LA GRATITUD ANTES DEL QUIEBRO

LA GRATITUD ANTES DEL QUIEBRO

Escrito en: jun 15, 2015

GODELLETA – ALCOI

La mirada negra paseó de un lado a otro; frotándose las manos, arrugando el hábito.

Al final tomó aire y obedeció a la superiora que con la naturalidad de respirar, le indicó que se tenía que enfrentar a estos simpáticos ajenos. Nos condujo por un pasillo de ladrillo visto, repleto de figuritas y losas de cerámica con santos y profetas. Llegamos a la escalera que da a la huerta y a la propuesta del viento dejamos la entrevista que lamentablemente no hemos podido rescatar por culpa del ruido del mundo.

Seguimos en camino. Ya estamos en la última parada antes de poner rumbo de Castilla-La Mancha, tierra de fundaciones y silencios. El equipo se robustece ante el cansancio. Cuando parece que ya el trabajo está devorando lo honorable de la misión, el Padre David dignifica su vocación y ridiculiza nuestras flojeras. Él siempre un poco más. El salto generacional no es tan grande pero… Es de otra pasta.

Es tierra de luz Godelleta por los jóvenes que con sus ruidos y breves carreras amenizan la piedra. De nuevo el padre cantarín, Don Rafael León, dando sabor a la misa que aglutina gentes de todas partes. Isak y yo a duras penas encontramos hueco para grabar y twittear el evento. Muchas miradas adolescentes repasan nuestras vestimentas y movimientos. No podemos seguir la liturgia al pie de la letra y aquello destroza su mordida concentración. Me pongo en su lugar y recuerdo que en mi adolescencia habría tirado rápidamente de sonrisa socarrona ante tamaña compañía. El fraile, el hipster y el barbudo, custodios temporales de la reliquia de la Santa. Privilegio que no hay tiempo en detenerse a adorar.

Antes de la eucaristía, tenemos la oportunidad de visitar la empresa que dirigen y gestionan las carmelitas descalzas. Expertas en el trato de la cerámica, nos presentan dos plantas destinadas a esta actividad y que les permite llenar con ajustada generosidad platos propios e invitados. Cada espacio de trabajo nos recuerda más a una celda que a otra cosa. Y nos confirman que allí la oración tiene el mismo flujo de continuidad que ante el Santísimo. “La Santa Madre nos lo dejó bien marcado. Lugar de trabajo, lugar de oración”.

Los encargos internacionales arriba, los más “gordos” debajo. No hay nada que decir sobre la singular  imagen de ver a una monja manejar como el bordar programas de diseño industrial. Nos hacen una pieza en directo. Y con la sencillez con la que nos explican pigmentos, cocciones a 1.000 grados y los cuidados exquisitos que requiere el barro, nos invitan a comer y a descansar antes del viaje.

Un claustro cerrado y lleno de plantas tropicales es la última visión que tenemos antes de poner rumbo a Alcoy. Un viaje donde el calor se vuelve a tomar la libertad de venir cuando le viene en gana. La modorra ya se ha instalado en el coche cuando cruzamos el puente de Cervantes y enfilamos la pendiente hasta llegar al convento de  las Carmelitas  Mensajeras del Espíritu Santo. Es una realidad distinta la que nos volvemos a topar, aunque llevan bordadas la mirada alegre que tantas veces hemos tratado.

Vuelve a acompañarnos el cardenal Mons. Antonio Cañizares quien destaca, ahora el bastón tiene todo el protagonismo, el misticismo de Santa Teresa y su labor de artesana de la oración. Tan pronto como nos damos cuenta, el cardenal se ha marchado y ha dado paso a una misa especial que termina con una danza por parte de dos hermanas delante del bastón. Es algo extraordinario y pronto las luciérnagas portátiles se ponen a trabajar. Cada movimiento de sus brazos, el fino velo que cubre sus hombros, el semblante limpio y sujetado por una sonrisa… Versos bailados del cantar de los cantares que nos descubre al Padre más íntimo, a la santa madre más alegre.

Cerramos el día desde la azotea de la casa parroquial. Una vista privilegiada de la plaza que acoge el evento de moros y cristianos y que compensa los más de 200 peldaños sin ascensor y con las maletas a cuestas.

Es noche clara pero sin estrellas. Se intuye que tras las montañas que esconden la Serra de Mariola debe estar la luna. No hay nadie en la calle. Ni un ruido. El mundo ahora juega a callar. Ninguna pareja volviendo a casa. Ningún gato de paso ligero. El silencio proyectando sombra a la luz de las farolas. Y en ese descanso, pienso en la noche antes de los bombardeos que arrasaron la ciudad de Alcoy en la Guerra Civil. Dibujo a un tipo enjuto, asomado al balcón de su casa con un cigarrillo sin filtro en la mano. Ese hombre que ante este mismo silencio chilla por dentro clamando al cielo por la macabra paradoja de una noche tan hermosa antes del día más oscuro del hombre. Me quedo masticando esta reflexión y cuando pongo la sábana hasta el cuello, el levante es así de traicionero, pienso en que a pesar de todo aquel tipo y yo, ante la experiencia más devastadora o ante la maravilla de un día en la vida, tuvimos la oportunidad de dar gracias a Alguien antes de dormir.

RICARDO MORALES JIMÉNEZ

GODOLLETA 1

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