Sucedió en el Convento de San José en Ávila

Sucedió en el Convento de San José en Ávila

Escrito en: ene 21, 2015

Por el P. Luis Javier Fernández Frontela.

Librad de las malas gentes este Sayal

Sucedió en el Convento de San José de Avila en 1565, cuando la Madre Teresa, a petición de las monjas, opta por que la túnica interior sea jerga en vez de la de estameña: “le pidieron licencia para dexar las túnicas de estameña, que traían a raíz de las carnes, y vestirlas de xerga áspera, que le sirviese como de cilicio”. Túnica grosera, blanca y negra, la razón era para guardar la pobreza con mayor rigor y perfección. El temor era si dicho vestido de jerga criaría entre las costuras ciertos animalillos, “sabandijas”, de picaduras no graves, pero molestas y silenciosas: “la había mucho de estorbar la quietud de la oración”.

Y los bichitos criaron en las costuras de la túnica, molestando mucho a las monjas, las cuales, como afirma Isabel de Santo Domingo, un día, después de maitines, entre diez y once de la noche, hicieron una procesión presididas por un Cristo y velas encendidas, desde sus celdas al coro, donde la madre Teresa estaba en oración: “con nuestras túnicas, puestas, sin otra cosa”. Iban “cantando salmos e himnos y pidiendo a Nuestro Señor nos librase de aquella mala gente a quien temíamos…”.

La Madre Teresa había compuesto unas coplillas que, de rodillas, cantaron a coro las religiosas alternando con la Madre ante el Santísimo:

LA SANTA

Hijas, pues tomáis la cruz,

tened valor;

y a Jesús, que es vuestra luz,

pedid favor;

Él os será defensor

en trance tal.

 

Religiosas

Librad de la mala gente

este sayal.

 

Madre Teresa:

Inquieta este mal ganado

en oración,

y al ánimo mal fundado

en devoción.

Mas Dios en el corazón

tened igual.

 

Religiosas

Librad de la mala gente

este sayal.

 

Madre Teresa:

Pues vinisteis a morir,

no desmayéis;

y de gente tan cevil

no temeréis.

Remedio en Dios hallaréis

en tanto mal.

 

Religiosa

Pues nos dais vestido nuevo,

Rey celestial

librad de la mala gente

este sayal.

 

Y dice el cronista que “la poderosa Teresa lo tomó tan de veras, que no se levantó de donde estaba hasta que Cristo se lo concedió”.

Las religiosas, como recuerda Teresita, la sobrina de la Madre Teresa, se vieron libres de dicha compañía, “sintieron todas gran limpieza en el vestido”, no volviendo a verse un solo piojos: “Y nunca jamás criaron, ni vieron obre sí, ni en ropa alguna de las que usaban, semejantes sabandijas”.

Continúa contado el cronista que este privilegio se extendió a los demás conventos de religiosas fundados por la Madre Teresa y a los sujetos a la jurisdicción de la Orden, “y también a muchos devotos y devotas suyos de otras ordenes”, pero no a los frailes por ella fundada en 1556, que se sintieron atacados por los piojos, lo que llevo que María de San Fran cisco preguntase a la Madre Teresa por qué los Descalzos no gozaban del mismo privilegio, a lo que la Madre, irónicamente, contestó: “Calle, mi hija, que ellos son hombres”.

Cuando se funda el convento de Arena de San Pedro bajo la jurisdicción del Ordinario, las monjas se vieron sometidas a la persecución de los piojos hasta que decidieron pasarse a la jurisdicción de la Orden, viéndose desde entonces libres de tan nada gratos huéspedes. Cuenta el cronista que una monja del Convento de San Pablo de Toledo, muy devota de la lectura de los escritos de la madre Teresa y con deseo de ser monja descalza, cuando se enfriaban estos deseos gozaba del privilegio de no ser molestada por los piojos, cuando estos deseos se enfriaban era sometida a la tortura de los piojos, y así hasta que últimamente se descalzo y fue priora del convento de Ocaña”, se llamaba Juana de Jesús María. También recoge el caso de una novicia de Medina del Campo, Bernardina de Jesús, que mientras tuvo deseos de perfección no fue molestado por tan ingratos huéspedes, pero cuando “comenzó a tentarse”, fue perseguida por los piojos, y así hasta que la echaron del convento.

El cronista saca la siguiente conclusión que el privilegio suele faltar en los siguientes casos: Cuando el convento o una religiosa no vive en la obediencia de la Orden. Cuando no se sujetan a los dictámenes de los superiores. Cuando se descuida alguna cosa importante de la observancia común. Cuando se altera las constituciones y “modos de vida que la Santa asentó”, Cuando siendo novicia no se ha de profesar en la Orden.

Estas malas compañías, “animalejos”, son presentados por el cronista como fiscales y aguaciles de las faltas” para despertar la estima y las obligaciones de la Orden.

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