ENTRE BIOMBOS ANDA LA SANTA

ENTRE BIOMBOS ANDA LA SANTA

Escrito en: oct 08, 2015

BURGOS

Santa Teresa de Jesús y Burgos. La última fundación teresiana en vida de la Santa. Allá llegó la madrugada del 26 de enero de 1582. Nosotros llegamos la tarde  de un 14 de junio, entre claros y nubarrones.

Aquí Santa Teresa recibió multitud de informes favorables por parte de sus amigos de la Compañía de Jesús para fundar aquí.  Su fama de gran ciudad, sus gentes nobles y muy cristianas y las muchas instituciones ejemplares y caritativas que albergaba, siguen estando presentes en la bienvenida de la ciudad burgalesa al bastón de la andariega.

Burgos tiene la pose de ciudad norteña. Seguridad y paso firme de sus gentes, que a base de inviernos han enderezado la cerviz y caminan a las orillas del Arlanzón más preocupados por los asuntos del cielo. Los que venimos de fuera, con el ojo fatigado (arráncatelo, gran pecador) de sagrarios y misticismos, nos quedamos asombrados por el anticipado manto de colores de otoño que compone el suelo de la ciudad. A fin de cuentas Dios se vale de todo y, en los reflejos del agua ligera que a duras penas refleja las torrecillas de la Catedral, encontramos la paz y serenidad que tantas veces el bastón nos ha dado y privado.

En la sede de la Editorial Monte Carmelo, responsable de las bases que soportan estas enclenques líneas, encontramos una biblioteca cuyas estanterías carecen de falta de peso.  Tengo la oportunidad, el lunes por la mañana, de pasearme de la mano del que fuera durante muchos años su director a quien los años a duras penas le respetan una conversación de más de cinco minutos. Cuenta con mirada de periodista retirado todas las andanzas y periplos de esta gran editorial que a tantos carmelitas y seglares a lo largo de las últimas décadas ha dejado en vilo, noches de cueva y vela, escudriñando esa divina relación entre Teresa y Jesús.

Su delicado estado de salud me recuerda a las líneas del libro de Fundaciones donde encontramos a una Teresa de Jesús que a duras penas podía moverse de la cama y que a través del biombo se ocupaba de las gestiones para poner a funcionar el convento de San José de Santa Ana.  Fundación que a priori parecía sencilla al contar con el propio Padre Gracián, a quien no volvería a ver después de este viaje, y con los dineros de Doña Catalina de Tolosa, viuda con una gran fortuna y devoción hacia la nueva forma del Carmelo, y que sin embargo fue tornándose cada vez más complicada por los vaivenes del Arzobispo de Burgos, D. Cristóbal Vela.

Las razones por las que éste, pariente de la propia Santa y conocido por su gran celo apostólico, fue retrasando tanto la puesta en marcha de este nuevo convento son similares a las negativas que nos ha ido explicando el Padre David y el libro “Por los caminos de Teresa” en otras ocasiones.  La falta de recursos que estas pudieran tener para hacer frente a las rentas y que las limosnas a repartir no fueran suficientes  para poder alimentar a las viejas y nuevas religiosas de la ciudad.

Como recoge el libro anteriormente citado “preferían no dejar fundar a ver luego monjas medio muertas de hambre o pordioseando miserablemente por las calles”.

La tarde anterior, a nuestra llegada, nos recibió Monseñor Francisco Gil Hellín, quien ofreció al Santo Cristo de Burgos palabras muy cuidadas de esta mujer amiga de Dios.

Poco después, salimos con el pueblo, Isak a la cabeza, fotografiando la procesión y yo a la cola, recogiendo entusiasmos; cruzando murallas y puentes, hasta el museo de la Evolución Humana. En este simbólico lugar, tratamos con cantos y oraciones, de indicar el papel que esta Doctora de la Iglesia ha jugado dentro del mundo de las letras. Resaltamos lo extraordinario de su misión en aquellos tiempos a pesar de su condición como mujer, enferma y sin más recurso que su palabra y la fuente de esta. En esta parada, caen unos churros apresurados con chocolate caliente porque este junio aquí anda rebelde.

Tras visitar a sus hijas y compartir el bastón con todos los burgaleses que supieron de nuestra llegada, volvemos a la casa de los Carmelitas Descalzos, a la Iglesia del Carmen. Allí nos encontramos con uno de los Cristos más impresionantes con los que jamás nos hemos topado. Cristo que, según el Padre David, tantas veces había sido utilizado a modo de “sana amenaza” por parte de padres agotados ante el mal comportamiento de sus hijos.

¡Y entiendo como acierto este recurso! El Crucificado de Perelló nos zarandea. Su cuerpo de madera está hecho para conmover hasta los más neutros con el dolor de Cristo.

Y allí dejamos al bastón a lo largo de misas y horas de oscuridad antes de poner rumbo a la mañana siguiente hacia Soria.

RICARDO MORALES JIMÉNEZ

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