Influencia de Santa Teresa de Jesús en la Cultura y en la espiritualidad

Escrito en: jul 10, 2015

DESDE QUE UNA NIÑA NACIÓ EN 1515 (Resumen del texto íntegro en catálogo). 

IGNACIO HUSILLOS TAMARIT, OCD

Desierto de Las Palmas

(Benicasim, Castellón, España)

BIBLIOGRAFÍA ESCUETA

Archivum Bibliographicum Carmeli Teresiani [=ABCT] (Roma: 1956-hoy); Urbis et Orbis. Concessionis tituli Doctoris et extensione eiusdem tituli ad universam Ecclesiam necnon Officii et Missae de communi doctorum virginum in honorem S. Teresiae Abulensis, virginis Ordinis Carmelitarum Discalceatorum Parentis, Typ. Guerra et Belli, Romae 1969; ÁLVAREZ, T., Cultura de mujer en el s. XVI. El caso de Santa Teresa, Monte Carmelo, Burgos 2006; DIEGO SÁNCHEZ, M., Bibliografía sistemática de Santa Teresa de Jesús, EDE, Madrid 20081.

INTRODUCCIÓN

Un estudio como el presente no debería comenzar así: con la bibliografía (tan escueta) al principio, sino al final (y más extensa). Pero vamos a probar a ver qué tal sale. Porque no hace falta empaparse de toneladas de papel escrito — incontables toneladas se han escrito sobre la Santa (aunque nadie las haya contabilizado en millares de kilos) — sino solo darse un paseo, ni siquiera leerlos, por esos libros y revistas, especialmente los últimos. El único libro que se puede leer de inicio a fin —como se lee cualquier otro libro— es el propuesto de Tomás Álvarez, ganador, por cierto, de un interesante premio abulense (Teresa ha hecho que Álvarez sea quien es hoy en día en la Orden, en la Iglesia y en el mundo cultural; si no fuera por ella no habría padre Tomás que valga, ni teresianistas que nos explicaran e imbuyeran del mismo fuego que la quemó y requemó por dentro en aquellos tiempos recios…). Ese libro es el único que se puede leer. Los otros, incluida la revista, sólo se pueden consultar. No se deben leer. Para no empacharse, digo; y para no revesar culta latiniparla, pues de ello nunca gustó la Madre, que se reía de llamativas teulogías huecas que no llevan a ninguna parte y antes enfrían el interior, que nunca está hueco (aunque no lo sepamos), que lo calientan y lo devienen cálido y acogedor para recibir a Su Majestad y a toda la corte que le acompaña, que eso es el cielo. Y ¿por qué no se han de leer? Bueno, allá quien los lea; no entenderá nada. Solo hay que pasear por ellos; especialmente por la bibliografía: la de la causa del doctorado eclesial, hecha en su origen por el bibliógrafo-bibliotecario-postulador burgense Simeón de la Sagrada Familia, que ya nos dejó recientemente; la sistemática teresiana por el también bibliógrafo y arreglador de bibliotecas y archivos además de patrólogo, el castellano Diego Sánchez; y ese inmenso acopio de estudios bio-bibliográficos, salpicadísimos de Teresa y de teresianismo por todos lados, que es la desconocida revista-anuario Archivum… o ABCT, para los entendidos.

Como la presente colaboración no tiene vuelos doctrinales ni pretensión de tratamiento exhaustivo, sino de tipo general, sólo diré dos cosas; una que conozco bien; y otra intuida.

