La luz de la esperanza

La luz de la esperanza

Escrito en: feb 23, 2015

santa teresa libano

Por Amaya Álvarez.

Nada más llegar a Líbano lo primero que notamos, especialmente después de África, fue un frío intenso. Nosotros que creíamos haber esquivado el invierno y nos lo encontramos de lleno. Lo segundo, un sentido de la hospitalidad profundo, que está completamente entroncado con la cultura.

No es difícil imaginarse siglos atrás la misma atención con el viajero. Agua, comida y cobijo es el ofrecimiento básico al llegar a cualquier parte.

Lo que continúa llamando la atención es lo cosmopolita y moderna que es Beirut, sin perder tampoco su carácter tradicional y oriental. Recorrer sus calles te hace sentir en medio de un sorprendente equilibrio entre Occidente y Oriente, tradición y vanguardia. Es un país donde rápidamente te das cuenta de que nada nunca ha sido visto desde un solo prisma. Es un conjunto de cosas y eso se nota desde el primer momento, tan solo mirando por la ventanilla del coche. Paneles de anuncios en árabe, en inglés, modelos multirraciales… sobriedad y brillo. Los contrastes se tocan en cada esquina.

Luego, dialogando con muchísimas personas empiezas a entender la complejidad y profundidad del tejido social y la historia libanesa.

Tienen 18 religiones diferentes, principalmente cristianos y musulmanes, pero dentro de los mismos, chiítas, sunis, alauitas; por otro lado, maronitas, ortodoxos, católicos, latinos, melquitas, drusos, protestantes. A esto hay que sumarle el creciente número de palestinos y sirios que llegan a Líbano en busca de seguridad, aumentando así la variedad de culturas y creencias en un país que escasamente supera los 10.000 km cuadrados. Otra peculiaridad que marca la sociedad Libanesa es que gran parte de su población vive en el extranjero, aquí dicen con humor que hay más libaneses fuera del Líbano que en el propio país, y es cierto.

Y esta situación, donde la diferencia es la nota común, los libaneses luchan por el equilibrio y la paz de la que fueron ejemplo años atrás. Aparentemente reina la armonía, en la visita al santuario de Nuestra Señora del Líbano, en Harissa, pudimos ver cómo mulsumanes y cristianos acuden por igual a este lugar. Y no es difícil imaginar, viendo a las parejas y grupos haciéndose fotos desde el mirador una convivencia pacífica. Sin embargo, es cierto que en cuanto se llega a las esferas de poder la convivencia se vuelve más compleja.

Otro dato curioso que desconocía es que Líbano lleva 6 meses sin presidente ante la incapacidad de llegar a un acuerdo.

A mi me da que pensar, que entre individuos la convivencia no es tan difícil, aquí hay mezquitas e iglesias vecinas, es cuando entramos en otras esferas cuando se empiezan a generar las luchas de poder y, de ahí, los odios. Caminando por las calles y los barrios, no se siente ninguna tensión. Sin embargo, habría que pasar muchísimo más tiempo en Líbano para entender que la superficie de esa paz es fina. Y la fractura social aún no está completamente salvada.

Oriente Medio no es un lugar sobre el que sea fácil opinar, es en muchísimo cuna de varias civilizaciones reinantes en el planeta, y a su vez, lugar disputado a lo largo de los siglos en lo que se ha conformado una amalgama de influencias tan fuertes como difícilmente mezclables.

Creo que es el máximo ejemplo del reto al que nos exponemos toda la humanidad. La paz y el respeto al otro. Creo que si se logra aquí, se puede soñar con esa paz en cualquier parte porque no hay un escenario más aparentemente conflictivo que este. Y Líbano va a la cabeza en esa lucha. Y hoy vive en paz.

Los carmelitas tienen una presencia no muy numerosa pero han sabido volcar sus esfuerzos muy inteligentemente en la educación y regentan varias escuelas de renombre a lo largo del Líbano. Me parece clave, educación y respeto. Ejemplo de vida en comunidad y armonía. Un granito de arena, que puede parecer pequeño pero no lo es en absoluto, para llevar a este rincón del mundo a ser el ejemplo de convivencia pacífica que fue.

Gracias por los momentos compartidos, por mostrarnos uno de los lugares más bellos que hemos visto en este viaje, el Valle de los Santos y, especialmente, por no rendiros nunca en esa enseñanza del amor y la armonía. Saludos desde aquí a todos los Carmelitas y las Carmelitas descalzas del Líbano.

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