Las grandes “intuiciones” de la Madre Teresa

Las grandes “intuiciones” de la Madre Teresa

Escrito en: dic 05, 2014

obras completas Santa Teresa Por Daniel de Pablo Maroto, Carmelita Descalzo, “La Santa”.

Los genios de la humanidad son “grandes” no sólo porque tienen ideas luminosas, deslumbrantes, grandiosos proyectos y realizaciones, sino por sus intuiciones, que brotan posiblemente de su inconsciente y de las que no son siempre conscientes de su trascendencia futura. Somos nosotros, lectores y analistas racionales, los que descubrimos, en la secuencia de los siglos, la grandeza y el valor de sus hallazgos. Releyendo los escritos de santa Teresa, analizando su quehacer de fundadora, descubro que algunas de sus obras son auténticas intuiciones que, después de siglos, somos capaces de apreciar en su justa grandeza.

1 – El valor social y religioso de la cultura. Nacida en tiempos del humanismo renacentista, carente, como mujer que era, de una formación académica correspondiente a su talento, intuyó que las “letras”, el conocer y el saber no eran sólo armas para triunfar en la vida (de ello vivió despreocupada), sino para “vivir en la verdad”. Por eso buscó, en su ignorancia, “maestros” totales, de buena vida y entendimiento, pero, sobre todo, “letrados”, profesores de universidad, teólogos y exegetas de la Sda. Escritura. Admira ver cuántos talentos enseñaron y admiraron a una mujer, de grado inferior en el escalafón social y de muy inferior cultura. En mi opinión, con ese gesto Teresa se vengó de la misoginia de su tiempo y la superó, al menos en su persona. No logró hacer escuela, pero es un modelo para el estudio.

Cuando ideó la rama masculina de su Reforma del Carmelo, los carmelitas descalzos. contra el pensar común en la institución, nutrida de personajes variopintos y de una plural procedencia, también gente ermitaña, defendió la idea de fundar conventos no sólo en las grandes ciudades, sino junto a las universidades más prestigiosas del momento, sobre todo Salamanca y Valladolid, proyecto realizado.

2 – Apología de la oración cristiana. Nos parece extraño ahora que la práctica de la oración cristiana fuese un tema polémico en el siglo XVI español. Pero es una realidad histórica incuestionable. Debatían la conveniencia o no de su ejercicio algunos “teólogos” e inquisidores contra los “espirituales” y místicos. Teresa de Jesús, espiritual y mística, se alineó con los grandes espirituales de aquel tiempo, intuyó y defendió la dignidad de la oración vocal y la mental-meditación; contra los teólogos medrosos escribió frases atrevidas y libres, casi insolentes en aquel tiempo, para explicar que la oración cristiana no es un ejercicio de piedad peligroso, en cualquier caso mucho menor que el no hacer oración. El peligro está en los que prohíben o impiden hacer oración. Para ella, el “camino de la oración” equivalía a “camino de perfección” cristiana, medio para la reforma personal y colectiva.

Además, ella pasó de la teoría a la práctica. No sólo sus obras escritas son una atrevida y brillante apología de la oración cristiana, sino que fundó una institución femenina cuyos miembros estaban dedicados principalmente a la oración no sólo vocal y mental, sino contemplativa y aun mística. ¡Osadía de una santa libre y carismática!

3 – Dimensión misionera de la vida contemplativa. En su tiempo existían conventos femeninos de clausura, sobre todo después de los decretos de reforma del concilio de Trento (1563). Cerrados en sí mismos, creaban la ilusión de que eran lugares donde las candidatas se santificaban en el encerramiento de los muros, lejos del mundanal ruido, en la ascesis rigurosas, en la pobreza personal y colectiva, etc.

Teresa de Jesús, fundadora de una Reforma de monjas de clausura (lo evidencia el convento de San José, “Las Madres”, en Ávila, el primero de una serie), intuyó que era una finalidad restringida. Sin excluir la santificación personal, abrió el horizonte material cerrado de la clausura a la “acción misionera de la Iglesia”. Santa Teresita del Niño Jesús, carmelita descalza del siglo XIX, elaboró una profunda y hermosa teología de la “misión” evangelizadora de los contemplativos puros: ella y todos los llamados a esa vida son el corazón de la Iglesia. Si san Ignacio se define como “contemplativo en la acción”, las monjas de la madre Teresa son “activas en la contemplación”.

4 – Valoración social y eclesial de la mujer. Tiene casi valor de axioma histórico el hecho de la misoginia ambiental, también en la España y Europa cristianas: la mujer seguía siendo un ser de segunda categoría en la sociedad y en la Iglesia. Teresa intuyó la injusticia de una opinión tan generalizada y se puso a “dar voces” en sus apuntes íntimos que pronto salieron a luz pública, pero fueron corregidos por la censura de los teólogos, no ahogados del todo porque todos sus pensamientos, sus emociones han sido recuperados. Ella sólo pedía un lugar para enseñar lo que sentía en su interior como iluminaciones divinas: que Dios existe y actúa en la historia y en las personas; que Cristo es el mejor amigo del mundo; que la oración, sobre todo la mística, es el ámbito donde el hombre se convierte en persona libre, etc. En pocas mujeres de su tiempo y de la época medieval se encontrará una apología más lúcida de la mujer y su significatividad en la sociedad y en la Iglesia que en Teresa de Jesús. Pero su defensa de la mujer no corresponde exactamente con las tesis de las feministas modernas.

5 – Reacción ante lo difícil pero posible. Para concluir, recuerdo la capacidad de reacción de Teresa de Jesús ante las dificultades, sobre todo constatable en su quehacer como fundadora de conventos. Comenzó su tarea a los 47 años de edad (San José de Ávila en 1562), más bien elevada para una mujer de entonces, llena de achaques, enfermedades, viajera permanente en carros o a lomo de caballerías, transitando caminos o trochas nevados o enfangados, soportando las inclemencias del tiempo helado en invierno y sofocante en verano, los dineros escasos, etc. Para todo encontraba soluciones aquella genial “baratona”, capaz de dirigir hoy cualquier empresa internacional. Ella intuía las soluciones, las improvisaba sobre la marcha. Las aventuras fundacionales de la madre Teresa, tal como las narra ella en el libro de las Fundaciones, leídas hoy en su misma salsa, son un recreo para el lector. Un libro de viajes lleno de frescura y encanto.

El capítulo de “intuiciones” de la madre no se agota con las anotadas, pero son ejemplos elocuentes de su inagotable capacidad creadora, propia de una mujer genial.

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