LA COSA QUE CONOZCO BIEN

Se trata del P. Juan de Jesús María, llamado calagurritano por su cuna y por la homonimia de “Juanes de Jesús María” que pueblan la historia naciente del Carmen Teresiano. Él fue, vamos a decirlo así, el primer teresianista reconocido mundialmente. Él y el P. Gracián, actualmente los dos siervos de Dios, o sea, en proceso con causa de beatificación abierta. El P. Juan se dedicó a teologizar teresianamente; el P. Gracián se dedicó a “devocionar” teresianamente. Los dos imbuidos de la Madre. Uno la conoció y la trató (Gracián); el otro se tuvo que conformar con ser hijo de la segunda generación, pero tuvo en sus manos las copias, los escritos, las informaciones de la primerísima causa de beatificación de la Madre (1614). Y entre ambos consiguieron beatificarla, o sea, que fuera beatificada, que eso solo lo hace el Papa, por indicación del prefecto de la congregación para las causas de los santos. Ellos (Gracián y el Calagurritano) fueron unos locos. ¿A qué predicar tanto sobre la Madre, en sus natalicios año tras año, ante la curia vaticana, ante nobles y plebeyos, ante gente influyente y otra no tanto? (eso lo hizo el P. Juan). ¿A qué soñar ediciones en ruso, en chino, en polaco, en recorridos editoriales por todas las Indias: las orientales, las occidentales… y si me apuran también las celestiales, adonde fue a cantar maitines el Santo? (eso lo soñó Gracián). Pues eso: unos locos auténticos. Uno enfermó toda la vida (P. Juan) y al otro lo echaron de la Orden (Gracián); no ha de extrañar que acabaran tan mal, después de todo. Su locura teresiana les impulsó a ello.

¿Y qué pasa con todo esto? Pues pasa que Teresa transforma, cual Midas espiritual; quien se acerca a ella de veras, de veras no se va descorazonado ni defraudado; Teresa va a lo fuerte, a lo duro y al corazón del hueso, allí donde más duele: ¿que no quieres caldo? Pues toma dos tazas de obediencia, tres de humildad y cuatro de determinación. Verás qué bien te sienta al espíritu, aunque luego sufras de ardores interiores, zelo zelatus sum, que ardas en celo por el Reino, aunque luego te lo tachen y te lo censuren durante unos siglos… ¿Pero qué son unos siglos para los dos milenios de la historia de la Iglesia? También quemaron a los que luego canonizaron; equivocaciones las hay por doquier.

LA COSA INTUIDA

¿Cómo acercarnos a un santo, y concretamente a una santa que ya en el orden natural acusa rasgos excepcionales? ¿Puede uno, cristiano del montón, contar con esta doctora de la Iglesia, cumbre de la mística, para orientar su vida? ¿No será esto pura evasión, o por lo menos gula espiritual? Por de pronto, pensemos que el santo no es un ángel salido de otro mundo, formado de otro barro, ni un “monstruo de bondad” sino criatura humana que, por su fidelidad a la gracia, va sacándole el filo a su naturaleza, tanto específica como individual: en ocasiones de modo espectacular; de ordinario por un cauce seguro, la sencillez, que le libera de complicaciones triviales según va adentrándose en la claridad y la caridad de la vida a lo divino.

Es éste un texto sentido por el autor (profesor de derecho, que todo lo pensaba y, después de pensarlo, lo sentía y así lo hacía sentir a sus alumnos, mientras les hablaba al intelecto y les amueblaba mente y corazón juntos), que nos lo hace sentir a nosotros, sus actuales lectores. Teresa fue así como fue; excepcional en todos los sentidos; y así llega hasta nosotros, que podemos ser igualmente o más excepcionales que ella si nos lo proponemos al estilo de la Madre Teresa de Calcuta, quien espetó a un incordiante periodista que le preguntaba acerca de su opinión sobre la opinión del vulgo de que ella era una santa: «Yo hago lo que creo que tengo que hacer, lo que creo que Dios me llama a hacer. Y usted debería hacer lo mismo».

LA COSA QUE SABEN OTROS

Esos otros son personas y también focos o centros de teresianismo. Entre ellos quisiera enumerar los siguientes: el Centro Internacional Teresiano-Sanjuanista (CITeS), devenido en la abulense e internacionalizada Universidad de la Mística; los Teresianum romano (con su BIS rediviva), africano e indio (cada uno a su medida; y, en pequeñín, todos los antiguos y alguno actuales colegios teresianos de la Orden); el romano Instituto Histórico Teresiano (IHT) y sus tentáculos mundiales en la orientación y apoyo de la historiografía teresiana multilingüe; la plaga de institutos de espiritualidad en el mundo (en especial, el de a Distancia español) —con sus respectivas revistas y catálogos de publicaciones, en caso de haberlos—, casas de espiritualidad; casa de oración; centros de meditación y diálogo ecuménico e interreligioso; las casas editoriales, sus respectivos órganos de divulgación periodística; los centros de publicaciones y relaciones con los medios de comunicación (como el CPM valenciano, o el complejo LOM, La Obra Máxima, que junta centro misional, revista y ONGD) y sus respectivas obras esporádicas o periódicas; y cómo no las editoriales de otras órdenes y congregaciones religiosas, como también a editoriales laicas que reeditan, seleccionan y compilan la obra de Teresa y promueven el ensayo histórico y literario sobre cualquier tema que se pueda relacionar con ella.

