¿Qué sigue aportando Teresa a la espiritualidad de hoy?

¿Qué sigue aportando Teresa a la espiritualidad de hoy?

Escrito en: dic 11, 2014

Por el P. Miguel Márquez.

AUTENTICIDAD

Es auténtica en todo lo que dice y hace. Su palabra y sus escritos huelen a verdaderos, sin atisbo de mentira o afán de aparentar.

Lo primero que me llama la atención de Teresa no es lo que dice en sí, sino cómo lo dice y desde dónde lo dice. Indudablemente, lo que dice apunta al corazón de su experiencia, pero ella, mujer inteligente y libre, no deja como principal herencia lo que le pasó, lo que escribió, sino Quién le pasó, de Quién se enraizó y enamoró. Y no nos deja apresados en sus escritos, nos lanza más allá. Se relativiza a sí misma y sus escritos. Maestra verdadera.

Ella le dice a la espiritualidad de hoy que vuelva a la Galilea de sus orígenes, a Cristo, Amigo y Compañero. No vale cortar y pegar los textos teresianos, la espiritualidad nace en el desconcierto de un camino hecho, como ella, de auténtica búsqueda de amor verdadero. Y para eso hay que empezar a perderse a otros amores y confiarse a un Amor… para tener, como ella, palabra propia, no prestada. Es esencial a la espiritualidad esta novedad de la Palabra, que nos circula viva, porque pertenece a Otro habiéndose tejido en nuestro seno.

ALEGRÍA

Contagia frescura, corre aire por todas sus páginas, nada en ella huele a rancio.

Teresa contagia alegría, y recuerda que la alegría está en el corazón de todo lo que Cristo significa para nosotros como rostro de Dios. La espiritualidad que no germina en alegría no huele a verdadera.

Un cierto descaro y desparpajo, que nace de saberse amada, de una afectividad bien sanada y saneada, nace de la confianza, de saber quién el Él y quién es ella.

REALISMO

Tiene los pies en la tierra. Su doctrina no está colgada de razonamientos previos, (Afortunadamente no estudió en la Gregoriana, ni en Comillas, ni en Salamanca) parte siempre de la vida. No se pierde en comentarios a grandes autores, ha hecho la síntesis, ha gestado su proceso. La espiritualidad necesita este realismo teresiano, para ser más humana. Está inmersa en su tiempo. Exorciza la manía de pensar la santidad y la mística como evasión y ‘anormalidad’. Nada más real y humana que la vida y la espiritualidad de Teresa. Hoy la mística teresiana vuelve a ser el descubrimiento del Dios en la entraña de lo humano. Ella enseña que lo más extraordinario es lo ordinario, vivido con otra clase de amor, con otra mirada. Mujer de antenas levantadas, enseña con su actitud que la espiritualidad nos hace vigías en la noche de este tiempo, en los basureros del mundo, en los arrabales del corazón. Allí, precisamente, hay una invitación a entrar al castillo donde se deleita el Rey amoroso. Ese castillo en el centro mismo de cada persona.

ENTRAÑAS

Teresa aporta a la espiritualidad su ser mujer, sus entrañas, su fina percepción de la realidad desde un ángulo diferente al de los varones de su tiempo.

No en vano ella se convierte en maestra, precisamente por no copiar, por tejer desde su peculiar feminidad todo lo que vive, dice, hace y escribe. A la espiritualidad de ayer y de hoy le hacen falta entrañas, le sobra seguridad y frialdad.

Teresa le aporta a la teología la verdad de su condición de mujer, pone en juego un entrañable sentido de las cosas y de las personas.

Es vulnerable, no lo esconde, esto no le hace menos fuerte, al contrario.

Sus enfermedades, su ‘ruindad’, su experiencia del infierno, de las vanidades humanas, su conocimiento de las personas, le generan compasión por todos, por cada pecador y los trae a sus propias entrañas. Esta comunión compasiva es un reto y una profecía decisiva para la espiritualidad de nuestro tiempo en un mundo cada vez menos entrañable, menos inclusivo, más globalizado, menos comunicado y menos hogar. A Teresa le duele cada ‘otro’.

PASIÓN por Cristo y por todo

Nada de sus escritos resulta aséptico, frío. Es apasionada, está enamorada, y no descansará hasta encontrarse con Él, por eso vive muriendo por verle y encontrarle, aquí y más allá.

Toda ella es pasión. Pasión por la salvación de las almas, pasión por la Iglesia y la comunidad, pasión por comunicar lo recibido. Pasión por aprender. Pasión por vivir la amistad.

DISCERNIMIENTO

Una de las grandes aportaciones de Teresa a la espiritualidad es su fina capacidad de discernimiento en los intrincados caminos de la búsqueda interior. Ella nos avisa en todas sus páginas de los espejismos, engaños y manipulaciones que acaecen en este camino. Este discernimiento es tan necesario entonces como ahora. Ella lo buscó y lo ofreció.

CONCIENCIA DEL DON Y LA MISERICORDIA

“Sabemos nos ama”. Pone las cosas en su sitio reconociendo constantemente la primacía del DON de Dios, su amor primero, su absoluta y soberana iniciativa. Lo primero de todo, la misericordia del Señor, que ella cantará eternamente. Por tanto, no es la espiritualidad ante todo, un proyecto moral, sino un dejarse amar, dejarse mirar, dejarse querer… sólo entonces afluyen en nosotros los dinamismos de una entrega que desbordará las estrechez de las exigencias morales y legales y las sobrepasará con creces.

LIBERTAD

Teresa no se vende a los escuchantes, no se vende a los censores (aunque les mire con el rabillo del ojo y sepa que están al acecho), no dice palabras contentadoras (aunque sabía agradar)… Podemos decir que, frente a los críticos y malpensados, se mantiene íntegra, libre.

Le dice a la espiritualidad que la palabra espiritualidad viene de Espíritu y que el Espíritu sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene, ni a dónde va… por tanto, es esencial a la verdadera espiritualidad saberse Iglesia, obediente, pero no servil, no sometida a disciplina de partido, no previsible. Así es Teresa, mujer libre, en el Espíritu, mal que pesara a los que se sintieron incómodos con su novedad y desparpajo.

FE

En este tiempo de pocas evidencias transcendentes, leer a Teresa es asomarse a un paisaje que ansiamos e intuimos pero que no nos atrevemos a afirmar con su rotundidad y desvergüenza: Su afirmación de Dios nos resulta hoy impúdica. Y no ya solo la afirmación de Dios, sino su modo de relacionarse con Él, tan intenso y amoroso que hace a los ‘entendidos’ de este mundo imaginar todo tipo de taras y perversiones en ella.

Nos hace falta esta impúdica y enamorada forma de nombrar a Dios.

HUMILDAD

Finalmente, a la espiritualidad de nuestro tiempo, como a la Iglesia, como a nuestras comunidades, le hace falta urgente esta humildad evangélica, teresiana, para situarnos en este mundo plural como verdaderos hijos de Dios, hermanos, al lado, no desde arriba. Así era la palabra de Jesús, que no caía desde arriba, sino que germinaba desde su propia vulnerabilidad y por eso tocaba el corazón de las personas.

Teresa fue una mujer humilde, esa fue su mejor arma frente a todas las críticas y a todas las contradicciones de su vida, la puerta que le abrió camino y que nos la ha traído reciente a este hoy que necesita dejarse mirar por aquella mirada que a ella la hirió y la fundó.

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