Una dulce visita

Una dulce visita

Escrito en: oct 24, 2014

Camino-de-Luz-tarta-avion-a-RioDesde Sao Paulo a Rio solo hay 50 minutos de vuelo. Viajamos con una sensación festiva ya que fue el cumpleaños del Padre Antonio y los frailes brasileños nos trajeron una tarta; sin tiempo más que para soplar las velas salimos corriendo hacia el aeropuerto. Tras pasar los controles corrimos a embarcar. Y ya una vez en el avión pudimos disfrutar de la tarta. La sensación es un poco la de ser estrellas de rock, viviendo en la carretera, siempre con todo a cuestas.

Al llegar a Rio nos esperaba una comitiva con más de 20 personas. De nuevo le cantaron al Padre Antonio cumpleaños feliz, y luego le entregaron un pequeño obsequio. El recibimiento, y generosidad brasileña no tiene parangón. Se iba corriendo la voz de un lugar a otro y esa noche también tuvimos tarta. ¡Eso es un Camino de Azúcar!

También nos sorprendió que todos aquellos que vinieron al aeropuerto, después nos acompañaron hasta el convento de Sta. Teresinha de Rio de Janeiro, tocando el claxon a nuestra paso. Al llegar, sonaban las campanas y las manifestaciones de alegría fueron de lo más expresivas: al final estábamos todos riendo a carcajadas a causa del barullo.

Pocas horas después hubo una misa, quizás la más multitudinaria que hemos vivido en Brasil, junto a la de Sao Paulo, presidida por le Padre Fabio, párroco del convento Sta. Teresinha de Rio de Janeiro. Al acabar, hubo una representación muy significativa: una joven carioca caracterizada de Santa Teresa interpretó una adaptación del camino por las siete moradas, con una puesta en escena que jugaba con luces y flores y que finalizó con todos los fieles alrededor del altar dando gracias a Dios y con una lluvia de pétalos de rosa, que caían desde el techo. Después, estos pétalos los pasaban por el relicario donde descansa el bastón original de Santa Teresa y los guardaron como recuerdo de la celebración.

Cada día que pasa, nos vamos acostumbrando más a llevar la casa a cuestas: hacemos y deshacemos las maletas más rápido. Eso sí, siempre cuidando al máximo nuestro tesoro: el bastón de la Santa. Eso sí, cada vez se nos hacen más difíciles las despedidas. El otro día comentábamos en el equipo lo rápidamente que nacen los afectos con cada comunidad local, con los frailes y las monjas que nos acogen. Es una sensación ambivalente: por un lado, la ilusión por continuar, y por otro, la pena de dejar personas que durante unas horas o unos días nos han brindado lo mejor de sí. Los abrazos y despedidas cada vez duran más, cada vez nos giramos más veces agitando la mano mientras nos alejamos de lugares teresianos donde nos hicieron sentir en casa. Nos gusta mucho utilizar el término “familia” para definir la relación entre las distintas personas que forman parte de una manera u otra del Carmelo. Porque realmente eso es lo que son, y nos están acogiendo como un miembro más, con los brazos más que abiertos.

Como anécdota final, es imposible, literalmente imposible, salir de un Monasterio sin dulces, pastas, bizcochos, galletas y montones de obsequios. Nos preguntó un fraile si no iríamos a tener problemas con el sobrepeso. Sin duda, pero nos preocupa mucho más nuestro propio sobrepeso que el de las maletas.

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