Los grandes proyectos similares emanados de otros institutos y asociaciones nacidas en torno al Carmelo Teresiano o con influjo directo o indirecto suyo, tales como el centro de Notre-Dame de Vie (Venasque, Francia, dependiente académicamente del Teresianum romano) o los colegios y centros de estudio e investigación (especialmente el tortosino) de las teresianas hijas de san Enrique de Ossó, o las cátedras sostenidas por la Institución Teresiana y sus innumerables conexiones españolas e internacionales. Todos ellos y los relacionados con ellos emiten, producen y editan un grueso interesante de pensamiento e investigación teresianos. Para publicar la continuación a la bibliografía teresiana de Diego Sánchez hay que acudir a estos focos teresianos, de los que entresaco un botón como muestra, ofrecido desde la Universidad de la Mística (que ellos, sus responsables, conocen mejor que yo). Se trata de la obra horizontal o apaisada de la profesora doblemente universitaria de protocolo floral Mª Ángeles Álvarez Sánchez, 31 meditaciones con flores sobre los textos de Teresa de Jesús, Universidad de la Mística-CITeS–Monte Carmelo, Burgos 2012. Teresa influye hasta en los floristas, quizá por aquello del hortelano o tal vez por las virtudes, que eran flores no plantadas por ella en su propio huerto (antes, un muladar para ella) sino por la mano de Aquél, el hortelano, quien las hacía brillar (por encima del color llamativo de pecados y culpas, pues dora las culpas) para asombro de viandantes (por la vida de Teresa) y gran cura de humildad de la propia paciente.

LA COSA QUE SÉ A MEDIAS

Prometí arriba que diría una cosa (teresiana, para más datos), de la que sé sólo la mitad, porque en la primera mitad estuve yo como mediador de ella; y luego echó a andar solita y parece que ha ido creciendo, de niña a joven, hasta hacerse adulta, aunque todavía es joven. Me refiero a la investigación de fin de máster del joven artista castellonense y laico mercedario Alejandro Mañas, que se dejó caer por el Desierto de Las Palmas (Benicasim, Castellón, España) una vez más, pero ésta con intención de consultar su biblioteca y a su responsable, un servidor, con el fin de orientar la idea-motriz que le bailaba en la mente y le ardía en el corazón: la creación artística y la experiencia mística. Y es que él ya había presentado una de sus muchas obras en la exposición internacional e itinerante Arte+Fe (Cristianos en el Arte Contemporáneo), expuesta en la Fundación Pons de Madrid, con ocasión de la JMJ 2011 por ser dirigida, precisamente, por el Departamento de Cultura del encuentro. Esta muestra que estuvo también en la Ciudad del Vaticano y en el MOMA de Nueva York. De teresiana iba su obra: de teresiano-sanjuanista-sebastianista, pues eran tres botellas de plástico o cocacolas («como ejemplo universal de vida cotidiana»12) sin tarjeta de visita (evitando publicismos), y esmaltadas a tres colores respectivamente: amarillo, negro y rojo, simbolizando: el primero a Teresa, luz mística del sol; el segundo a Juan de la Cruz, oscuridad de la noche; y el tercero al mártir Sebastián, sangre testimonial. De esta manera original y sorprendente tenemos, por tanto, a Teresa representada así en el título: Santa Teresa, san Juan de la Cruz, san Sebastián. 26 x 6 cm. Botellas intervenidas con esmalte. 2011. Resultó, pues, que ofreciendo un ejemplar de este sorprendente catálogo de exposición cristiana ecuménica mundial (que dedicó a la comunidad), el artista quiso adentrarse en la representación de la experiencia mística, para lo cual le serví la obra de Victor I. Stoichita El ojo místico. Pintura y visión religiosa en el Siglo de Oro español (Alianza, Madrid 1996), llena de referencias teresianas. El artista Mañas, junto a cierto acopio bibliográfico sobre mística española, mística en general, creación artística y temas relacionados, se llevó esta obra a su estudio y estuvo indagando acerca de todo ello. Culminó su reflexión con el esperado trabajo de fin de máster, lo cual se vio acrecentado y acompañado con la llegada de aquella exposición a su tierra natal, Castellón de la Plana (Castellón, España), y el lógico eco en los medios de comunicación locales, especialmente en el suplemento cultural Cuadernos de un medio tan ajeno a lo espiritual y a lo místico como El Periódico Mediterráneo (antiguo Mediterráneo castellonense, engullido por el El Periòdic de Catalunya, del Grupo Zeta). Así que todo comenzó en un centro teresiano, alrededor de Teresa, en torno a la creación artística y la experiencia mística, y culmina con múltiples e incontables relaciones y referencias, en ámbitos totalmente ajenos al mundo conventual, religioso o espiritual. Dije que sólo sabía esta cosa a medias; sólo la mitad en donde fui mediador (ni siquiera coprotagonista); de la otra mitad, ya se encargó Teresa de ir tocando los hilos internos de Mañas. Porque Teresa influye.

