Un Mundo Nuevo

Un Mundo Nuevo

Written in: Jan 14, 2015

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For the P. Miguel Márquez.

 

Esto diré suspirando

dentro de muchísimo tiempo,

en algún lugar:

dos caminos divergían

en un bosque, y yo…

yo elegí el menos transitado:

y eso ha sido la clave

Robert Frost

 

Cruzar una puerta a la deriva

y encontrar lo que tanto se buscaba…

(J.L. Martín Descalzo)

 

PERDERSE PARA ENCONTRARSE…

Me hice perdidiza, y fui ganada

(Juan de la Cruz)

 

Al final de la película de Pixar CARS suena una canción del Sueño de Morfeo que se titula: REENCONTRAR, y dice así: perderse no es ningún error, a veces es mejor. Te vuelves a inventar, te empiezas a reencontrar. Por la vida vas seguro y decidido, pero menos mal que acabarás perdido. Me sorprendo al escuchar la canción que me trae resonancias claras de Juan de la Cruz…

 

Queremos encontrar nuestro lugar, andamos siempre en este anhelo, un mundo que no debe de estar lejos. Queremos llegar ‘allí’, con el equipaje provisto de todo lo que nos hará falta. Viajamos con la cabeza llena de seguridades. De modo que, al llegar, no hay mucho que recibir. Tenemos mucho miedo a necesitar y a que nuestras necesidades se queden en vacío. Miedo a la desnudez y al vacío interior y exterior.

El místico bordea los límites, nadie es capaz de amansarle o someterle a norma externa, si no le viene de Aquel o Aquello por Quien ha sido herido. Está acostumbrado a perderse a sí mismo y por eso la amenaza de pérdida de prestigio o imagen le deja inalterable, dado que vive en permanente autoinmolación consentida y gozosa, conociendo bien la riqueza que se le deduce de semejante audacia.

Teresa leería de niña (auspiciada por su madre), novelas de caballería, que poblarían su imaginación de aventuras, de hazañas y de historias épicas. Toda esta literatura se reflejará más tarde en sus escritos y en su visión de la Iglesia y de la espiritualidad.

La historia de los primeros ermitaños (Mount Carmel, donde nació la Orden de Teresa), que fascina la imaginación de la joven carmelita Teresa (Aquellos santos padres pasados), es la de esforzados buscadores de Dios. Antiguos cruzados que a caballo entre el siglo XII y XIII, cansados de guerrear, se van a dedicar a otra cruzada: la conquista de su propio mundo interior, no menos peligroso y arduo en enemigos y obstáculos. Un camino de oración, silencio, trabajo y fraternidad compartida.

Así digo ahora que aunque todas las que traemos este hábito sagrado del Carmen somos llamadas a la oración y contemplación (porque éste fue nuestro principio, this breed we come, de aquellos santos Padres nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa margarita de que hablamos) 5 M 1, 2

La época de Teresa (Nace en 1515, han pasado sólo 23 años desde que las naves españolas arribasen por primera vez a ‘las Indias’), está marcada por el descubrimiento del Nuevo Mundo (1492). Se abre ante la conciencia de aquella sociedad un reto inconmensurable. Teresa se enfrenta al descubrimiento de un nuevo mundo interior: Fantasmas de dentro y de fuera, enemigos, fieras y suelos engañosos. ¿Cómo combate, cómo gestiona su aventura vital, desde su fragilidad y limitación? ¿Qué enseña para nuestra aventura de nuevos mundos y para enfrentarnos a nuestros propios fantasmas y límites?

En este tiempo (siglo XVI), los hombres han despoblado Ávila. Muchas mujeres entran en los monasterios. Unas con más vocación que otras. She, por su manera de ser, no va a conformarse con el modelo de monja al uso, hilando y rezando, aunque también hile y rece. Quiere descubrir mundo y explorar. Va a emprender el camino fascinante de su propia verdad, la de Dios, y de la oración, descubrimiento interior, aunque para ello tenga que pelear con sombras de muerte.

Deseaba vivir, que bien entendía yo que no vivía, sino que peleaba con una sombra de muerte, y no había quien me diese vida. Life 8, 11

Y con enemigos inesperados, de dentro y de fuera. Quien emprende este camino tiene que aparejarse para la lucha. Invita a sus hijas a ser animas animosas, varón y de los muy barbados… dijeron de ella.

Sea varón y no de los que se echaban a beber de bruces, cuando iban a la batalla, no me acuerdo con quién (9), sino que se determine que va a pelear con todos los demonios y que no hay mejores armas que las de la cruz. 2 M 6

Primer giro forzado en la adolescencia, al ser llevada interna al monasterio de las agustinas de Santa María de Gracia… Estimaba a las monjas, but andaba yo enemiguísima de ser monja The 2, 8.La primera gran ruptura acontece con su padre, algunos años después de la experiencia con las agustinas y la buena compañía de María Briceño (monja encargada de las jóvenes). Hay una fuerza interior muy grande, que la hace, pese al amor que le tenía, desoyendo la negativa, salir de casa, y escapar… Relata que al salir por las murallas se sentía morir (tiene 20 years):

Acuérdaseme, a todo mi parecer y con verdad, que cuando salí de casa de mi padre no creo será más el sentimiento cuando me muera (3). Porque me parece cada hueso se me apartaba por sí, which, como no había amor de Dios que quitase el amor del padre y parientes, era todo haciéndome una fuerza tan grande que, si el Señor no me ayudara, no bastaran mis consideraciones para ir adelante. Aquí me dio ánimo contra mí, de manera que lo puse por obra. The 4, 1

Esta es Teresa, cuando algo se plantea, lo enfrenta, aunque le cueste la vida.

Va a buscar en maestros y libros, va a consultar a quien le pueda dar pistas de la aventura que se propone emprender, pero sabe que tiene delante un camino que tiene que recorrer por su propio pie, porque en los momentos cruciales estará sola o no se sentirá comprendida…

La experiencia que vive yéndose al convento de la Encarnación, la vivirá al adentrarse en el mundo de la oración, a partir de la lectura de los buenos libros de su tío, en Hortigosa, mainly El Tercer Abecedario, de Francisco de Osuna.

Cf. Historias de los cuentos, en las que se dice que fueron felices, comieron perdices… narrando siempre supuestos finales felices para los héroes. Los santos no conocen el final de sus historias, aunque tienen la confianza puesta en Otro y se fían, pero pisan el terreno difícil, terrible del miedo a la propia extinción, al fracaso y a la infecundidad (cf. Francisco de Asís, en el Monte Alberna).

 

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