Una singular perla en Europa

Una singular perla en Europa

Escrito en: abr 02, 2015

Por Amaya Álvarez

Acabamos de abandonar Croacia mientras escribo estas líneas y tengo ya una fuerte sensación de nostalgia.  Fueron sólo 4 días pero muy intensos, con un programa apretado y tan perfectamente organizado que no tuvimos ni un solo contratiempo. Voy a intentar explicar con unos ejemplos lo detallistas que fueron. Nada más aterrizar nos esperaba un corazón croata,  una pequeña figura de cerámica, y significó un preámbulo de lo que iba a suceder después: que verdaderamente nos abrieron sus corazones.

Más tarde,  ya en la furgoneta, nos ofrecieron traductores, y tengo que confesar que al principio no estaba segura para que  servían, pero el Padre Drazen, con su perfecto español, nos fue traduciendo de manera simultánea todo lo que sucedía. Cuando ya has pasado por tantos países en los que no entiendes el idioma, te acostumbras a estar un poco fuera de las conversaciones, observas pero te quedas con la sensación de haberte perdido un poco y no poder compartir la totalidad de lo que sucede. El Padre Drazen no iba a permitir esa situación y, llevaba siempre un micrófono conectado a nuestros pinganillos. Este aparato permitía que, aunque estuviese lejos, llegase a nuestros oídos todo lo que pasaba. Fue estupendo. Pero hay más. En cada una de las peregrinaciones a pie, no sólo nos escoltaba la policía si no que un grupo de voluntarios con chalecos reflectantes cuidaba del resto de los peregrinos, muchos de ellos muy jóvenes.Hasta el último detalle estaba cuidado.

La característica principal que hemos visto en el Carmelo en Croacia es la vitalidad. Es una provincia muy joven, pero goza de muchísimas vocaciones y una fuerza contagiosa increíble.  Yo tenía una idea de la vieja Europa, sabia, cuna y origen. Pero con una edad media ya alta y menos vocaciones que otros lugares. No esperaba, para nada, encontrarme una juventud tan implicada. Un corazón latiendo con tanta impaciencia, con tantas ganas de crecer. Y haciéndolo de manera tan inteligente y actual.

Eso es otra cosa que me ha impresionado de Croacia, que está en un enclave geográfico que mezcla el mediterráneo y culturas más germánicas. Esto da como resultado, a mi parecer, que se han quedado con lo mejor de ambas culturas: una calidez humana muy grande y una capacidad de orden y organización maravillosa, también muestran un fuerte respeto por los demás. La guerra en Croacia es muy reciente, nos hablaron de muchos cambios profundos muy necesarios para evolucionar en todos los aspectos. Sin embargo, a ojos de esta extranjera que ha pasado tan sólo 4 días por allí; y que habla sólo de percepciones, sin un conocimiento profundo de la realidad, Croacia me ha sorprendido socialemente en el mejor de los sentidos. La siento sana, alegre, fuerte y vital.

Pero hay mucho más que contar. La llegada del Bastón coincidió con la estancia allí del Pie de Santa Teresa, que reposa normalmente en La Scala de Roma. Pie y Bastón volvieron a compartir camino en este país y me parece providencial porque tengo la certeza de que Croacia va a escribir multitud de capítulos maravillosos en el libro de la historia universal del Carmelo.

Por otra parte, también se organizó una audiencia privada con la recién estrenada presidenta del país, Kolinda Grabar-Kitarović. Emocionada recibió el bastón en su residencia donde ella apenas habló, lo que quería era escuchar nuestras experiencias y, para ello, nos preguntó muy interesada y, finalmente, agradeció nuestros testimonios.

Pero aún hay mucho más, y es que pocas veces cuatro días dan para tanto. Se organizaron varias vigilias, en las cuales se sucedían músicos, actores, teatro y poesía. Arpas, violines, pianos y voces, todos se unían en una sola celebración.  Las iglesias estaban abarrotadas, no cabía nadie más y una multitud de personas se quedaban fuera. Pero la elevada afluencia estaba prevista e instalaron unas pantallas gigantes con altavoces en el exterior. Ni un detalle se les escapó.

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El último día nos esperaba un acto final en pleno centro de Zagreb,  se organizó un flashmob con muchos jóvenes, es decir un baile que parece que surge espontáneamente y al que se van uniendo más y más personas. Cuando esto sucedió y ya todos estaban agrupados, cantaron “Mira que te mira”. Este tema ha sido sin duda la banda sonora de nuestro paso por allí y lo hemos aprendido a cantar en “perfecto croata”. Mientras coreaban en medio del baile, todos señalaban a una pantalla gigante en lo alto de un edificio en la que se proyectaba en ese instante la imagen de Jesucristo, en el momento que decían “Mírale”.

Sin palabras. No sólo por el despliegue de medios, si no por la alegría, ¡lo felices que estaban todos! Niños, adolescentes, jóvenes… Los padres y abuelos presentes en el público acabaron uniéndose a la fiesta y los transeúntes ya se confundían con los que estábamos allí.

Me acabo de dar cuenta que ya llevo mucho texto escrito y aún no he contado un encuentro muy significativo para mi… Creo que le voy a dedicar otro post. Gracias a todos, Croacia ya es también un poquito mi patria. ¡Gracias a vosotros también por leerme!

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