Teresa de Jesús, Testigo de Esperanza

Teresa de Jesús, Testigo de Esperanza

Escrito en: dic 18, 2014

El Adviento es tiempo de esperanza, es la llama que crece en nosotros en la espera, junto a María, de la llegada del Mesías.

Hoy celebramos esa “Esperanza”, una fiesta fundamental en la liturgia cristiana. La virtud de la esperanza y la advocación de María en su estado de “Expectación”. En un día tan señalado como hoy, recordamos este texto que ofrece el Centro de Iniciativas Pastorales de Espiritualidad sobre la relación de Santa Teresa de Jesús con la esperanza en Dios como virtud.

procesion esperanza

Procesión Extraordinaria de La Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, en Ávila, con motivo de los sesenta años de esta cofradía. La imagen titular visitó el lugar donde nació santa Teresa de Jesús hace casi cinco siglos

A Teresa le costó harto llegar a poner toda su esperanza en Dios. “Deseaba vivir, que bien entendía que no vivía, sino que peleaba con una sombra de muerte, y no había quien me diese vida, y no la podía yo tomar; y quien me la podía dar tenía razón de no socorrerme, pues tantas veces me había tornado a Sí y yo dejádole”. (Libro de la Vida 8,12).

Una de las amarra que más le impidieron el despliegue de su esperanza fue el miedo a la muerte, consecuencia de su salud quebradiza: “La muerte, a quién yo siempre temía mucho” (Libro de la Vida 38,5)

Otra traba a su esperanza era el apego a todo lo terreno, a la honra social y al amor humano.

Muy tarde descubrirá que todos los amigos son como “unos palillos de romero seco, y que asiéndose a ellos no hay seguridad, que en habiendo algún peso de contradicciones o murmuraciones se quiebran” (Relación 3,1); y que nada tiene consistencia definitiva en la vida si no se llega a la seguridad de que “Dios es fiel” (Vida 23,15); y que “La esperanza en El, es nuestra fortaleza” (Moradas III, 2,13); hasta la certeza de que “en El todo lo podemos” (Libro de la Vida 13,3).

Fue el Señor, quien salió en su búsqueda, se metió en su vida y alumbró definitivamente su esperanza:

“Muchas veces he pensado espantada de la gran bondad de Dios, y regalándose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia. Sea bendito por todo, que he visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno. Por ruines e imperfectas que fuesen mis obras, este Señor mío las iba mejorando y perfeccionando y dando valor, y los males y pecados luego los escondía. Aun en los ojos de quien los ha visto, permite Su Majestad se cieguen y los quita de su memoria. Dora las culpas. Hace que resplandezca una virtud que el mismo Señor pone en mí casi haciéndome fuerza para que la tenga” (Libro de la Vida 4,10).

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