LOS DIENTES DE LA CORTE

LOS DIENTES DE LA CORTE

Escrito en: jul 24, 2015

PERALES DEL RÍO – MADRID – POZUELO DE ALARCÓN –BOADILLA DEL MONTE

Cada vez que cogemos el coche hasta nuestro próximo destino, cuando ya pisamos asfalto y el paisaje custodia al bastón, reafirmo mi tesis de andar por casa. La verdadera variedad geográfica y paisajística de España es un caso extraordinario. En tan solo 1000 kilómetros podemos encontrar las montañas, cuevas y bosques que alimentan a bruxas, meigas y leyendas, como vernos recorriendo los páramos más secos e inclementes donde Juan Rulfo también habría podido prender en llamas.

Subimos dirección Madrid. Isak ya nos espera allí, en Perales del Río, a no más de veinte minutos de su casa. Padre David y yo intercambiamos opiniones muy distintas sobre estos dos días en la villa. Para él, una visita a amigos y familiares, a la casa provincial de Plaza España. Para mí, un sonido perpetuo de llamadas y quiebros. Pero seguimos caminando.

Llegamos al colegio de las Carmelitas Misioneras. La masa de niños paladea sus últimos días de clase y por ello muestran clemencia con la capilla y el bastón.  Entran en fila india. Van correteando sus miradas, trazando el mapa para ubicar los focos de interés. Bastón al frente, la chica que no les hace ni caso a un par de bancos, el bruto a su espalda y la profe bien posicionada para evitar empujones o pellizcos en costilla.

Tras terminar la ceremonia  y después de las sendas entrevistas a la priora y al Padre David por parte de Telemadrid, subimos a comer con la tele puesta. ¡Vamos a vernos en la caja tonta! Sin duda el ser humano es particular… Mientras repasamos nuestras andanzas, alrededor de un arroz pasado, las Hermanas nos cuentan la historia de Perales del Río y el fusilamiento del Cristo que tuvo lugar a un par de kilómetros en la Guerra Civil. De nuevo el relato de las dos Españas. Los pies en la espesura del fango, mientras nos seguimos destrozando a garrotazos. Pero como viene siendo habitual, la comida no podía terminar con la frialdad de una posguerra jamás vivida por los presentes y vuelven las carcajadas al  referirme a una de las Hermanas de Corea de usted. “¿Pero qué dices, chaval? Ni se te ocurra llamarme de usted”.

De ahí al centro. A pesar de ser arteria principal Gran Vía y Plaza España, no encontramos mucho tráfico y pocos minutos después nos encontramos en la azotea de la casa provincial, donde podemos disfrutar de una vista verde de la plaza, el comienzo de Princesa y parte del parque oeste. Chispea. Y se agradece. Un aire que no es de este tiempo eleva algo el espíritu, como si estuviésemos anticipando el norte. Suenan las campanas y el idilio termina ahí  ya que toca volver a faenar.

A la mañana siguiente nos movemos hacia el colegio San Luis de los Franceses, en Pozuelo de Alarcón. Los cantos del chico del coro, literal, remarcan la pluralidad y extensión de la Orden del Carmelo Descalzo.  Son cientos los rostros que no pueden disimular una sonrisa al verse besando, reflejados en la caja del bastón, una cosa tan peculiar y tan vieja.

Por la tarde llegamos a la casa de los Carmelitas Descalzos en Arturo Soria. Una iglesia prácticamente desierta y un Cristo que acoge e invita a un aforo mucho más generoso, es lo que nos encontramos nada más llegar. Poco a poco, van entrando viandantes movidos por la generosa cartelería que completa la fachada y los canticos teresianos que salen por el altavoz de la puerta. De ahí saltamos un par de calles hasta el evento con más resonancia de la jornada, al contar con la presencia de Mons. Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, que nos habla sobre una “Iglesia joven. Porque el mensaje de Jesucristo siempre es nuevo.  Y el corazón del hombre cuando lo atisba o lo ve, se entusiasma”.

Tras las verjas del locutorio y con la imperiosa necesidad del descanso después de tanto trajín, nos marchamos de Arturo Soria a Plaza España de nuevo. Esa noche el Padre David y yo tenemos ocasión de ir a cenar juntos a una autentica taquería ubicada en la Calle Hileras. Entre micheladas y chipotle, hablamos sobre las idas y venidas que va dejando “Camino de Luz”. Sobre los anhelos del fin de la misma (como viene siendo habitual en toda empresa digna de mención) y lo que haremos con la cesión de tiempo que nuestros respectivos quehaceres nos permitan durante este verano.

Con sabor picante, en ojos y boca, nos despertamos en Boadilla del Monte. En una sencilla celebración, que a pesar de la lluvia consigue llenar la iglesia, se despide el bastón de la capital. Antes de coger carretera tenemos ocasión de charlar con dos Hermanas Siervas del Hogar de la Madre. Una congregación reciente que vive el espíritu teresiano aunque distintos carismas.

Existe una dulzura propia, un deslizar las palabras distinto, en esas almas que a tan temprana edad optan por la radicalidad del sí. Y esta vez lo degustamos con acento estadounidense y peruano. Sus testimonios nos conmueven. Tanto a Isaac como a mí. Porque sigue impresionando ver rostros más hechos para copas y luces de neón convertidos; por abstracción y realidad palpable, en rostros de velos y novenas.

Dejamos atrás la ciudad donde soñó con poder fundar Santa Teresa de Jesús por lo que en ella se “ventilaba”. Durante la próxima semana iremos saltando de fundación en fundación por Castilla y León, reviviendo las inquietudes que entonces y hoy sigue despertando la romera de Dios.

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