DEJANDO LA COSA SIN CONCLUIR

«(…) con un redoblado empeño de seguir trabajando interdisciplinarmente la obra de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz como un tesoro que sólo podrá ser nuestro en la medida en que sea de todos14». O sea: si no es de todos, no es nuestro. O no es de nadie, o no es, sencillamente. El tesoro de Teresa es todo esto y lo que no se dice sino fluye silencioso internamente. La frase entrecomillada es de Salvador Ros, en la presentación de un congreso internacional organizado entre el CITeS y la Pontificia Salmantina, hito en la colaboración extracarmelitana de esa realidad de futuro (más que de presente) llamada CITeS . Y tenía toda la razón. Teresa no es “nuestra”, no es de nadie; ni siquiera es suya (de ella). En todo caso, si ha de ser de alguien, es de Dios. Él tomó posesión de todo el universo teresiano, una vez que ella se rindió en la lucha que toda persona tiene, antes o después (mejor antes que después) con Dios; Jacob luchó con el ángel y, como éste no acababa de vencerlo, le tocó el muslo causándole una cojera perpetua al padre de las doce tribus de Israel; y en la historia de todos los santos se ve, con mayor o menor nitidez, esa lucha con Dios en los inicios de su vida auténticamente cristiana. Teresa luchó lo suyo; y finalmente experimentó un retruécano con humor: me forzó para que me hiciera fuerza. O sea que Dios nunca fuerza; en todo caso, te pincha para que seas tú quien, a la postre, te decidas por fin a darte del todo (porque Él es un Dios ganoso de darse). Pues bien, Dios, por medio de Teresa (su única palabra fue ésta: Dios15), se hace presente en todos los ámbitos del ser humano, especialmente en la cultura y en la espiritualidad, como se ha querido dejar constancia, aunque pobremente, en las presentes y apretadas líneas. Que este aprieto sirva como acicate para después desahogarse serena y personalmente en la lectura de las obras de Teresa de Jesús, esa mujer insigne, esa monja inquieta y andariega, esa santa como la copa de un pino, esa doctora de la Iglesia universal (además de doctora honoris causa de diversos centros académicos), esa multipatrona (países, regiones, ciudades, pueblos, estamentos, instituciones, colectivos, y hasta los más llamativos oficios, como el de registrador de la propiedad), ese diamante en bruto que Dios supo tallar y presentar al mundo bajo la forma característica que todas las representaciones de la Cultura y la Espiritualidad han producido en estos 500 años, desde que una niña nació en 1515 hasta el inicio de su  Quinto Centenario en 2015.

 

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