Teresa de Jesús, mujer orante

Teresa de Jesús, mujer orante

Escrito en: mar 05, 2015

Otro día más compartimos, con motivo del próximo Día Internacional de la Mujer, un nuevo texto sobre Santa Teresa de Jesús, en este caso, en su lado religioso como mujer orante. Podéis leer los otros dos textos ya publicados, también escritos por Margarita Alcalde, en los siguientes enlaces:

Teresa de Jesús, mujer

Teresa de Jesús, mujer consciente, profunda

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“La puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración, no digo más mental que vocal, que como sea oración ha de ser con consideración; porque la que no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, no la llamo yo oración aunque mucho menee los labios”. Nos dice Teresa de Jesús en las Primeras Moradas.

Teresa de Jesús fue mujer de oración, y es maestra de oración.

Dios siempre enriquece el alma adonde llega. Y no está deseando otra cosa nuestro Dios sino comunicarse con nosotros. Le podemos hablar como a Padre, como a amigo, como a Señor, como a hermano, como a esposo… Él se hace a nuestra medida y nos habla con palabras que podemos entender. Pero esta relación de amor, este trato de amistad, necesita unas condiciones. La primera de todas: querer, desear, experimentar la sed. Y la sed, como el deseo, puede crecer o apagarse. Puede alentarse o sofocarse.

El Evangelio también nos habla de sed, de pozos, de agua… de Vida. La sed de la mujer junto al pozo de Samaria no se saciaba con solo agua. Era otra su necesidad. Su corazón anhelaba algo más. Como el mío, como el vuestro… la invitación es para TODOS. Venid y bebed. (Jn. 4, 6-15)

“Jesús, fatigado por la caminata, se sentó junto al pozo. Era cerca de mediodía. En esto, una mujer samaritana se acercó al pozo para sacar agua. Jesús le dijo: -Dame de beber. La samaritana dijo a Jesús: – ¿Cómo es que tú, siendo judío, te atreves a pedirme agua a mí, que soy samaritana? (Es de advertir que los judíos y los samaritanos no se trataban). Jesús le respondió: – Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, sin duda que tú misma me pedirías a mí y yo te daría agua viva. Contestó la mujer: -Señor, si ni siquiera tienes con qué sacar el agua, y el pozo es hondo, ¿cómo puedes darme “agua viva”? Nuestro padre Jacob nos dejó este pozo del que bebió él mismo, sus hijos y sus ganados. ¿Acaso te consideras mayor que él?. Jesús replicó: -Todo el que bebe de esta agua, volverá a tener sed; en cambio, el que beba del agua que yo quiero darle, nunca más volverá a tener sed. Porque el agua que yo quiero darle se convertirá en su interior en un manantial del que surge la vida eterna. Entonces la mujer exclamó: -Señor, dame de esa agua, así ya no tendré más sed”.

Si tenemos esta sed, si queremos beber de esta agua viva, sólo tenemos que bajar a beber en la fuente, que está en nuestro propio interior.

“Orar es tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.

Juntaos cabe este buen Maestro.

No os pido más que le miréis.

Representad al mismo Señor junto con Vos.

¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado?

Como nos ama, se hace a nuestra medida.

Sin Vos, ¿qué soy yo, Señor? Si no estoy junto a Vos, ¿qué valgo?

Nunca falta, es Amigo Verdadero.

Juntos andemos, Señor.

Para esto es la oración, de esto sirve recorrer este camino: para que nazcan siempre obras, obras”.

 

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