También Teresa escribió un evangelio

También Teresa escribió un evangelio

Escrito en: feb 12, 2015

Por el Padre Secundino Castro, OCD.

En vida de Teresa algunos hombres cultos dijeron que el Camino de Perfección parecía Sagrada Escritura. Efectivamente, no sólo parece Sagrada Escritura, es que es un pequeño Evangelio; porque su centro es Jesús (CV 26), del que se sacia el alma como el que bebe de una fuente (CV 42,5), y así resuena Juan, o de la sabiduría de un maravilloso maestro (CV 24,5) y ahí está Mateo o de una experiencia sorprendente de vida nueva (CV 37,1), nunca soñada, y ahí se halla Marcos o, finalmente, del mensaje de un misionero que arrebata y seduce (CV 6,9), y ahí brilla Lucas. (Aquí publicaré sólo algunos fragmentos de mi conferencia impartida en el Congreso Internacional celebrado en el CITES recientemente).

Cuando hablamos de que el Camino es un evangelio, queremos decir que tiene muchísimas vibraciones de estos libros. Se estructura a base de algunos elementos centrales de los mismos, y pone a Jesús como objeto de experiencia y de fe al estilo de dichos escritos, con aires de nueva alianza. Y aunque ella no narra la vida de Jesús, al situarlo como objeto de absorción, invita a sus carmelitas a conocer su vida y a pasar por su corazón todas sus vivencias (CV 26). El Camino subyuga con la inmersión plena en Jesús, a quien Teresa presenta como fuente que anega (CV 19,2) o amor que extasía (CV 19,8).

Aparte de que son bastantes las citas tanto explícitas como implícitas de esos escritos (se han llegado a contar 173), el libro se construye -posiblemente Teresa no tuvo conciencia refleja de esto-, sobre determinas estructuras de carácter estrictamente evangélico, en idioma, claro está, del siglo XVI, y extrañamente a veces también con modismos orientales. Los grandes pasos de los evangelios quedan reflejados en el Camino Teresiano. En la primera parte al evangelista que más se parece es a Mateo, en la segunda, es a Juan. Curiosamente ella no fundóla Comunidadal estilo de la de  los Hechos de los Apóstoles. Hoy los biblistas han descubierto que esta comunidad, contrariamente a lo que se ha pensado, no fue ideal, y sí muy problemática.

Su libro es un evangelio, un Camino de salvación, un pozo de Jacob con Jesús sentado en el dintel y sus carmelitas acercándose a beber, una fuente que produce un torrente, del que habla Jesús en la fiesta de los Tabernáculos (CV 19,2; 20,2; 42,5.), y un desgranar las peticiones del Padrenuestro (CV 27-42), donde su comunidad se siente sumergida en el Reino de Dios, que está entrando (C 30,5) o una escala secreta, -cada petición- por donde se alcanza la almena que sube al Padre, fin último del evangelio de Juan (Jn 20,17). Una espiritualidad evangélica, producto de experiencias del mismo nombre. Mientras Lutero  soñaba con reducir todo a la Biblia, Teresa en lo secreto, donde ve el Padre según Mateo (6,6), doblegaba la mística al evangelio. En su conventito de san José estos libritos cobraban nuevo lustre, de ellos nacía una comunidad, una pequeña luz, que presagiaba nuevos amaneceres parala Iglesiade Jesús. “Una estrella que diese de sí gran resplandor” (V 32,11).

Pero antes de nada debemos preguntarnos qué es un evangelio. No es fácil precisarlo, pero sí estamos seguros de que, entre otras cosas, es la narración de la vida de Cristo y su mensaje, graciosamente conjuntados a lo largo de un camino, Galilea, donde todo es pequeño, la tierra, las colinas, incluso el mar, bañado por la fragancia del Carmelo. Tenía razón Renán, el evangelio no podía haber nacido en otro lugar que en Galilea. También el Camino de Perfección no podía originarse en otro lugar, que en Castilla, la Galilea de Teresa. En Pablo evangelio es la palabra definitiva del Padre, hecha salvación y gracia. Así También la palabra de Teresa es siempre salvadora, liberadora (V 39,8). Evangelio también es o son: las Bienaventuranzas, María, Galilea, los Doce. O sea, la comunidad teresiana, pobre, sencilla, graciosa, alegre y con sabores místicos de Juan: la que según Teresa “en sólo Doce quiso Su Majestad fuésedes una” (C 8,2), que recuerda en vivo aquello otro de Jesús “Que todos sean uno” (Jn 17,21).

