La calurosa acogida en Samoa

La calurosa acogida en Samoa

Escrito en: ene 09, 2015

samoasenoras

Por Amaya Álvarez.

La calurosa acogida en Samoa no desmerece ni por un instante su fama. Con collares de flores frescas fuimos recibidos en cada uno de los lugares que visitamos. Con dulces melodías típicas del Pacífico nos esperaban en cada rincón.

Pero, por las fechas en las que estuvimos, siempre recordaré Samoa como la isla de los villancicos.

Con tan solo 300.000 habitantes, Samoa es un lugar maravillosamente virgen, con una cultura muy propia. Las playas lucen paradisíacas aunque las nubes y la lluvia no nos dieran tregua. Y las flores de todos los colores imaginables adornan casas, valles, carreteras y, por supuesto, los peinados de la mujeres.

Todo es tal como uno se lo imagina. La fisionomía de la gente, la pacifica sensación de que no hay prisa ninguna. Inmediatamente te preguntas ¿Qué podría hacer yo en esta isla? ¿Qué negocio podría montar para vivir aquí el resto de mis días?

La catedral de Apia es increíblemente bonita, muy grande se alza majestuosa en el centro de la ciudad, destaca en una isla de casas bajas.

Contrasta la decoración navideña con los pai que todo el mundo agita para aplacar el calor, y las camisetas de manga corta. Me llama la atención la manera de vestir de los isleños, tan casual y elegante a la vez. De nuevo destaca la personalidad propia.

Para nosotros la Navidad estaba siendo extraña, sin frío, sin esas tardes en las que el sol ya ha caído y las ciudades lucen llenas de bombillas. Sin compras navideñas ni soplarse las manos juntas para calentarse. Sin anuncios navideños, ni siquiera el de Freixenet. Por el contrario, todo lleno de palmeras, y gente con sombreros y gafas de sol. No teníamos sensación de Navidad, hasta que llegamos a Samoa. Cada día, tras cada misa o celebración, disfrutamos de infinidad de coros cantando villancicos, coros de niños,  jóvenes, hombres, mujeres, mixtos… más clásicos, más líricos, más modernos y hasta gamberros. Todo mezclado con la tradición popular local. Típicas canciones que todos conocemos pero aderezadas con el sabor local.

Ha sido una manera muy diferente de vivir la navidad, y muy bonita también.

Me llevo también la sonrisa y el espíritu de las hermanas Carmelitas, que desde su monasterio movieron todos los hilos de nuestra visita. Inolvidables su alegria. NO dejo de preguntarme muchas veces por la fortuna que tenemos de formar parte de esto, es decir, viajar en una peregrinación que genera tanta ilusión a su paso, y poder compartirla con tantas personas diferentes.

Pero no quiero acabar este blog sin mencionar al grupo de seglares del Carmelo descalzo de Samoa. Nos recibieron e hicieron todo lo imaginable para que nos sintiéramos a gusto. Y nos enseñaron los lugares secretos más bonitos de la isla. Impresionante, Samoa y las seglares, un equipo perfectamente coordinado que, me enteré después, reparten su tiempo colaborando en asilos, iglesias, escuelas… mientras mantienen negocios y familias. Me sentí impresionada por el grado de compromiso con la sociedad, con su propia espiritualidad, sus trabajos y familias. He encontrado muchas mujeres que me han servido de ejemplo e inspiración, y hablo de mujeres por mi condición femenina y mis propios conflictos. Me llevo de esta isla el haber podido conocer a estas personas tan consecuentes consigo mismas y su entorno. Sé que no tiene que ver mucho con el viaje, pero no puedo evitar, además, el espectacular paisaje, las cascadas, las montañas volcánicas y las playas coralinas. Además de las preciosas misas en iglesias con enormes ventanales o directamente sin paredes laterales, además de las muchísimas personas que vinieron a venerar la reliquia, las exóticas comidas… lo que yo me llevo de aquí, es haber conocido a un grupo de mujeres que parecen haber descubierto el secreto para conciliarlo todo, además con una humidad absoluta.

Esta gran familia no deja de depararme agradables sorpresas.

¡Gracias de nuevo y siempre!

 

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