazañas del Señor, y como María, a proclamar sus maravillas. La gracia caracteriza a la promesa de la Nueva alianza y a toda la mentalidad del Nuevo Testamento. Teresa se va a situar en la línea de los escritores de Israel: Dios ha hecho maravillas con ese pueblo minúsculo, que como tal no representaba nada en el concierto de las naciones: “no por ser el más numeroso de todos los pueblo se ha prendado Yahvé de vosotros” (Dt 7,7), sino “porque es eterna su misericordia” (Sal 135). Y como María, que se considera esclava: “miró la humillación de su esclava” (Lc 1,38).

Esta realidad de pequeñez como Israel y como María, y al mismo tiempo la sensación de haber sido objeto de suma predilección por Dios, queda muy clara en el prólogo (Pr 2). Teresa quiere que aparezcan sólo las maravillas de Dios, por eso se lamenta de que no le permitan confesar su pequeñez –sus pecados-. Donde María dice: “miró la pequeñez de su esclava” a Teresa le gustaría poner miró la ruindad de su sierva, de sí misma. Pero los confesores la han limitado mucho en esto (Pról 1).

Se siente portadora de un mensaje universal. Va a escribir por mandato de sus confesores. Para ella, éstos son delegados de la Iglesia, que expresan la voluntad de Dios. Pero es más, ella sabe que Dios quiere que este libro se escriba: “Y aun el Señor se yo lo quiere muchos días ha” (Pról 2). Ya casi al final de la obra volverá a repetir lo mismo al justificar cuanto está diciendo, porque lo hace “por obedecer al Señor, que me lo ha mandado, y a vuestras mercedes” (The 37,1).

El libro va a tener una determinada inspiración divina. Consciente ella de eso, pedirá al Señor: “gracia para que con toda claridad y verdad yo haga esta relación” (Pról 2). So, aunque de forma distinta va a ser como la Sagrada Escritura un libro inspirado. De ahí la preocupación de Teresa por la búsqueda de la palabra exacta y clara -“con toda claridad y verdad”- (Pról 2). Pero en esa búsqueda ella se siente acompañada. Los términos claridad y verdad reclaman nuestra atención a la palabra inspirada.

In fact, nos recordará algunas veces que no es ella la que escribe.: “Que muchas cosas de las que aquí escribo, no son de mi cabeza, sino que me las decía este mi Maestro celestial. Y porque en las cosas que yo señaladamente digo «esto entendí», o «me dijo el Señor», se me hace escrúpulo grande poner o quitar una sola sílaba que sea; so, cuando puntualmente no se me acuerda bien todo, va dicho como de mío; porque algunas cosas también lo serán; no llamo mío lo que es bueno, que ya sé no hay cosa en mí, sino lo que tan sin merecerlo me ha dado el Señor; sino llamo «dicho de mí», no ser dado a entender en revelación” (The 39,8). Evidentemente no se trata de inspiración canónica, pero se dan muchas asonancias con la inspiración bíblica, and also, similitudes con la profética en algunos casos. El paralelismo y la proximidad son innegables.

En otra ocasión, en que se siente incapaz de describir la oración de unión, lo deja y se acerca a comulgar, y entonces, observa: “aclaró Dios mi entendimiento unas veces con palabras y otras poniéndome delante cómo lo había de decir, which, como hizo en la oración pasada, Su Majestad parece quiere decir lo que yo no puedo ni sé” (The 18,8). Parece que el Señor en estos casos se posesiona de su entendimiento con inspiración-revelación como acontece también no pocas veces en la Biblia.

Estas dos situaciones son propiamente de revelación, pero quizás sea más profundo el sentimiento que invade en otros momentos a la autora a lo largo de toda la redacción del libro, which, como hemos dicho, aunque aparentemente es ella la que escribe, no solamente está convencida, sino que también siente que está haciendo algo que Dios quiere, and, thus, secretamente la acompaña garantizando la verdad del escrito. En este caso estaríamos en paralelismo con la inspiración bíblica general, cuando ésta no va acompañada de revelación.

Aunque lo someta a juicio de hombres competentes, está segura de su verdad. Porque el libro es el resultado de una experiencia, de la que ella ya no puede dudar y, suficientemente contrastada por lo representantes de la Iglesia. En esto el sentido de inspiración del libro se asemeja a la opinión de Rahner acerca de cómo entiende él la inspiración de la Sagrada Escritura, que la identifica con aquel acto por el que Dios quiso (constituyó) a la Iglesia; aquí sería aquel acto por el que Dios quiere el nuevo Carmelo: En este sentido Teresa se limita a decir “Y aun el Señor se yo lo quiere muchos días ha” (Pról 2). Dios ha querido el libro, por consiguiente, en algún sentido, es su autor.

Su autobiografía es la transmisión de una intervención de Dios en la historia con carácter universal. Está convencida de que lo suyo es paradigmático, está abierto a todos: “Miren lo que ha hecho conmigo, que primero me cansé de ofenderle que Su Majestad dejó de perdonarme” (V19,15). Teresa va a comenzar su relato con conciencia de inspirada. No va a decir cosas nuevas, sino transmitir lo que ha acontecido en ella. Su deseo va más allá que el último de los salmos, as 150, que termina así: “¡Todo cuanto respira alabe al Señor!” Se identifica más con los deseos del 148 y los del Canto de los tres jóvenes del libro de Daniel, que invitan también a los elementos inanimados a la alabanza del Señor. En esta línea concluye ella su prologuillo: “A quien siempre alaben todas las cosas. Amen ".

La última palabra es “amén”. Palabra con la que a lo largo de la autobiografía y de otros escritos Teresa cierra no pocos párrafos. Es una palabra hebrea, derivada del verbo “aman”, verbo que no tiene equivalencias directas en las lenguas occidentales. Significa estar apoyado en una roca firme, que nunca se moverá. Equivale a seguridad absoluta. Por eso esta palabra siempre estará relacionada con Dios.

Teresa en sus reflexiones sobre el Padrenuestro, in Way of Perfection sin conocer ese significado de la palabra hebrea, conecta con ella. Dedica varios números a comentar la palabra “amén” del Padrenuestro. Puede resumirse su pensamiento en unas cuantas líneas de su comentario: “¡Oh Señor y Dios mío, libradme ya de todo mal, y sed servido de llevarme adonde están todos los bienes! ¿Qué esperan ya aquí a los que Vos habéis dado algún conocimiento de lo que es el mundo y los que tienen viva fe de lo que el Padre Eterno les tiene guardado?" (CV 42,2).

En el Prólogo se detecta un trasfondo bíblico de gran fuerza: la autobiografía será un libro que Dios quiere que se escriba, como la Sagrada Escritura. Tiene por objeto las maravillas realizadas por Dios en una persona. Aquí se dan indiscutibles asonancias a lo que Dios hizo con Israel y con María, como ya hemos dicho. Dios va a ensalzar lo pequeño. Con ello Teresa quiere decirnos que Dios se ha volcado sobre ella. Desde esa experiencia del Señor, se siente mensajera, obligada a darle a conocer. La ha llenado tanto, por completo, que no puede mantener por más su secreto. Lo exige el Señor y lo piden sus confesores. Por eso su pretensión al tomar la pluma no es otra que “engolosinar las almas” (The 18, 8), narrando las experiencias que ha tenido del Señor. Ha gustado en su corazón el evangelio –la bella noticia-, y se siente impelida por los hombres y por el mismo Dios a predicarlo. Por eso podía escribir con razón a D. Pedro de Castro y Nero: “Intitulé este libro de las misericordias de Dios” (Cta 19.11.81,2).

 

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