Exposición “Teresa de Jesús y Valladolid. La Santa, la Orden y el Convento” con motivo del V Centenario

Exposición “Teresa de Jesús y Valladolid. La Santa, la Orden y el Convento” con motivo del V Centenario

Escrito en: ene 20, 2015

Teresa y Valladolid

En la Sala de Exposiciones de la Iglesia de las Francesas de Valladolid se puede visitar desde el pasado 14 de enero la muestra “Teresa de Jesús y Valladolid. La Santa, la Orden y el Convento”, comisariada por Jesús Urrea. La exposición que permanecerá abierta hasta el 1 de marzo muestra cerca de medio centenar de obras procedentes de museos, conventos e iglesias. Destacan entre las piezas algunas realizadas por el escultor Gregorio Fernández.

La ocasión del V centenario del nacimiento de Teresa de Jesús (1515-1582) ha permitido enfocar también su celebración mediante exposiciones, contemplando este acontecimiento desde diferentes ángulos. Su persona, su espiritualidad, sus escritos, sus fundaciones conventuales y su trascendencia posterior se pueden tratar o se han tratado ya parcial o globalmente. Cada una, por modesta que sea, aportará su visión particular, reunirá objetos, manuscritos, libros, obras de arte, etc. concebidas sobre, a propósito o en torno a ella, en su tiempo o muchos años después, ofreciendo así el merecido homenaje al recuerdo de figura tan singular.

De nuevo la santa monja se convierte en motor de actividad creadora, de reflexión, de revisión y de energía emprendedora puestas al servicio de la cultura más amplia, abierta y trasversal, haciendo que el arte y la historia continúen siendo vehículos de ideas, expresión de belleza y animado campo de encuentro por su gran poder de convocatoria.

Con esta muestra se trata de establecer la relación entre su figura, la orden religiosa que reformó, la fundación que aquí estableció y la ciudad que la albergó. No en vano la Santa tiene tratamiento de vecina de honor y bien se merece un caluroso recuerdo. A eso responden los tres apartados en que se organiza la exposición.

La vida de Santa Teresa discurrió en momentos cruciales para la Iglesia Católica, la época de la Contrarreforma. Su condición de escritora permitió que sus hechos no se olvidaran y los milagros o prodigios obrados por su intercesión hicieron que la Iglesia considerara inevitable su beatificación, reconocimiento que se produjo con una rapidez inusual, tan sólo treinta y dos años después de su fallecimiento, mientras que su confirmación canónica llegó ocho años más tarde.

La autobiografía redactada por Santa Teresa, así como los escritos publicados por quienes la conocieron y trataron personalmente, han sido la principal fuente de la que han bebido todos los artistas que han representado su imagen. Siempre se ha tenido un especialísimo interés en reflejar con máxima fidelidad los rasgos físicos de la santa carmelita. Este deseo de realidad, tan característico del periodo barroco en el que se produce lo mejor de su largo repertorio iconográfico, contrasta fuertemente con la ausencia casi total de representaciones que muestren a Teresa de Jesús inmersa en actividades terrenas. A lo largo de los siglos XVII y XVIII se prefiere, en cambio, tratar su figura como mística, suspendida en situaciones de éxtasis o participando de sagradas conversaciones. Los temas de la Transverberación, de la Virgen y San José imponiéndole el manto y el collar, o las apariciones de Cristo son los más insistentemente repetidos, aunque sin duda es su condición de escritora inspirada por la Divinidad la que tiene la supremacía dentro del total de ejemplos.

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