Sabor a evangelio es gratuidad, alegría, pequeñez, grupo. Amor universal y tierno. Porque evangelio es alborozo, fruto de una victoria. Teresa querrá para su comunidad como elemento central la alegría, y su nuevo Carmelo también será fruto de una victoria.

La palabra evangelio expresa bien el sentido del mensaje de Jesús, que empalmaría con algunos textos claves del A.T., sobre todo del Deuteroisaías y del salmo 96. Con acierto la Biblia Cantera-Iglesias  traduce esa palabra por “albricias”. Así lee Is 40, 9: “Súbete sobre una alta montaña albriciadora (evangelizadora) de Sión”. Palabras que podemos dirigir a Teresa, nueva albriciadora de Israel, que subida a la colina, Ávila, la más alta ciudad de Hispania, empapa de la bella noticia toda sus geografías.

Lucas, resume así la comunidad de Jesús: “No temas rebaño pequeñito, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino” (12,32). Teresa a lo largo del Camino dirigirá numerosos cantos al Padre (CV 3,8; 35,3-5), fundará una comunidad pequeñita (CV 8,2-3) y expresará gozosa el amor de Jesús por su grupo al modo de las mujeres del evangelio (CE 4,1). Y como a Jesús sus discípulos un día le piden que les enseñe a orar (Lc 11,1), así harán las primeras religiosas del Carmelo con Teresa. Y la Samaritana (CV 19,2), Marta (CV 17,5) y su hermana María (CV 22,9), la Magdalena (CV 40,3) y la Madre del Señor (CV 13,3) se convertirán en compañeras del Camino y el perfume de sus almas femeninas y enamoradas aromará los claustros de Teresa, que rememorarán el huerto del Cantar y el de la mañana de Pascua, adonde las mujeres correrán presurosas a proclamar que sólo Jesucristo merece ser adorado e idolatrado (Mt 28,1ss); o la Magdalena que intenta retenerle  (Jn 20,17) porque sin él no puede vivir. Que nos recuerda los diálogos de Teresa con el Padre intercediendo por Jesús para que no le permita entregarse tanto a nosotros, para terminar finalmente suplicándole que no nos le quite porque sin él dónde vamos a ir (CV 35,4).

Igual que en el evangelio también aquí habrá un Antiguo Testamento. Teresa aludirá a los Padres: “Acordémonos de nuestros Padres santos, pasados, ermitaños” (C 11,4). Quiere hacer algo nuevo, sin romper con los antepasados como Mateo y Juan. El Carmelo Antiguo y el Carmelo nuevo. Antiguo Testamento, Nuevo Testamento, pero su obra tendrá una novedad tal que nos recordará a Marcos y tal ímpetu apostólico que sentiremos que se dibuja en su Camino la elegancia y el ardor incontenible de Lucas.

Pero sobre todo, el Camino, como el evangelio, será el desborde de una presencia que lo invade todo y lo penetra todo (CV 7,10; 17,6ss), el Cristo resucitado, que desde esa luz sumerge a los suyos en todos lo recovecos de su aventura terrena (CV 26,4-8).

Pero también es un evangelio porque en línea con ellos añade nuevas perspectivas. Me estoy refiriendo sobre todo a aquella, que acabo de señalar, en la que Teresa suplica al Padre por Jesús para que le frene algo en su entrega desmedida a los hombres. Aunque enseguida se cohíbe y exclama:”Pues suplicaros que no esté con nosotros, no os lo osamos pedir” (CV 35,4). “¡Bendito sea el que nos “convida” que vamos a beber en su evangelio!” (CE 31,5). Esta frase del Camino del Escorial es todo un proyecto místico y la sensación de un poema bíblico. Para Teresa los evangelios son una fuente, un río de agua viva, donde se sacia el corazón (CV 21,4).

A ella le encantó y halagó oír un día que su Camino de Perfección, parecía Sagrada Escritura. Así se lo comunicaría alborozada a Diego de Yepes: “Algunos hombres graves dicen que parece Sagrada Escritura”.Espero que también hoy le alboroce que pensamos que es el ¡“Quinto Evangelio”!

 

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