Luz, Música y color

Luz, Música y color

Escrito en: ene 21, 2015

Camino Luz Kenia

Por Amaya Álvarez.

África te deja con la boca abierta desde el primer momento. Y me parece muy osado hablar de África en general, ya que se compone de 53 países con paisajes, culturas, idiomas completamente diferentes. África es un continente geográfico y encasillarlo en un prejuicio o una identidad no me parece correcto… pero, en realidad, también es una idea mítica en el imaginario colectivo, a raíz de películas y documentales. Uno cierra los ojos y se imagina esa África misteriosa y fascinante, de animales salvajes y naturaleza exuberante. Yo no puedo evitar pronunciar África en un susurro para tratar de evocar así esa ensoñación y no puedo evitar sonreír.

Aunque concretamente estamos en Kenia, lugar que no desmerece en absoluto esa imagen idílica, pero que también sorprende con el orden y la organización. Uno se espera algo tal vez menos metódico, y es que la gente es alegre a más no poder, la música y el ritmo están en todas partes, y por ello uno se espera algo más de desorden o improvisación. Pero no, para mi es el perfecto equilibrio.

Por otra parte está el humor, bromear es parte de las relaciones cotidianas y uno no se libra por ser extranjero. Desde el primer momento eres partícipe de chistes y bromas. Kenia es maravilloso. Acabo de marcharme y ya quiero volver.

Nada más llegar nos advirtieron de que para ellos era muy importante la música y el coro, que tenía mucha relevancia durante las celebraciones. También con una sonrisa, que a los africanos les gusta mucho hablar y que las homilías podían durar bastante. Esto nos lo comentaban de camino al 75 aniversario de la primera fundación de monjas carmelitas descalzas en Kenia, el Monasterio de Nairobi.

Como nos ocurre muchas veces, luego lo comprendimos. Un coro de más de 30 personas y otras tantas niñas como cuerpo de baile dieron inicio a la eucaristía. Voces maravillosas pero, sobre todo, la emoción como si toda esa energía fluyese directamente de un lugar muy profundo y fuesen solo una voz. Sobrecogedor.

Pero esto no fue más que el principio. Después tuvimos el privilegio de hablar con la Madre superiora, Monique of The Blessed Heart, que nos proporcionó una de las entrevistas más sinceras y hermosas que hemos realizado hasta ahora. Nos habló de la importancia de la familia en África y de lo duro que podía resultar para una monja de clausura saber que por su elección no iba a poder acompañar a su familia en los trances más difíciles, no iba a poder ayudar económicamente, para luego elevar la mirada llena de luz y contarnos que era necesario confiar en Dios y que si ella había recibido esta llamada, estaba segura de que el señor cuidaría de su familia y así estaba siendo. Hay que dejarse en las manos de Dios, nos dijo. De nuevo tengo la sensación de que sus palabras vienen de un lugar muy profundo. Esa sensación me ha acompañado en todo momento desde que llegamos aquí.

Después me dijo algo que me emocionó mucho y es que yo creo que las monjas Carmelitas tienen un radar para ver exactamente que necesitas y decirlo en el momento perfecto. Me dijo, “Han escogido a la persona adecuada”, dando de lleno en la diana de mis dudas y preocupaciones.

Pero aún quedaba mucho más, emprendimos viaje hacía Tindinyo en dirección oeste, hacía el lago Victoria. Y de allí a Kisii, para asistir a una celebración en lo alto de una montaña magnífica donde se reunieron al aire libre miles y miles de personas, los bailes, los aplausos, los gritos, no cesaron. Muestras de alegría y bienvenida constantes. Después una celebración donde Sta. Teresa fue el eje de la homilía para dar paso posteriormente a más cantos y bailes, hasta que se puso el Sol. Al regresar caminando monte abajo decenas de niños me perseguían divertidos y una de las más osadas, de 4 o 5 años, vino y me tomó la mano directamente, cuando la miré, me sonrió expresiva y se me llenó el corazón de amor. Entre risas de sus amigos, otra valiente me cogió la otra mano, y a ellas se fueron uniendo más y más niños, así bajamos la montaña, todos entrelazados y yo sintiendo que en ese mismo instante podía estallar de felicidad.

No sé expresar lo que este lugar y estas personas te aportan, es una sinceridad que desarma. Una honestidad, elegancia, dignidad… la palabra que busco es dignidad, que hace que inmediatamente sientas admiración. Corazones puros. Esa es mi sensación al irme de aquí. No hace falta que diga que totalmente enamorada. Creo que se me nota bastante.

Pero no he hablado casi nada de los Frailes que nos acompañaron en todo este periplo de carreteras rurales y viajes de horas, con los cuales disfrutamos de la verdadera experiencia africana, música, risas, paciencia en muchos momentos, alegría en todos y una preocupación constante porque comiésemos cada 15 minutos. Maravillosos. Os recuerdo y os echaré de menos.

Me voy con las pupilas llenas de colores nuevos. Agradecida como siempre, sin terminar de entender esta suerte.

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