Y entonces llegó el camino de luz

Y entonces llegó el camino de luz

Escrito en: dic 24, 2014

Bajawaperegrinacion262-1024x682Por Amaya Álvarez.

Nos encontramos en Bajawa, Indonesia, un pueblito de algo más de 5000 habitantes en medio de la Isla de Flores enclavado entre volcanes extintos y lleno, repleto a rebosar de sonrisas.

Desde el primer momento, cuando aterrizas con un avión de hélices en una pista que acaba en una playa, con gallinas correteando, te sientes en otro mundo.

A varias horas en coche de ese pequeño aeropuerto, se encuentra Bajawa, el camino es una sucesión de vegetación, palmeras y bambú. La isla está aún tremendamente virgen. Ningún resort turístico, ningún edificio.

Dentro de un país predominantemente musulmán, Isla flores es una excepción mayoritariamente católica y, concretamente aquí, en Bajawa, hay muchísima presencia Carmelita.

Pero volviendo al tema de las sonrisas, es literalmente imposible caminar por la calle sin que todo el mundo alce una mano y te salude, aunque sea desde muy lejos, aunque tu vayas en moto o en coche, niños y mayores sonríen y saludan. Los más pequeños, escondiendo la cara entre sus manos por la vergüenza, se acercan y te dicen: “Hello mister, what´s your name?”. Cuando les contestas, se mueren de risa.

El primer día, el día de nuestra llegada, una comitiva nos esperaba, con varios cientos de personas y música tradicional, un desfile con bailes y feligreses nos acompañó hasta la Parroquia de San José. Muy colorido y alegre, todo el pueblo salía a nuestro paso. Una vez allí, hubo un momento orante y una posterior misa en la que nos presentaron a cada uno de los miembros del equipo.

Pues bien, después de ese primer momento, es de lo más común que mientras paseo por el pueblo me saluden ya por mi nombre. Se acerca todo el mundo a darme la mano y a mezclar su inglés con mis tres palabras en Indonesio, tres, literalmente. Curiosidad y alegría expresada con total transparencia.

Se vive una inocencia, una pureza de mirada casi desconocida para quien a crecido en una gran ciudad al otro lado del planeta. Podría pasarme horas hablando de la gente de Bajawa, por cierto, obsesionados con alimentarnos hasta el punto de tener que cenar varias veces para no generar decepción o descontento. Sin embargo, voy a ir por otro lado.

Muchas veces me preguntan qué es lo más impactante que he vivido hasta ahora en esta peregrinación. Un momento a destacar. No me gusta esa pregunta ya que considero que han existido tantos momentos tan especiales e incomparables unos con otros, que no es posible responder. Claro que podemos hablar de la visita a Auco, pero también el desayuno en el locutorio de las monjas de Porto Alegre, viendo vídeos y contándonos cosas de la vida, por poner un ejemplo.

Yo no sé medir momentos. Y entiendo la pregunta, lo más espectacular o llamativo, lo peculiar, pero… A veces algo muy diminuto te genera mucho más que un sin fin de fuegos artificiales. La manera en que una madre te mira con toda la sabiduría del mundo en sus ojos, te coge la mano y te da unos golpecitos llenos de cariño, ánimo y aprobación, conecta con tu espíritu, y te da lo que necesitas en ese momento. Pues no es muy llamativo. Pero es un gran momento. Aunque intuyo que no es la respuesta que querría un periodista.

Sin embargo hoy, aquí, hemos vivido uno de esos momentos que sabes que no olvidarás de por vida, y que le contaré a todos los reporteros a partir de ahora. De esos grandiosos que despliegan un espectáculo increíble ante tus ojos y que casi casi te tienes que frotar, y que sabes que, muy difícilmente, volverás a ver algo igual. Y que, por supuesto, es imposible captar con la cámara por más que disparase en todas direcciones.

¿Por dónde empezar?

Hoy hubo en Bajawa una gran misa, todo el mundo trajo bastones para que fueran bendecidos, la parroquia estaba llena. Con sillas de plástico y banquetas de madera, el coro abierto al público y lleno, calculo que debieron congregarse unas 3000 personas. Hermosa ceremonia con una coral de más de 50 jóvenes. Durante la misa comenzó a llover increíblemente, litros y litros de agua caían del cielo, estábamos preocupados ya que a continuación de la misa había una procesión y habíamos visto desde la mañana a muchísima gente preparando el camino.

Nos preguntamos que hacer, pero no hizo falta hacer nada. Para cuando la misa acabó el cielo se había aplacado e incluso se podía ver alguna estrella. Comenzó la peregrinación. Aquí tengo que hacer un inciso, muchas veces aunque conozcamos el programa muchas cosas siempre nos pillan por sorpresa, es decir, empiezan a suceder a nuestro alrededor y, por un instante, no sabemos si ir a la izquierda o la derecha, siempre hay alguna mano amable que nos dirige. Pero ante esta marabunta de personas moviéndose y yo intentando fotografiar, me perdí entre la gente. Y fue maravilloso por que nade me pudo prevenir de lo que estaba a punto de ver. En todo el pueblo había un camino creado con velas, miles de velas, no exagero, kilómetros de velas. Todos los asistentes a la misa, más cientos de personas que esperaban en el camino se unieron con más velas aún. Nos convertimos en un río de luz que avanzaba entre esas guías de velas y banderas de colores. Todo el camino, más de 4 horas de camino y todo ello mágicamente iluminado, cada pocos metros había un pequeño altar casero y detrás siempre familias y niños que lo mostraban orgullosos. Me subí a lo más alto que pude, pero con toda la oscuridad y sólo los puntitos tintineantes fue imposible hacer una foto, movida, oscura, o sencillamente no se entendía que eran esos puntitos. Así que dejé la cámara de un lado y me dedique por un instante a disfrutar del espectáculo.

El aire limpio y húmedo por la lluvia, el olor a vegetación, la noche en silencio absoluto salvo por el murmullo de la gente orando y todas esas velas indicando el camino. Indescriptible. Miles de personas acompañaron al bastón, se recorrió todo el pueblo y parte de la montaña. Acabamos en la parroquia del Convento de San José muy entrada la noche. Fue increíble y maravilloso y sólo os puedo remitir al vídeo de Indonesia, a ver si Pablo fue capaz de captar un poquito mejor que yo, la magia y belleza de esa procesión de luz en la noche indonesia.

Terima Kasih, Bajawa.

 

Facebook