Un abrazo muy esperado

Un abrazo muy esperado

Escrito en: nov 13, 2014

blog10-1024x682Por Amaya Álvarez. Empiezo este blog rodeada de montañas imponentes. Los Andes se vuelcan hacia Santiago enmarcándola entre picos que al atardecer toman una tonalidad rosada que los vuelve un tanto irreales. Los edificios que se alzan por altos que sean quedan eclipsados por ese fondo inamovible. Me parece muy bonita Santiago, limpia, ordenada y moderna.

Al llegar, como siempre, fuimos maravillosamente recibidos, con lindos carteles y un aperitivo tan completo que lo confundimos con la cena. Luego nos fue imposible cenar, no nos podíamos creer que hubiera algo más.

Algo muy bonito de este viaje es convivir con las distintas idiosincrasias, aquí existe un respeto y delicadeza, un cuidado por los detalles que se siente diferente a otros países. Una sensación de orden y calma.  Y ellos me dicen “Somos más fríos ¿no?, más distantes ¿no crees?” No, no lo creo, son muchas las maneras de demostrar afecto y alegría.  Es cierto que mientras en algunos lugares personas se agolpan a nuestro alrededor y todo es algarabía y barullo, aquí, se espera el momento adecuado para presentarse, sin aglomeraciones. Pero la sensación de cercanía no es menor. Ni la atención tampoco.

Sin embargo, estoy dilatando mucho el contar el momento más especial que hemos vivido en Chile, y me parece injusto escoger un momento o lugar sobre otro, pero es que este ha sido enormemente significativo. La visita al Santuario de Auco, el encuentro entre la madre y la hija. Muchas veces hablamos de misas multitudinarias y ya pierdo la referencia, pero aquí, las personas se podían contar por cientos. Es enorme la devoción que se tiene por Teresa de los Andes, primera Santa Latinoamericana y Carmelita Descalza. Se ha vivido esta reunión como un día de enorme felicidad para el Carmelo. Como lo que queremos que sea este Camino de Luz, una celebración.

Y durante todo el día, desde los momentos orantes, la romería, hasta las eucaristías, las muestras de emoción han sido constantes. A cada celebración se han ido uniendo más y más personas.

Pero hubo un instante, al final de la tarde, en la culminación de la visita, que yo creo es en el que se concentra todo el sentido de este día y tal vez de este viaje.

A las 17:00 comenzó en la cripta un momento orante, la visita del Cardenal Ricardo Ezzati mezclado entre la gente como uno más lo volvió aún más especial. Los ramos de flores literalmente no cabían en el espacio que se había reservado para ellos, la estatua de Teresa de Ávila con el bastón a sus pies y a pocos metros la de Teresa de los Andes, junto a su sepulcro era la estampa que todos habíamos esperado, la reunión. La cripta estaba completamente llena, era difícil caminar por ella y se oía un murmullo constante, entre admiración y oración, yo trataba de moverme con la cámara de fotos a duras penas, intentando no molestar demasiado, pero captar el momento con la cámara. Me fui alejando buscando el lugar idóneo para fotografiar la multitud, dada la arquitectura de la cripta no era fácil encontrar un lugar con la altura suficiente para ver toda la escena. Me pilló de espaldas y un tanto alejada del centro de la celebración cuando se produjo un súbito silencio. De esos que te cortan un poco la respiración. Cuando me giré para ver que estaba pasando, parecía que por un segundo el tiempo se había detenido, nadie hablaba, nadie se movía. Consciente de que me estaba perdiendo “el momento” intente avanzar sin perturbar demasiado, y cuando llegué a ver lo que pasaba, habían colocado el bastón sobre el sepulcro. No hice la foto. Me quedé parada mirando y sólo reaccioné cuando se acercaron a recoger el bastón. Ya era tarde, ya no podía fotografiar el encuentro. De todas maneras me alegro, por que una imagen no hubiera podido captar lo que allí se vivió. Luego uno de los postulantes Chilenos me lo definió muy bien, mucho mejor que cualquier foto. Me dijo “¿Lo viste? El momento cuando Madre e hija se estaban abrazando, yo lo sentí así, como un abrazo bien fuerte, bien apapachado” Yo creo que eso fue lo que sintió la sala y por eso enmudecieron, para preservar la intimidad.

Me gusta mucho ver Camino de Luz como un encuentro, entre personas, entre culturas, entre la Santa a través del símbolo del bastón con sus hijas, aquellas que viven en clausura y aquellas que han seguido sus pasos de santidad.

Me gusta sentir, mientras avanzamos, que da igual el país, es mucho más lo que tenemos en común que lo que nos separa, que se queda en anécdota que casi siempre nos hace reír a carcajadas. Como esas palabras tan comunes en un lugar que tienen un significado completamente diferente en otro. Me gusta pensar que estoy colaborando un poquito con mis pasos a que nos sintamos un poquito más familia, un poquito más hermanos.

Desde aquí un abrazo bien apapachado, ¡seguimos en camino!

Amaya

 

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