SONRISAS POR CAMINO

SONRISAS POR CAMINO

Escrito en: may 30, 2015

TALAVERA LA REAL.

Suena el despertador casi a la vez que cerramos el párpado y ya hay Misa. Isak, nuestro cámara, y el Padre David, el custodio del bastón de Teresa de Jesús, salen escopetados hacia la parroquia.  Yo entretanto, me ocupo de recibir las magdalenas, bizcochos y demás golosinas “para el camino”. 20 minutos…

“Espera hijo. Que se me ha olvidado las botellas de agua”. Sale corriendo. Literal. 74 años y quemando chancla por los pasillos del convento. Vuelve con tres botellones. Se ajusta las gafas, sonríe y planta dos besos.

¡Menuda resaca primaveral! Badajoz es hermoso.

Tras recoger la reliquia y viendo como el aliento de Talavera la Real ya empezaba a soplar el tiempo, cargamos todo en nuestro robusto C5 y nos ponemos en camino.

Una vez allí, el  envejecido pueblo nos recibe con entusiasmo. Algunas caras jóvenes se cuelan en la estampa, como quien ve un anacronismo en la televisión, con esa distancia. Sin embargo, empiezan a cantar las carmelitas descalzas y el silencio se pone firme. Los curiosos y feligreses las miran a ellas. Ellas al sagrario. Y nosotros escribimos y fotografiamos.

Hay un pequeño susto y una mujer se desvanece poco antes del “Podemos ir en paz”. Todo se agita y parece que todo se va a romper pero se queda solo en el susto. Ayuno por la Santa.

Nos arrastran al convento, de nuevo a las entrañas de la clausura, y nos obligan a acomodarnos y esperar con boca abierta. Nos ubican en una terracita agradable en mayo, quizás un suplicio en el agosto extremeño. Ahí transcurre una comida extraordinariamente sencilla, rica y amable.  Una monjita me insiste en que a su derecha hay un hueco libre. Parece muy seria, hasta que apura su copita de agua y se anima a contarme su historia. Su mirada va repescando años de carrera (Ingeniera civil), de éxito profesional y personal. Un Dios de bolsillo ocupaba su vida hasta que este se puso a trepar a raíz del camino neocatecumenal.

“Hasta llegar aquí. Y te digo. Lo importante es el Evangelio. Da igual la congregación. Él es el libro vivo”. Cierra con sonrisa.  “Mírala a ella que te va a decir cosas bellas”.

Ya nos vamos dirección Fuente de Cantos. Y antes de la foto de familia un brazo se cuelga del Padre David. La Madre Paula. 89 inviernos y los movimientos de una chica en fin de curso. Ojos azules que tienen prohibido envejecer. Su misión es la de bailar, reír, orar, contar chistes y lanzar pétalos. “¡Ay hijo! A ver cuándo me llaman desde arriba”.

Quizás lo que más me ha impactado de este día tan intenso es la confirmación de la alegría en la clausura. Uno, con su estrecha inteligencia y con sus esquemas bien pegados a las paredes craneales, podría pensar que clausura es significado de arraigo a lo diminuto por encerramiento, por represión, por confinamiento. No. No transmiten eso. Aman esas cuatro paredes porque han discernido durante años y años el color, la compañía y la textura que tendría decir “sí” a Jesús.  Una realidad hermosa y contagiosa. Este tipo de alegría existe.

 RICARDO MORALES JIMÉNEZ

MEDIOS 5 (1)

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