Lecturas con las hijas de Santa Teresa. Carmelo de Donamaría

Lecturas con las hijas de Santa Teresa. Carmelo de Donamaría

Escrito en: ago 07, 2014

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Desde el Carmelo de Donamaría en Navarra nos proponen la siguiente lectura y reflexión. 
“Muchas veces he pensado, espantada de la gran bondad de Dios, y regaládose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia. Sea bendito por todo, que he visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno. Por ruines e imperfectas que fuesen mis obras, este Señor mío las iba mejorando y perfeccionando y dando valor, y los males y pecados luego los escondía; aun en los ojos de quien los ha visto, permite Su Majestad se cieguen, y los quita de su memoria. Dora las culpas; hace que resplandezca una virtud que el mismo Señor pone en mí, caso haciéndome fuerza para que la tenga”. (V 4, 10)

Comentario:  “La gran bondad de Dios”. El Dios de Teresa
Teresa tiene prisa de hablarnos de Dios y en Vida ocurre algo parecido a lo que aparece en los Evangelios: que adelantan la visión pascual de la fe. En los primeros capítulos de Juan, por ejemplo, cuando Jesús comienza a llamar a sus discípulos, éstos empiezan a llamarle con nombres que sólo han podido comprender después de la Resurrección.  Igual Teresa: antes de narrarnos su conversión, intercala dentro de su biografía parte de su experiencia sobre Dios conocida a partir de su “vida nueva”. Y es que Vida es un libro donde Teresa cruza su historia con lo que es clave de su vida: la oración. Los títulos de los capítulos lo reflejan muy bien:
Trata cómo fue perdiendo estas virtudes… capítulo 2
Trata cómo fue parte la buena compañía para tornar a despertar sus deseos… capítulo 3
Cómo la ayudó el Señor para forzarse a tomar hábito… capítulo 4
Prosigue en las grandes enfermedades que tuvo y la paciencia que le Señor le dio… capítulo 5
Trata en lo mucho que debió al Señor en darle conformidad y tomó por medianero y abogado al glorioso san José… capítulo 6
Trata por lo término que fue perdiendo las mercedes que el Señor le había hecho… capítulo 7
Trata del gran bien que le hizo no se apartar del todo de la oración… capítulo 8

Ahí ha llegado Teresa: al bien de la oración. Muy claramente ha descrito el itinerario: un vaivén de pérdidas y adquisiciones. En ese recorrido desde su vida a la oración, pasando por la enfermedad, casi sin proponérselo, Teresa nos dice confidencialmente  cuáles son los rasgos fisonómicos del rostro de su Dios. Lo hace en dos delicadas elevaciones que salen de su pluma en los capítulos 4 y 8. Son dos deslumbrantes ensayos de micro-teología teresiana y, claramente, Teresa no los ha podido leer en la teología de su época, son de ella que había hecho un trayecto de 20 años sentidos de este modo: “¡Oh Señor de mi alma! ¡Cómo podré encarecer las mercedes que en estos años me hicisteis! ¡Y cómo en el tiempo en el que yo más os ofendía, en breve me disponíais con un gran arrepentimiento para que gustase de vuestros regalos y mercedes! A la verdad, tomábais el más delicado y penoso castigo…con regalos grandes castigábais mis delitos” (V. 7, 19)

Vida va a ser el libro de la oración teresiana y, a la vez, la historia de Dios en ella. Sorprende que una mujer que no es ni teóloga, ni filósofa ni biblista tenga una noción de la oración como cosa de amigos. Pero de amigos desiguales: Dios y el orante.
“Tratar – tratarse – trato” son vocablos especiales dentro del lenguaje de Teresa. Necesita usarlos mucho: la oración es trato. Con un arranque: “sabemos que nos ama”
Para ella es fundamental la convicción de ser amados: “!Oh qué buen amigo hacéis, Señor, cómo le vais regalando y sufriendo y esperáis a que se haga a vuestra condición, y tan de mientras le sufrís Vos la suya! Tomáis en cuenta los ratos que os quiere y con un punto de arrepentimiento olvidáis lo que os ha ofendido”. (V 8, 6)Una amistad que modela, porque la experiencia de Teresa es que la oración es un gran bien para todos. “Pues si a cosa tan ruin como yo tanto tiempo sufrió el Señor – y se ve claro que por aquí se remediaron todos mis males – ¿qué persona, por malo que sea, podrá temer? Porque por mucho que lo sea, no lo será tantos años después de haber recibido tantas mercedes del Señor. ¿Ni quién podrá desconfiar, pues a mí tanto me sufrió, sólo porque deseaba y procuraba algún tiempo para que estuviese conmigo? Y esto muchas veces sin voluntad, por gran fuerza que me hacía, o me la hacía el mismo Señor.” (V 8, 8)
Teresa tiene prisa, NECESITA, decirnos cómo es el Dios que se ha hecho presente en su vida. Hay muchos atributos en Dios pero ella ha estrenando morada en la Iglesia entrando por la puerta de la oración y topándose con un Dios todo bondad, misericordia y magnificencia. Presiente que su vida es teología, que el proceso de su vida dará origen a una novedad en el conocimiento y experiencia de Dios. A partir de ella nada va a ser igual: la persona humana ha adquirido un rasgo más de su Dios. Por eso Teresa no quiere escribir muchas páginas sin decirlo, aunque todavía no ha llegado a los sucesos tal como ocurrieron. Al fin y al cabo, el tiempo no es sólo cronología, también es gracia. Y Teresa lo sabe. Mientras Lutero abría brechas, Trento definía y Copérnico giraba el universo, una mujer orante escribía en su celda del recién fundado convento de San José, sin mesa, de rodillas, con mano firme y conmovida su alma:
“Muchas veces he pensado, espantada de la gran bondad de Dios, y regalándose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia. Sea bendito por todo, que he visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno. Por ruines e imperfectas que fuesen mis obras, este Señor mío las iba mejorando y perfeccionando y dando valor, y los males y pecados luego los escondía; aun en los ojos de quien los ha visto, permite Su Majestad se cieguen, y los quita de su memoria. Dora las culpas; hace que resplandezca una virtud que el mismo Señor pone en mí, caso haciéndome fuerza para que la tenga”.(V 4, 10)

¿Hay huella de este Dios de Teresa en mi vida?

 

 

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