Todos los mundos en una Argentina

Todos los mundos en una Argentina

Escrito en: nov 12, 2014

blog-9-1024x682Por Amaya Álvarez. Estoy en Santiago de Chile cuando me dispongo a escribir sobre Argentina.

Existe una diferencia muy grande cuando escribo sobre un país estando en él, o cuando como ahora, desde el siguiente escribo sobre el lugar del cual ya nos fuimos, mi grado de nostalgia se multiplica y es cuando temo ponerme sentimental de más.

Pero es inevitable para mí, pienso en Argentina y lo primero me da la sensación de que pasé allí semanas de todo lo que viví. Lo segundo ganas de volver. Y una inevitable sonrisa que esta a punto de dejar de serlo para convertirse en carcajada, recordando cuanto me he reído.

El programa en Argentina fue increíblemente variado, tengo que destacar la ceremonia de bienvenida, con música lírica, folclórica, títeres, el testimonio de uno de los descendientes de Agustín, el hermano de Santa Teresa aquí en las Américas. Todo ello barnizado de modernidad y actualidad, muy refrescante y a la vez muy profundo. Sin embargo esto no había hecho más que empezar, el programa continuó con la visita a distintos monasterios en la Capital, donde se nos recibió con imponentes orquestas y despliegues de flores, detalles como globos de helio que nos despedían. Realmente un recibimiento magno que nos dejó impactados. Pero aún quedaban sorpresas en esta visita, al trasladarnos a Altagracia, todo se volvió mucho más sencillo y humilde pero no carente de significación. Tuvimos la suerte de coincidir con la asamblea de la federación de monjas argentinas, que se reúnen una vez cada tres años y compartir momentos con representantes de muchos de los monasterios argentinos. Fue inolvidable. Todo esto y aún nos quedaba el plato fuerte de la visita, poder ir al monasterio de San José de Córdoba, el primero fundado al sur del Ecuador y que hoy está enclavado en medio de la ciudad con unas vistas únicas de la Catedral. Dentro pudimos admirar el museo con una parte del legado artístico que custodian las hermanas Carmelitas, que es magnífico. Después visitamos la escuela teresiana de Córdoba cuya historia merece un post completo, para finalizar con una misa Solemne en el Monasterio de San José. Una verdadera joya arquitectónica.

Y todo en tan sólo 4 días, en los que nos desperdiciamos ni un instante. Vimos tres Argentinas completamente diferentes, pero todas ellas forman una coherente y completa. Me encantó la experiencia.

Y me parece importante contar, aunque sea así, sin detalles, todo lo que vimos e hicimos. Todo lo que prepararon fue maravilloso pero… no es esto de lo que quiero hablar, y creo que se me nota, por qué me precipito para llegar al punto que quiero: lo que de verdad ha significado Argentina para mi.

De Argentina el mejor paisaje que me llevo son las personas que he conocido.

El Padre Pablo Ureta, Delegado Provincial de Argentina, nos concedió una entrevista en la cual para empezar ya nos pidió que fuera una charla en la que él también pudiera preguntar,  y que participásemos todos, el otro Pablo, nuestro realizador; Cristina, nuestra médica; y yo misma, eso ya debió darme una pista de por donde iban los tiros. Pero no fue sólo él, fue una cosa bastante general que me encontré al dialogar con bastantes personas. Voy a intentar resumir aquello que me trasmitieron, me temo que torpemente, por qué el concepto tiene lo mismo de simple y de complejo.

Ver a Dios en cada una de las personas, aprender de los más sencillos. Volver al pueblo y ver la verdad que hay en él. Sin obviar a los eruditos, pero estar con la gente, formar parte de la gente y ver en ellos la obra de Dios. Centrar la mirada en el prójimo.

He descubierto aquí muchas personas que tienen mucho más interés en escuchar y en aprender de la gente que en lo contrario, casi les tienes que arrancar las palabras. O no, realmente no, ya que el diálogo es fácil y fluido, pero no recibirás nunca doctrinas, sólo una conversación que se va enriqueciendo con las experiencias de cada uno. Hablando mucho más con las obras que con la voz. La fraternidad y la manera de saludarse unos a otros, la complicidad entre frailes y monjas. La colaboración entre unos y otros… son tantos los detalles que he podido percibir. Una unidad tan real, que eso es lo que me llevo.

Muchas veces cuando escribo hago pausas largas en las que miro al techo y pienso… hum… luego escribo otra frase y vuelvo a mirar al techo… hum… Es mi manera de tratar de concretar y traer a estas líneas todo aquello que flota en mi mente, entre recuerdos y sensaciones… son puntos suspensivos en mi discurso, y los siento como los “hum” en medio de un diálogo, muchas veces incluso los escribo y luego los borro, claro. Pero hoy, este texto me ha costado más que otros, he tenido infinidad de “hums”… y no me he dado cuenta hasta el final de lo que me querían decir. Puedo resumir mi visita a Argentina en tres “hums”:

Humildad, humanidad y humor.

Me siento agradecida.

Amaya

 

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