Palabras robadas

Palabras robadas

Escrito en: nov 17, 2014

DSC00501-e1416259964556Por Amaya Álvarez.

Quiero robarle unas palabras a la hermana María Mónica de Jesús, Monja Carmelita del Carmelo de Mar del Plata.

Espero que no se moleste, pero es que ella en una frase ha concentrado mucho de lo que siento y no expreso. Bueno, en realidad, ella también tomó prestada la frase al obispo Pedro Casaldáliga, dice así:

“Al final del camino me preguntarán: ¿has vivido? ¿has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de rostros”.

Muchas personas me preguntan qué estoy viviendo, qué tal es la experiencia. Y es una pregunta compleja, porque es una vivencia compleja. Estamos lejos de nuestras familias, de las personas que nos quieren y nos ha servido de sustento siempre; a cambio, hemos caído en otra familia que se esmera en cuidarnos y querernos también, pero cuyos rostros cambian más o menos cada cuatro días.

Estamos en una misión que yo muchísimas veces siento que me queda muy grande. Y voy un poco ahogada tratando de dar lo mejor de mí, pero muchas veces sigo sin entender. No sé qué hago aquí, no sé por qué yo. Y no sé qué dar para ser merecedora de todo esto.

Esto es duro. Por más que sea una experiencia única, indescriptible y una gracia inmensa, es duro. Sin embargo, sé a ciencia cierta que volveré transformada y mejor. Y que bastantes meses después de mi regreso llegará ese instante en que veré todo claro y entenderé mucho de este viaje que aún no comprendo. Sé que todo se colocará en su lugar y pensaré alucinada, AHORA ENTENDÍ.

Pero mientras, en el día a día, sólo vivo un tumulto de emociones, aprendizajes, voces, olores… Mis ojos están llenos de paisajes, que la mayor parte de las veces tengo que fijarlos en un instante.

No da tiempo a procesarlo, sólo a cargarlo en la mochila y seguir. Pero llegará el momento en que cuando todo esto pare, todo se coloque y entonces sonreiré y veré un montón de caras llenas de cariño que me sonreirán de vuelta complacidos como dándome a entender que ese es exactamente el cachito de ellos que tenía que llevarme.

Gracias otra vez Hermana María, por tus palabras y por esa frase que siento que define mi momento.

Y pronto volveré a una crónica alegre de los lugares por donde pasamos. Pero esto también es parte del camino, de un camino mucho más complejo. De un camino hacia dentro.

 

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